No están listos

Trenes y autobuses convertidos en hornos: el transporte público 'arde' ante una nueva ola de calor extremo en España

¿Por qué es importante? La falta de preparación ante estas temperaturas hace que muchos pasajeros salgan sudando. Fuera, hay estaciones sin marquesinas y otras con un techo de cristal que actúa como una gigantesca lupa a 40 grados.

Mujer abanicándose al lado de un tren
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Última de la ola de calor. Último día de la segunda ola de calor de 2026. Sí, es 9 de julio. Todavía con prácticamente todo el verano por delante. Con casi todo el séptimo mes del año. Con agosto al completo. Con a saber qué puede deparar todo en septiembre. Pero, de momento, es el último día en que habrá que aguatar unas temperaturas extremas que han dejado en España 338 muertos.

Y es que muchas personas no pueden soportar tantos días continuados de calor extremo. Porque en la calle no se puede estar. Porque sus casas no están preparadas. Porque, incluso, el transporte público es como transitar por un volcán.

Tampoco está listo. Tampoco está preparado para soportar unas temperaturas tan altas. En Renfe señalan a averías puntuales, unas que provocan que la gente que coge el Cercanías en Valencia salga sudando del tren. Y lo mismo puede decirse del Metro de la ciudad del Turia.

Así está todo bajo tierra. Sobre la misma, igual. Porque fuera también se siente el agobia y el calor. Hay estaciones, como una en Paiporta, que ha estado sin marquesinas durante un año. Algunas que sí tienen ven cómo el techo de cristal actúa como una gigantesca lupa a 40 grados.

Es lo que pasa en el tranvía de Parla. Porque Madrid sufre el calor. Porque el Metro de Madrid sufre el calor. Las líneas 1 y 5 son como estar a las 17:30 en la Puerta del Sol y los pasajeros están denunciando una situación para la que de momento no hay solución.

Para la que la Comunidad de Madrid ha prometido tomar medidas, asegurando que trabajan en cómo mitigar el calor instalando hasta 20 sistemas de refrigeración en diferentes andenes de ambas líneas.

Es la nueva normalidad del verano. Una en la que las olas de calor se suceden sin que haya prácticamente descanso con muchas viviendas sin estar preparadas para soportar estas temperaturas extremas. Fuera, en la calle, imposible estar; en el transporte público, en más casos de los que sería conveniente, tampoco.

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