POSTPARTO EN HOMBRES
Primer estudio sobre la muerte en hombres tras el nacimiento de sus hijos
"Nuestros datos muestran que los padres mueren con frecuencia en los primeros años de vida de sus hijos. Nadie lo investiga, pero el 60% son por causas prevenibles", explican los expertos.

Publicidad
Durante décadas, la salud alrededor del embarazo, el parto y la etapa posterior, se ha contado casi siempre en femenino. La mortalidad materna ha ocupado, con razón, titulares, políticas públicas y sistemas de vigilancia. Pero hay otra historia, mucho menos visible, que empieza a emerger con datos: la de los padres que mueren en los primeros años de vida de sus hijos. Y lo inquietante no es solo que ocurra, sino que, en gran medida, podría evitarse.
Un nuevo estudio liderado por expertos de la Universidad Northwestern, publicado en la revista JAMA Pediatrics, pone cifras a ese vacío. Los autores, liderados por Craig Garfield, analizaron más de 130.000 nacimientos en 2017 y siguieron la trayectoria de los padres durante los cinco años posteriores. El resultado es tan claro como incómodo: 796 padres murieron en ese periodo. Y aproximadamente el 60% de esas muertes fueron por causas prevenibles.
No hablamos de enfermedades raras ni de procesos inevitables. Hablamos de homicidios, accidentes, suicidios y sobredosis. Es decir, de factores profundamente ligados a lo social, al entorno, a la vulnerabilidad.
"Nuestros datos muestran que los padres mueren con frecuencia en los primeros años de vida de sus hijos, y no tenemos sistemas para entender cómo podríamos prevenirlo – explica Garfield en un comunicado -. Es un enorme punto ciego".
El estudio introduce una idea que, en realidad, ya conocíamos por estudios previos sobre mortalidad materna: el riesgo en esta etapa de la vida no depende únicamente de la biología. Está atravesado por condiciones sociales, económicas y culturales. Por ejemplo, algunos estudios señalan que más del 60% de las muertes maternas ocurren en el periodo posparto, especialmente en las primeras semanas. En el caso de los padres, esas condiciones parecen actuar con especial crudeza. Las muertes no naturales son más frecuentes entre los más jóvenes, y factores como vivir en zonas rurales, no estar casado o depender de programas públicos de salud se asocian a un mayor riesgo.
En los últimos años, incluso dentro de la mortalidad materna, se está ampliando la definición y las etapas incluidas. Cada vez más estudios incluyen no solo las muertes directamente obstétricas, sino también suicidios o causas indirectas en el año posterior al parto, precisamente porque el contexto social pesa tanto como el biológico. Ahí es donde ambos mundos (el de madres y padres) empiezan a tocarse. Y comienzan a justificarse estudios como el del equipo de Garfield.
Sin embargo, hay una paradoja que atraviesa todo el trabajo. A pesar de este exceso de mortalidad por causas evitables, ser padre parece, en términos generales, un factor protector. Cuando el estudio comparó hombres con hijos y sin ellos, los padres presentan tasas de mortalidad más bajas a partir de los 20 años. En el grupo de 30 a 34 años, por ejemplo, la diferencia es notable: 120 muertes por cada 100.000 hombres entre los padres frente a 231 entre quienes no lo son.
"Nos sorprendió ver esta reducción de la mortalidad en hombres que son padres", añade Garfield. La explicación no está del todo clara. Puede tener que ver con cambios en el estilo de vida, con una mayor sensación de propósito o con la asunción de nuevas responsabilidades. Pero, como subraya Garfield, es una hipótesis que todavía necesita ser explorada.
El origen de la investigación no está en un laboratorio, sino en una observación clínica repetida. Los autores, todos ellos pediatras, describen situaciones en las que madres en unidades neonatales afrontan la muerte de sus parejas por causas súbitas: un tiroteo, un accidente de tráfico, una sobredosis. "En mi experiencia, eso ocurre más a menudo que la muerte de las madres - concluye Garfield -. Y, sin embargo, apenas existían estudios que analizaran de forma sistemática lo que sucede con los padres en ese mismo periodo".
El impacto de esta ausencia va más allá de la estadística. La muerte de un progenitor en los primeros años de vida tiene consecuencias profundas en el desarrollo del niño, en su salud y en la estabilidad familiar.
Lo que este estudio plantea, en el fondo, es una ampliación del foco. Si entendemos la llegada de una nueva vida como un momento crítico en una familia, no basta con mirar en una sola dirección. La vulnerabilidad no distingue entre roles, y las oportunidades de prevención tampoco deberían hacerlo.
La pregunta que queda abierta no es solo por qué mueren estos padres, sino por qué no los estamos mirando. Porque cuando una estadística tarda tanto en identificarse no suele ser por falta de datos, sino por falta de atención. Y eso, tanto en ciencia como en la vida, tiene consecuencias.
Publicidad






