SALUD

SIBO, IMO y SIFO: diferencias y cómo saber cuál padeces

Aunque comparten síntomas como hinchazón, dolor abdominal o alteraciones digestivas, estas tres afecciones tienen causas distintas y requieren tratamientos diferentes.

Hinchazón

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La hinchazón abdominal, los gases, el dolor de estómago o los cambios en el ritmo intestinal son síntomas que muchas personas asocian al llamado SIBO. Sin embargo, los expertos advierten de que no todos los casos tienen el mismo origen. De hecho, detrás de estas molestias pueden encontrarse tres afecciones diferentes: el SIBO (sobrecrecimiento bacteriano del intestino delgado), el SIFO (sobrecrecimiento fúngico del intestino delgado) y el IMO (sobrecrecimiento metanógeno intestinal).

Tal y como explican los expertos, el SIBO se produce cuando existe un exceso de bacterias en el intestino delgado, una zona donde normalmente su presencia es reducida. Esto puede alterar la digestión y provocar síntomas como gases, distensión abdominal o diarrea. Su tratamiento suele incluir antibióticos específicos, como la rifaximina, además de cambios en la alimentación y el abordaje de posibles causas subyacentes.

Por su parte, el SIFO está relacionado con un crecimiento excesivo de hongos, principalmente del género Candida. Aunque comparte muchos síntomas con el SIBO, su origen es diferente y suele diagnosticarse en personas con determinadas condiciones médicas o alteraciones del sistema inmunitario. En estos casos, pueden utilizarse tratamientos antifúngicos, aunque la estrategia terapéutica debe adaptarse a cada paciente.

El tercer trastorno es el IMO, causado por microorganismos conocidos como arqueas, que producen metano en el intestino. Diversos estudios han relacionado esta afección con el estreñimiento, la hinchazón abdominal y una disminución de la motilidad intestinal. A diferencia del SIBO, donde predominan las bacterias, en el IMO los responsables son estos organismos productores de metano, por lo que el tratamiento también puede variar.

Dado que los síntomas suelen ser muy parecidos, los especialistas insisten en la importancia de realizar pruebas diagnósticas adecuadas antes de iniciar cualquier tratamiento. Identificar correctamente si el origen es bacteriano, fúngico o metanógeno es clave para elegir la terapia más eficaz y evitar que las molestias persistan en el tiempo.

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