¿POR QUÉ?

Buscar tus síntomas en Google puede hacerte sentir peor

El problema no es consultar información, sino no saber filtrarla.

Los síntomas de la covid persistente se mantienen hasta dos años después de la infección

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Todos hemos caído alguna vez en la tentación: notas un pinchazo raro, una tos que no se va o un dolor que no sabes explicar… y acabas escribiendo en Google lo primero que se te pasa por la cabeza. Lo que empieza siendo un intento de tranquilizarte termina, casi siempre, en un viaje exprés hacia el peor escenario posible. Buscas “dolor en el costado” y en dos clics ya estás leyendo sobre enfermedades que ni sabías que existían. Resultado: sales más preocupado que cuando entraste.

Esto pasa porque internet no está pensado para calmarnos, sino para darnos respuestas rápidas… aunque no sean las mejores. Y claro, cuando mezclas esa avalancha de información con la ansiedad de "no saber qué me pasa", el cerebro entra en bucle. Cuanto más lees, más te inquietas; cuanto más te inquietas, más buscas. Un círculo vicioso perfecto.

El problema no es consultar información, sino no saber filtrarla. La mayoría no distingue una fuente médica fiable de un blog sensacionalista, y los algoritmos suelen empujar justo lo que más asusta. Por eso un síntoma leve puede parecer una tragedia médica en cuestión de segundos.

La mejor solución es simple: usar internet con cabeza y recordar que Google no es tu médico. Ante dudas que te quitan el sueño, nada como acudir a un profesional. Y si vas a buscar, al menos hazlo sin entrar en modo pánico. Tu salud mental —y tus noches— te lo agradecerán.

Además, hay un factor del que se habla poco: el impacto acumulativo que estas búsquedas tienen en nuestra percepción de la salud. Cuando cada molestia se convierte en una posible catástrofe, acabamos viviendo en alerta constante. Esa hipervigilancia no solo desgasta, sino que puede intensificar síntomas reales. El estrés, por ejemplo, es perfectamente capaz de provocar dolores musculares, problemas digestivos o palpitaciones. Y así, lo que empezó como una duda puntual termina alimentando el mismo malestar que intentábamos descartar.

También conviene recordar que internet tiende a mostrar los casos más llamativos, no los más frecuentes. Las historias extremas generan más clics que los diagnósticos leves y comunes. Sin contexto, es fácil perder la perspectiva: lo raro parece habitual y lo grave, probable. Por eso, antes de dejarse arrastrar por la espiral, quizá la pregunta más útil no sea "¿y si es algo terrible?", sino "¿qué es lo más probable?". A veces, ese simple cambio de enfoque marca la diferencia entre una noche en vela y un descanso tranquilo.

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