Los lunes de Pablo Manuel Iglesias Turrión no son como los de los demás humanos. Mientras nosotros intentamos que pasen cuando antes, pasando desapercibidos, sin tomar decisiones importantes, mirando de reojo el teléfono para evitar llamadas y con ellas marrones laborales, él se grabó un vídeo de demasiados minutos para explicarnos, sosegado y susurrante, que ha tenido un sueño.

Pero su sueño no es presidir la Comunidad de Madrid, sino volver a salvarnos a todos y evitar que cojamos la papeleta equivocada el 4 de mayo. Es un Mesías que ha venido dos veces. Es C Tangana, ahora El Madrileño, pero sin chándal. Es Súper Pablo.

Anoche se presentó en el plató de El Intermedio con una chaqueta esta vez pequeña, una coleta doblada y altísima, un poco como Juncal Rivero, un poco como Doña Ana, madre de Isabel Pantoja. Las cuerdas vocales más desgastadas que otras veces y el ceño fruncido.

Desempeñó el papel que le gusta de verdad, que es el de la oposición en voz baja, algo pasivo-agresiva. Ha decidido inmolarse, sacrificarse por nosotros, aunque lo vista de "estoy en el sitio en el que me toca estar". Una imagina a Sánchez, sentado es su sillón con orejeras, viendo la entrevista, degustando un whisky con anacardos y diciéndose a sí mismo: "Otra vez que salgo ganando. Y van…".

Iglesias, candidato "si lo quieren los suscritos", tardó poco en desplegar las alas. Como buen pavo real con zarcillos. Tranquilos todos, que llegó papi. He venido a neutralizar a Ayuso y a "la señora ésta de Vox". No mientas, Pablo. Tú lo que quieres es vengarte como Íñigo Montoya, de otro Íñigo, Errejón.

Con Iglesias pasan cosas curiosas. Es un hombre con buena oratoria, discursos más armados que la media y una exquisita mala leche. Pero ay, la displicencia. Ay, la soberbia. Ay, que Pablo nos tiene que explicar las cosas. Y cuando habla de sus compañeras de partido, de vida o de izquierdas, les quita el apellido. Son Mónica, Irene, Ione, Yolanda… Todas cabezonas, todas hacedoras de "sanos dolores de cabeza" al socialismo. Son los ángeles de Pablo y él, lo jura por lo más sagrado, es una más. Mentira.

Con Isabel Díaz Ayuso comparte día de cumpleaños, pero también esa actitud, tan mesiánica como irritante, de que se pasan las horas pensando en lo mejor para nosotros. No pueden parar de velar por sus ciudadanos, libres e iguales, comunistas, socialistas pero madrileños todos. Ay, señores, qué cansancio.

Estaba Iglesias para pocas bromas. Quizá debía haber escogido otro programa para hacer su primera aparición tras los ocho minutos de vídeo. Le descolocó la pregunta inicial de Wyoming. "¿Es cierto que te vas a presentar a Miss, digo… Míster Universo?". Pero vamos a ver, Sergio, que yo he venido a hablar de ultraderecha, de partidos corruptos, criminales… qué demonios de arranque es éste.

Fue sincero el rostro de póquer al escuchar una broma con el candidato del PSOE, Ángel Gabilondo. Intentó ser majo al final, cuando ya sabía que estaba a escasos segundos de quitarse el micrófono y largarse a casa a descansar la melena. "Me presento porque no te presentas tú", le dijo al presentador del programa.

Qué larga se nos presenta la primavera.