"Para disimular"
Cristina Almeida, sobre el populismo y las tácticas ilegales de Jesús Gil: "De las licencias de 25 pisos ilegales regalaba uno a un pobre"
Cristina Almeida, Celia Villalobos y dos periodistas de El Mundo recuerdan en Anatomía de... los 'tejemanejes' de Jesús Gil cuando estaba en el poder en Marbella y analizan el por qué de su popularidad entre la gente más pudiente y también la más humilde.

Las campañas electorales de Jesús Gil para lograr el voto masivo en Marbella eran "muy novedosas", reconoce José Carlos Villanueva en este reportaje de Marbella dedicado a analizar la figura del constructor que se convirtió en uno de los personajes más mediáticos de los 90 y que logró poner en jaque la seguridad nacional.
El corresponsal de El Mundo en la ciudad andaluza en aquella época afirma que su estrategia es parecida a la "americana", con "muchas azafatas, dinero y camiones tipo tráiler para lanzar sus vídeos": "Hizo un buzoneo con vídeos VHS por toda Marbella".
"Un año empezó a regalar jamones, por lo menos a mil personas", recuerda Josele Sánchez, fotógrafo del Diario Sur desde 1991. "Eso sí que es populismo", comenta Mamen Mendizábal, conductora del programa de laSexta. También regalaba viviendas sociales, "muy buenas", como puede verse en uno de los vídeos de hemeroteca rescatado por Anatomía de... "Y todavía dicen que os hemos puesto una piscina. ¡Pues claro! ¿Es que no se pueden bañar?", proclamaba Gil en la época.
Cristina Almeida fue una de sus adversarias políticas y contemplaba con indignación los 'tejemanejes' que hacía mientras estaba en el poder: "De las licencias de 25 pisos ilegales regalaba uno a un pobre para que así saliera en la prensa". Josele estaba allí el día en el que una vecina le pidió una casa para su hija que se iba a casar. "Y le tiró las llaves, así", rememora.
"A mí me va a votar todo el mundo. De 47.000 me tienen que dar 40.000 votos. Si no, es que están ciegos", decía sobre sí mismo en una entrevista.
Su popularidad estaba disparada. "En el año 1991 empezó una crisis económica, que fue la que se llevó por delante a Felipe González y al PSOE, y en esos momentos de crisis es cuando surgen personajes como Jesús Gil, con un mensaje clarísimo: 'Yo tengo aquí intereses económicos y yo quiero salvar mi economía. Con la mía, salvo la de todos ustedes'. Y eso cuela de maravilla, y se lo comen", comenta Celia Villalobos, una de sus contrincantes políticas en la época.
"Gil era un populista. Como empresario, era de derechas, pero tenía una ideología que era el GIL y su dinero. El elemento político le sirvió para desarrollarse económica, política y socialmente", reflexiona Antonio Rubio, también periodista de El Mundo a principios de los 90.
El mensaje oficial era que Marbella volviera a ser lo que fue. "El mensaje interior era robar todo lo que pueda, saquear el ayuntamiento", comenta Villanueva.
Gil arrasó en Marbella y logró la mayoría absoluta con un 53 % de los votos barriendo del mapa marbellí al PP y a IU. "Garantizaba seguridad, iba a acabar con la prostitución, los robos, creó una policía al margen de la norma, como Trump ahora con el ICE", explica Villalobos acerca de su forma de ganarse al pueblo llano. "Sabía cómo satisfacer a gente con problemas económicos y darles una salida temporal", añade. "La ley para él no existía y, al mismo tiempo, pan y circo", concluye.
"Marbella parecía un centro político cuando lo que era era un centro de corrupción", comenta Almeida acerca de las personalidades importantes e internacionales que empezaron a dejarse ver por la ciudad. "Él gana porque mucha gente aprecia a ese tipo de gente", lamenta.
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