¿MILAGRO O CIENCIA?

Una mujer sobrevive 6 horas en el mar y un hombre aguanta 11 días perdido en el océano encima de un frigorífico, ¿cómo ha sido posible?

Repasamos los factores que han influido en la resistencia del cuerpo humano ante estas situaciones límite.

Hombre nadando en el mar

Hombre nadando en el mar Sarah Labuda para Unsplash

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Desde luego hay veces que la realidad supera la ficción y este verano ha habido varios casos, casi milagrosos de supervivencia durante varias horas en el mar, que nos hacen preguntarnos cómo ha sido posible. En primer lugar recordamos el caso de una mujer de 32 años que sobrevivió más de 5 horas flotando en el Mar Cantábrico o el más reciente cuando el pasado domingo rescataron a un mujer que llevaba ya seis horas nadando en el Mediterráneo y que finalmente rescató un barco mercantil. Por último el insólito caso de un hombre cuyo barco naufragó y sobrevivió durante once días dentro de un congelador a la deriva en el Océano Atlántico. ¿Qué factores han influido para la supervivencia en estos casos?

Buena cabeza y forma física

Cuando escuchamos que alguien se ha perdido mientras nadaba en el mar, lo normal en primer lugar es temerse lo peor. Sin embargo, recientemente dos mujeres han sobrevivido durante varias horas perdidas en el mar y de noche. Según declaraciones de la mujer que permaneció más de cinco horas en el Cantábrico, una de las claves fue no ponerse nerviosa cuando se dio cuenta de que la corriente la estaba arrastrando mar adentro. Vio que la mejor opción no era volver a la orilla; si no al contrario, nadar mar adentro en busca de la ayuda de alguna embarcación.

Mientras esperaba la ayuda decidió que lo mejor era no nadar para no gastar sus fuerzas e intentar flotar de espaldas. Esta fuerza mental sin duda fue clave para aguantar más. El caso de la nadadora de Barcelona rescatada en el Mediterráneo es bastante similar. Tras ser arrastrada por la corriente mar adentro, apareció a unos siete kilómetros de distancia donde la encontró un barco mercantil que le lanzó un salvavidas para rescatarla.

Además de la cabeza, la capacidad física de ambas nadadoras también ha sido clave en la supervivencia de ambas.

Sin hipotermia

Otra de las claves para la supervivencia en el mar es la temperatura del agua. Lo habitual es que cuando llevamos varias horas sumergidos en agua fría nuestro cuerpo acabe sufriendo los síntomas de la hipotermia. Cuando la temperatura corporal baja de los 35 grados y el cuerpo comienza a fallar, empiezan a entumecerse las extremidades, hay escalofríos, confusión y en situaciones más extremas sufrir hipotermia puede llevar a la muerte.

El caso más famoso de este tipo de fallecimiento en el mar podría ser el sufrido por los pasajeros del Titanic, que tras hundirse, muchos de los náufragos perecieron no ahogados, si no por sufrir hipotermia en las gélidas aguas del Atlántico.

Sin embargo, ambas nadadoras pudieron sortear el estado de hipotermia, muy probablemente por la estación en la que nos encontramos, ya que el agua del mar está un poco más caliente. De hecho este verano concretamente el Mar Mediterráneo ha sufrido récords de temperatura.

Sin agua y sin comida

Otro caso insólito ocurrido recientemente ha sido el hallazgo de un hombre que había sobrevivido, tras naufragar su embarcación, subido en un congelador sobre el cuál estuvo flotando durante once días, según informó 'CNN'. Por suerte, una embarcación lo encontró y lo rescató ya apunto de desfallecer.

Sin comer, el cuerpo humano puede aguantar bastantes días, entre 20 y 40 jornadas y dependiendo del estado físico el cuerpo puede resistir antes de colapsar. No obstante, lo asombroso de este náufrago es que asegura que aguantó también estos once días sin beber agua. En principio, el cuerpo humano solo podría aguantar sin consumir agua entre tres y cinco días antes de que las funciones básicas comiencen a fallar. Por lo que es bastante insólito que este marinero haya conseguido aguantar once días.

Buen estado de la mar

En ambos casos, tanto de las nadadoras como el del náufrago del congelador, influyó en su buena fortuna que tanto los mares Cantábrico y Mediterráneo y el océano Atlántico no estuvieron agitados durante las horas y los días de los hechos, lo que facilitó la supervivencia de estas personas.

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