SALUD Y BIENESTAR

Linfedema y lipedema: en qué se diferencian de la celulitis y cómo se tratan

Aunque pueden generar una apariencia similar en piernas y caderas, estas tres afecciones tienen causas distintas y solo dos de ellas son consideradas patologías que necesitan tratamiento.

Celulitis

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Hasta un 98% de las mujeres presenta celulitis en algún momento de su vida, una alteración estética sin mayores consecuencias clínicas. Pero un 40% de las mujeres confunde esta "piel de naranja" con otras dos afecciones bien distintas: el linfedema y el lipedema.

La celulitis, la hinchazón de piernas o la sensación de pesadez son síntomas que muchas mujeres viven como algo cotidiano, sin saber que detrás de ellos pueden esconderse condiciones muy distintas entre sí. Mientras que la celulitis es únicamente una cuestión estética, el linfedema y el lipedema son trastornos que requieren diagnóstico y tratamiento especializado.

Celulitis

Tal y como revela el medio The Conversation, la celulitis, también conocida como lipodistrofia ginecoide, suele aparecer tras la primera menstruación y está ligada principalmente al aumento de estrógenos. Esta hormona altera la organización de la grasa corporal y hace que los adipocitos (las células grasas) crezcan de tamaño, comprimiendo los pequeños vasos sanguíneos de la zona y ralentizando la circulación, lo que explica por qué estas áreas suelen notarse más frías.

La razón por la que afecta mucho más a las mujeres tiene que ver con la disposición de los septos, unas bandas de tejido fibroso que conectan la piel con las capas más profundas. En el cuerpo femenino se distribuyen en vertical, mientras que en el masculino lo hacen de forma cruzada. Cuando esos tejidos pierden elasticidad, tiran de la piel hacia abajo mientras la grasa empuja hacia arriba, generando el característico aspecto de "hoyuelos". En los hombres, al estar los septos orientados de otra manera, esa tracción se reparte mejor y la piel se mantiene lisa.

El estrés, el sedentarismo, el tabaco o los anticonceptivos pueden agravar su aspecto, pero la celulitis no provoca hinchazón progresiva ni afecta al sistema linfático: no es, en sentido clínico, una enfermedad.

Linfedema

El linfedema sí es una dolencia crónica del sistema linfático, encargado de drenar el exceso de líquido del cuerpo. Cuando ese drenaje falla, el líquido se acumula, normalmente en las piernas, y puede afectar de forma notable a la movilidad.

Algunos casos son congénitos (linfedema primario), aunque son minoría. Lo más frecuente es que aparezca tras la extirpación de ganglios linfáticos en cirugías oncológicas, como en el cáncer de mama, tras radioterapia, o asociado a obesidad o ciertas infecciones.

Suele ser progresivo y provoca sensación de pesadez, tirantez y, en ocasiones, dolor. Una señal característica es la marca profunda que dejan los calcetines o la ropa ajustada al final del día. A diferencia de la piel celulítica, que puede pellizcarse con facilidad, la piel con linfedema se vuelve tensa y resulta difícil tomar un pliegue (lo que se conoce como signo de Stemmer). Además, mientras la celulitis suele afectar a ambas piernas por igual, el linfedema con frecuencia se presenta solo en una de ellas.

Lipedema

El lipedema es una condición que afecta casi exclusivamente a mujeres y que a menudo se confunde con "celulitis fuerte" o retención de líquidos. En realidad se trata de un trastorno del tejido graso que provoca una acumulación simétrica y dolorosa de grasa en piernas y, en ocasiones, brazos, incluso en mujeres con hábitos de vida saludables.

No se conoce con exactitud su causa, aunque se sabe que combina factores hormonales, genéticos e inflamatorios, y suele aparecer o agravarse en etapas de cambio hormonal como la pubertad, el embarazo o la menopausia. Las pacientes suelen describir dolor al tacto, aparición de moretones sin motivo aparente y un volumen de piernas que no disminuye aunque el resto del cuerpo pierda peso.

La diferencia con la celulitis es clara: esta última no duele ni genera hematomas. Y respecto al linfedema, el lipedema mantiene una distribución simétrica en ambas piernas, mientras que el linfedema progresa habitualmente en una sola extremidad y endurece la piel con el tiempo.

El papel de la fisioterapia

Tanto el linfedema como el lipedema pueden abordarse desde la fisioterapia, que actúa sobre el tejido, la circulación y el movimiento.

En el linfedema se aplica la llamada terapia descongestiva compleja: una combinación de drenaje linfático manual, vendajes multicapa, prendas de compresión, ejercicio específico y cuidado de la piel. Esta técnica reduce el volumen acumulado, mejora la función de los vasos linfáticos y disminuye la fibrosis del tejido, apoyándose en el movimiento muscular como motor natural del retorno linfático.

En el caso del lipedema, el objetivo se centra en reducir el dolor, mejorar la movilidad y frenar la progresión de la hinchazón en fases avanzadas. Para ello se combinan drenaje linfático, compresión adaptada, ejercicio de baja carga y pautas de autocuidado.

En ambos casos, la fisioterapia ayuda a las pacientes a recuperar autonomía y a entender que su cuerpo no está "hinchado sin motivo", sino que detrás hay un tejido que necesita un cuidado específico.

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