Mucho se ha hablado en las últimas semanas de los tinnitus -también llamados acúfenos, pitidos o ruidos en los oídos- como una posible secuela de la COVID-19. Sin embargo, hoy en día, no está demostrado científicamente.

"Actualmente no hay evidencia firme sobre una mayor incidencia de trastornos del oído interno en forma de tinnitus, hipoacusia neurosensorial, vértigo o inestabilidad asociados a cualquier cepa de SARS-CoV-2", afirma a la Sexta.com la Dra. Paula Sánchez, vocal de la comisión de audiología de la Sociedad Española de Otorrinolaringología y Cirugía de Cabeza y Cuello (SEORL-CCC) y facultativo especialista de ORL del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA).

Es cierto que a finales de octubre de 2021, el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) junto con el hospital Massachusetts Eye and Ear publicó un estudio que aseguraba que el SARS-CoV-2 (virus que provoca el COVID-19) podría infectar a las células del oído interno. Además, los investigadores extrapolaron los datos a una muestra de 10 pacientes, los cuales dijeron haber tenido algún problema auditivo, unas tres semanas después de haber pasado la infección por COVID-19.

"El estudio está en una fase preliminar, preclínica o de laboratorio y lo que han demostrado in vitro, es que el virus SARS-CoV-2 podría tener los mecanismos necesarios para infectar las células ciliadas del oído interno", explica la doctora Sánchez. Algo que también ocurre con otros virus respiratorios (tal como como también aclara este estudio).

Así, es importante explicar, indica la experta que "las infecciones virales por miembros de la familia Herpesviridae, como el citomegalovirus o el virus varicela zoster, o de la familia Paramyxoviridae, como el virus parainfluenza o el del sarampión, se relacionan con ciertas afecciones del oído interno que pueden llevar a hipoacusia, tinnitus o alteraciones del equilibrio, a través de diversos mecanismos. Es decir, el SARS-CoV-2 podría causar esto como cualquier otra infección viral. Entonces hablamos de un proceso objetivo y concreto que precisa para diagnosticarse de una serie de pruebas como por ejemplo una audiometría tonal y otras pruebas como el VHIT y/o los VEMPS".

Poca evidencia sobre tinnitus y COVID

En las consultas de otorrinolaringología, según cuenta la doctora, no se ha evidenciado aún un aumento de problemas auditivos (como tinnitus o pérdida de audición) o vestibulares (mareos, vértigos o inestabilidad) a raíz de la COVID-19.

Es cierto que en noviembre de 2020 -aún no existían las vacunas contra el COVID- se publicó un estudio británico que mostraba que el 40% de los pacientes estudiados experimentaron un empeoramiento de sus tinnitus previos y algunos lo sufrían por primera vez, pero también que “un 54% no tuvo cambio y que un 6% incluso mejoró".

Ya en aquel momento los otorrinos consultados por la Sexta manifestaban la importancia de estudiarlos (aún había poca investigación) porque estos problemas podían deberse "a efectos del insomnio que provocan los confinamientos" o a las preocupaciones de la pandemia o bien que se tratarse de "las secuelas de algunas medicinas para paliar el COVID-19, como algunos antivirales".

"Actualmente hay poca evidencia que relacione de forma directa el coronavirus con el desarrollo de un tinnitus como comentamos antes", refiera la doctora Sánchez. Realmente, explica que estos datos de 2020 "no son nada nuevo: sabemos que el control cortical, de nuestro cerebro, modula la percepción de este tinnitus. Es decir, existen condiciones en el propio individuo que le hacen susceptible al tinnitus como puede ser el estrés emocional pero también el estrés físico como puede ser una enfermedad importante o incluso un dolor físico intenso. Por este motivo las consecuencias emocionales que puede tener la pandemia o la infección por el SARS CoV2 son importantes en la percepción del tinnitus por parte del paciente".

En definitiva, concluye la doctora que "la prevalencia real de los síntomas de tinnitus, hipoacusia subjetiva o vértigo en pacientes que han sufrido la infección por SARS-CoV-2 aún es desconocida, pues requiere de grandes estudios poblacionales, pero a título personal no estamos viendo este problema en nuestra práctica clínica", afirma. Y "en el caso de que existiera la aparición de tinnitus, hipoacusia o alteraciones del equilibrio en pacientes con infección por SARS-CoV-2 debemos comprender que la causa de su aparición sigue siendo presumiblemente heterogénea en el mecanismo y en la gravedad, de igual manera que ocurre en la población general".

Por último, hay que destacar que los síntomas audiovestibulares son problemas frecuentes en la población. "El 8% de la población tiene problemas auditivos, de distinto tipo y grado, alcanzando al 80% de la población por encima de los 75 años” y “el vértigo o las alteraciones del equilibrio suponen alrededor del 30% de las consultas demandadas habitualmente a los otorrinolaringológos", finaliza la doctora.