NUEVA INVESTIGACIÓN

Uso de pantallas y desarrollo del lenguaje en menores: los culpables no son ellos

Un estudio sigue durante 3 años a los menores y descubre que la culpa no es de ellos, sino de nosotros, los padres.

Una madre con el móvil mientras pasea con su hijo

Una madre con el móvil mientras pasea con su hijo Shutterstock

Publicidad

Hay una escena que probablemente se repite millones de veces cada día. Un niño habla. Cuenta algo que le ha ocurrido. Hace una pregunta. Intenta explicar una historia. Y, delante de él, un adulto mira el teléfono. No necesariamente durante mucho tiempo, apenas unos segundos pare ver por encima un mensaje o una fotografía. Pero la lección que queda es que, durante ese momento, la conversación puede esperar.

Un nuevo estudio publicado en JAMA Pediatrics sugiere que este tipo de relación entre las pantallas y el entorno familiar podría importar más para el desarrollo del lenguaje de lo que indican las simples cifras de horas de pantalla.

Los autores, liderados por Monica Melby-Lervå, siguieron durante tres años a 747 niños noruegos (360 niñas y 387 niños), desde aproximadamente los 5 hasta los 7 años, y analizaron tanto el uso de dispositivos por parte de los menores como el de sus padres. El resultado más llamativo no fue que los niños que pasaban más tiempo frente a una pantalla desarrollaran necesariamente peor lenguaje.

De hecho, la mayoría de los indicadores de uso de pantallas no se asociaron con una evolución más lenta del lenguaje. La excepción fue cuando intervenía el teléfono de los adultos: el uso que padres y madres le daban a sus propios móviles importaba más que el tiempo de pantalla del niño

El equipo de Melby-Lervå utilizó diferentes medidas para llegar a estos resultados: cuánto tiempo pasaban los niños frente a las pantallas, si tenían su propio dispositivo, cuánto utilizaban las redes sociales sus madres y padres y cuánto tiempo pasaba el progenitor principal utilizando el smartphone.

Después evaluaron anualmente dos aspectos del lenguaje: el vocabulario receptivo, es decir, la capacidad para comprender palabras, y la gramática receptiva, la capacidad para comprender estructuras gramaticales. Las pruebas fueron realizadas por asistentes entrenados y no dependieron únicamente de la percepción de los padres. El resultado fue bastante específico.

Por cada hora adicional diaria de uso del smartphone por parte del progenitor principal, los niños mostraban una reducción de 0,42 puntos en el crecimiento anual de la puntuación de vocabulario receptivo. La asociación se mantuvo después de tener en cuenta factores como la educación de los padres y los ingresos familiares. Esto, básicamente significa que, a final de año, la reducción por uso de móviles de los padres, provocaba una reducción de casi el 10% en el vocabulario de sus hijos.

Detalle importante: esto no significa que una hora de móvil convierta automáticamente a un niño en peor hablante. Este es un estudio observacional. Detecta una asociación, no demuestra que el smartphone sea la causa directa. Pero plantea una pregunta mucho más interesante que la habitual sobre cuánto tiempo puede mirar mi hijo una pantalla y se centra en otra: ¿Qué ocurre con las conversaciones que dejamos de tener con ellos mientras miramos nuestra pantalla?

Para los adultos, una mirada al teléfono puede parecer insignificante, pero si esas interrupciones se repiten muchas veces durante el día pueden reducir las oportunidades de interacción sensible y receptiva entre adultos y niños. Y el lenguaje no se construye únicamente escuchando palabras.

Pero lo más importante está en lo que el estudio no encontró. Los resultados no mostraron una relación significativa entre el tiempo total de pantalla de los niños y un crecimiento más lento del vocabulario o la gramática. Tampoco encontraron una asociación significativa entre el uso de redes sociales de madres o padres y la evolución del lenguaje infantil. La relación apareció específicamente con el tiempo total que el progenitor principal pasaba utilizando su smartphone.

No es lo mismo que un niño vea durante media hora un contenido educativo acompañado por uno de sus padres que permanecer media hora solo frente a un dispositivo.

La investigación sobre pantallas y lenguaje lleva años ofreciendo resultados contradictorios. Algunas revisiones han encontrado asociaciones negativas entre una mayor cantidad de pantalla y las habilidades lingüísticas, mientras que otras han observado efectos positivos cuando el contenido es educativo o cuando los padres comparten la experiencia con sus hijos.

El nuevo estudio intenta superar parte de ese problema siguiendo a los mismos niños durante tres años y teniendo en cuenta cómo era su lenguaje al principio. Y deja una conclusión bastante más incómoda que una simple recomendación de limitar el tiempo de pantalla: quizá el problema no sea únicamente lo que los niños hacen con las pantallas, sino lo que los adultos dejan de hacer con ellos mientras miran las suyas.

TecnoXplora » CienciaXplora

Publicidad