ESPERANZA DE VIDA

Un estudio asocia el TDAH con un 70% más de mortalidad

Un metaanálisis de 19 estudios con cerca de 16 millones de personas en tres continentes encuentra tasas de mortalidad más elevadas entre quienes tienen un diagnóstico de trastorno por déficit de atención e hiperactividad.

Una persona estresada

Una persona estresada Pixabay

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El trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH) no termina necesariamente cuando acaba la infancia. Puede acompañar a una persona durante toda su vida y afectar a su capacidad para mantener la atención, controlar los impulsos o regular su actividad. Pero sus consecuencias podrían extenderse también a un ámbito menos conocido: la esperanza de vida. Un nuevo metaanálisis, que reúne datos de cerca de 16 millones de personas, encuentra que quienes tienen un diagnóstico de TDAH presentan una tasa de mortalidad un 70% superior a la de quienes no lo tienen.

El análisis, publicado en JAMA Network Open, revisó 19 estudios realizados en tres continentes, algunos con seguimientos superiores a 20 años. Los autores, liderados por Joshua Stott, del University College London (UCL), compararon las tasas de mortalidad de personas con y sin TDAH y observaron diferencias en varias causas de muerte. La tasa de mortalidad por suicidio era un 90% mayor entre quienes tenían el trastorno; la asociada a lesiones, tanto accidentales como intencionadas, un 55% superior; y la relacionada con causas naturales, un 27% más elevada.

Es imprescindible aclarar que las cifras que señala el estudio expresan diferencias relativas entre grupos, no la probabilidad individual de morir ni un aumento equivalente en puntos porcentuales. Tampoco significa que el TDAH conduzca inevitablemente a una vida más corta. El estudio reúne investigaciones observacionales, por lo que identifica asociaciones, pero no demuestra que el trastorno sea por sí solo la causa directa de esas diferencias.

"Anteriormente habíamos encontrado que las personas con TDAH tienen una esperanza de vida reducida, así que ahora estamos ampliando nuestra comprensión de los factores que contribuyen a esta estadística tan preocupante – señala Stott en un comunicado -. Descubrimos que las personas con TDAH afrontan un mayor riesgo no solo de morir por suicidio o lesiones, sino también por causas naturales".

El TDAH es una condición del neurodesarrollo que se manifiesta mediante distintos grados de inatención, hiperactividad e impulsividad. No todas las personas presentan los mismos síntomas ni con la misma intensidad. Algunas tienen dificultades para organizar tareas, mantener la concentración o gestionar el tiempo; otras experimentan mayor inquietud o actúan antes de valorar las consecuencias. Estas características pueden interferir en los estudios, el trabajo y las relaciones, aunque con el apoyo adecuado muchas personas con TDAH desarrollan una vida plena y saludable.

¿Por qué aparecen entonces diferencias en la mortalidad? Los autores señalan varios mecanismos posibles. Las dificultades para controlar los impulsos y mantener la atención podrían contribuir a determinados accidentes, incluidos los de tráfico. A ello se suman las mayores tasas de problemas de salud mental que se observan en esta población y las dificultades de regulación emocional, que pueden aumentar la vulnerabilidad ante situaciones de crisis.

El contexto social también importa. La exclusión, el estigma y las desventajas acumuladas a lo largo de la vida pueden deteriorar la salud y dificultar el acceso a los apoyos necesarios. A esto se añaden posibles problemas para mantener tratamientos, acudir a revisiones o recibir atención sanitaria a tiempo. El riesgo, por tanto, no se limita a las características individuales del trastorno: también puede reflejar cómo responde el entorno a las necesidades de quienes lo tienen.

La mortalidad por causas naturales amplía aún más el problema. Un estudio previo, también liderado por el equipo de Stott, apunta a que las personas que presentaban más rasgos de TDAH durante la infancia tenían más probabilidades de acumular problemas físicos de salud en la mediana edad. Entre las afecciones consideradas figuraban la diabetes, el cáncer, la epilepsia, las migrañas y los problemas de espalda. Los autores apuntaron a factores como una mayor frecuencia de problemas de salud mental, un índice de masa corporal más alto, el tabaquismo y las dificultades para acceder a revisiones y cuidados médicos.

En otro análisis publicado en 2025, el equipo de UCL estimó que los adultos diagnosticados de TDAH en Reino Unido presentaban una reducción aparente de la esperanza de vida de entre 4,5 y nueve años en los hombres y de entre 6,5 y 11 años en las mujeres. Pero, para confirmar lo dicho al inicio, los propios autores advirtieron entre las conclusiones que las personas diagnosticadas podrían no representar a toda la población con TDAH, ya que muchos adultos siguen sin recibir un diagnóstico. Por ello, las estimaciones podrían exagerar la diferencia para el conjunto de las personas con el trastorno.

El nuevo metaanálisis ofrece también una señal esperanzadora, aunque todavía provisional. Entre las personas con TDAH que tomaban medicación, la tasa de mortalidad parecía ser un 25% menor. Sin embargo, esa observación procedía únicamente de tres de los 19 estudios incluidos y no permite concluir que los fármacos reduzcan directamente el riesgo de muerte.

"Nuestros hallazgos aportan indicios iniciales de que la medicación puede desempeñar un papel importante en la salud de las personas con TDAH, pero la evidencia procede de un número reducido de estudios y se necesita más investigación - apunta Lucy Corrigan, coautora del estudio -. La medicación es solo una parte de la respuesta: muchas personas se benefician de un tratamiento y un apoyo integrales y a largo plazo".

Los autores subrayan, por ello, la importancia de mejorar el acceso al diagnóstico, al tratamiento basado en la evidencia y al seguimiento sanitario. Las tasas de diagnóstico han aumentado (en España las cifras hablan de un 3% de la población), pero pueden seguir por debajo de la prevalencia real, especialmente entre los adultos de más edad, que quizá hayan pasado décadas sin comprender sus dificultades ni recibir ayuda.

"El TDAH no es, por definición, una condición que limite la esperanza de vida", concluye Stott. La conclusión del estudio no es que el trastorno determine el destino de quienes lo tienen, sino que las desigualdades sanitarias asociadas requieren atención. Detectarlo, ofrecer apoyo adecuado y facilitar una atención médica accesible podría ayudar a reducir riesgos que, hasta ahora, han recibido menos atención de la que merecen.

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