París juega un papel clave en la historia de Balenciaga. Allí aterrizó al huir de la Guerra Civil española. Lo hizo de la mano de su socio y pareja Wladzio D´Attainville. También les acompañaron el matrimonio del exiliado Nicolás Bizkarrondo y su mujer Virgilia Mendizabal. Para entonces, el diseñador ya contaba con tres casa en España (Madrid, San Sebastián y Barcelona), donde era considerado un modisto de gran éxito comercial. En la casa de la ciudad condal dejó huella el decorador franco-ruso. Tanto es así que los reportajes del momento incluían su nombre en los titulares: "Una casa de costura en Barcelona. Decoración de Wladzio d´Attainville", recoge la web del museo de Balenciaga.

La situación económica y social de su país le empujó a ponerse en marcha con la expansión internacional del negocio. En Londres no tuvo suerte. En París sí. En junio de 1937 abrió su primera casa en la mítica dirección del número 10 de la Avenue George V. De nuevo con el sello de Wladzio d´Attainville. La reacción de la prensa de moda fue inmediata. Dos meses después de la apertura, presentó su primera colección.

Los titulares de entonces hablan por sí solos. La revista L'Ofciel describió la colección de la Casa Balenciaga como "llena de gusto y distinción". El New York Herald Tribune señaló que el joven diseñador se mantenía fiel a su filosofía de líneas sencillas y sin adornos innecesarios. Por su parte, Harper's Bazaar declaró que "Balenciaga proyecta una nueva calidad a la alta costura, una personalidad definida a la contienda". A pesar de su crecimiento (motivado por el cierre de la mayoría de casas en Europa), el diseñador siempre se mantuvo hermético. Nunca habló de su vida personal.

Tanto es así que algunas de sus biografías califican a Wladzio D´Attainville de "amigo" o "persona fundamental en su vida". Sin embargo, se conservan documentos en los que el el decorador hablaba por los dos. Como es el caso de una carta de 1944 en la que Wladzio se dirige a su amigo Juan Ranero, diplomático de la embajada española. En el texto le pide que interceda en el gobierno francés para que retiren la sanción interpuesta a la marca por hacer sombreros más grandes que el resto, unas medidas que estaban restringidas en tiempos de ocupación. Wladzio era consciente de ello, pues participó activamente en el diseño de tocados hasta su muerte en 1948.

Paradójicamente, también se encargó de las relaciones con la prensa y la comunicación. Pero la única entrevista que concedió el diseñador fue posterior a la muerte de su "compañero de vida". Concretamente, en 1971. En ella dio los motivos por los que decidió cerrar su casa. La sociedad había cambiado y él se negaba a cambiar con ella. "Esta época está caracterizada por la falta de elegancia en las mujeres", dijo unos años más tardes a Prudence Glynn. La periodista Palmer White se pronunció sobre su retirada: "Sus diseños estaban enraizados en una sociedad antigua, patricia, católica, compuesta de unos pocos privilegiados".

Él nunca se pronunció públicamente sobre estos temas. Nunca se pronunció sobre nada. De ahí que la serie homónima de Disney+, filme que sí habla de Wladzio D´Attainville como su pareja, sea una ficción. Es más, Sonsoles Díez de Rivera, patrona fundadora del Museo Cristóbal Balenciaga de Getaria (Guipúzcoa) y una de las personas que más sabe sobre el modisto, considera que el filme no representa la esencia de Balenciaga. "Van a hacer hincapié en un aspecto que no es el importante", aseguró antes de su estreno.