Contra los ayatolás
Protestar como forma de jugarse la vida: la valentía de jóvenes y mujeres que lideran la revuelta en Irán
¿Por qué es importante? En apenas dos semanas de protestas, la represión ya se ha saldado con 45 muertos y 2.000 detenidos. Eso sí, nadie piensa en dejar se manifestarse.

Nueva jornada de protestas en Irán, las cuales estallaron por la enorme inflación y que ya se ha convertido en toda una revuelta que están liderando jóvenes y, sobre todo, mujeres. Si bien ya hay 45 muertos y 2.000 detenidos las manifestaciones siguen con la valentía por bandera, puesto que nada más ni nada menos se están jugando la vida. Y es que ese es el precio de manifestarse en tirerras iraníes.
Prueba de ello es que según las leyes iranís te pueden ahorcar por protestar. De hecho, una veintena de personas fueron condenadas a pena de muerte tras las protestas de 2022. Unos meses de lucha en las calle cuyo detonante fue el asesinato de Mahsa Amini, la joven que llevaba mal colocado el velo, y que terminaron con más 400 muertos y 22.000 detenidos.
En las imágenes sobre estas líneas se refleja la represión en la Irán: a patadas, a garrotes y a tiros. Si bien en ocasiones el manifestante consigue salir con vida, termina siendo detenido pudiendo ser torturado. Precisamente, Amnistía Internacional detalló cómo los encarcelados por esas protestas habían sido sufrido palizas, flagelaciones, descargas eléctricas y violencia sexual. Todos, métodos de tortura utilizados para obtener confesiones forzadas.
Unas confesiones que se usan después en juicios que se celebran sin ningún tipo de garantía y violando los procesos internacionales. En ellos decenas de manifestantes han sido condenados por "hacerle la guerra a Dios". Un delito recogido en su codigo penal que se imputa por atacar personas, bloquear calles u organizar disturbios y que es castigado con amputación de miembros, destierro o pena de muerte.
De hecho, en 2022 por ese delito fueron ejecutados de forma pública cuatro personas. El primero fue ahorcado en una plaza acusado de bloquear una calle y herir a un agente. En definitiva, ejecuciones públicas utilizadas como forma de disuasión para parar esas protestas que continuaron, no obstante, algunos meses más. Eso sí, los que se libraron de la horca fueron condenados a penas de prisión de hasta 30 años.
Ahora, dos años después, la historia se repite. Y es que en estas protestas ya se han documentado disparos con munición real contra manifestantes desarmados y se han publicado las primeras confesiones forzosas de menores detenidas. Incluso, este jueves los ayatalás restringieron el acceso al internet global sin permitir conexiones o servicios de fuera del país, en un aparente intento por controlar las protestas que, por ahora, ya se han saldado con 45 muertos.
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