¿Ir a una granja escuela? ¿Visitar una imponente montaña? Son ideas geniales para conocer la naturaleza, pero la educación ambiental puede ser algo mucho más sencillo. Salir al exterior, observar el cielo, los insectos, o sentir la temperatura de la calle ya sirve para educar sobre el cambio climático. Pero también para aprender matemáticas, o cualquier otra materia.

Y solo es una idea de las muchas que podemos dar a los docentes que arrancan este curso con un nuevo currículo y una nueva Ley de Educación (LOMLOE) que da peso, por primera vez, a la educación ambiental.

La nueva ley de Educación pone especial foco en la enseñanza de valores ambientales entre los alumnos. Además, la norma incide en la formación del profesorado, importante que esté cualificado en materia ambiental, una decisión nada baladí teniendo en cuenta el contexto de emergencia climática en el que vivimos. Según indica el texto, con este peso de la sostenibilidad en la educación se busca cumplir con los objetivos de desarrollo sostenible que recoge la Agenda 2030.

Como es habitual, una ley estatal solo recoge un marco común y no concreta en qué se traduce eso: ¿cómo tienen que adaptarse los centros? ¿Qué actividades hay que hacer? Dos expertos en la materia nos han dado ideas para ello.

Clases al aire libre

Si queremos conseguir una concienciación ambiental real, que ponga al medio ambiente en el centro de todo, la clave está en aumentar el número de clases al aire libre. Así de claro lo ve Katia Hueso, bióloga, especialista en educación ambiental y cofundadora de una escuela al aire libre.

Para ella, la educación ambiental se suele hacer "desde un punto de vista muy racional y menos con el corazón", y suele estar centrada en asignaturas relacionadas como Ciencias Naturales o Educación Física, cuando debe atajarse de forma "transversal": "La naturaleza necesita unos cuidados y una atención y eso solo se puede conseguir si estamos en contacto con ella, no solo estudiando el libro" apunta.

Aunque reconoce que en entornos urbanos es "más complicado", asegura que se puede impartir cualquier materia al aire libre, algo que ya se está haciendo en países como Suecia o Reino Unido, donde hay escuelas que sacan sus clases al exterior dos veces por semana.

"Tocando la vida real es como mejor se aprende de ella"

Katia Hueso, bióloga

Esta bióloga ve beneficios de salir al exterior en cualquier contexto, incluso urbano "hasta para reciclar": "Sales a la calle y ves los contenedores, la contaminación, el ruido, el agua... Pienso que tocando la vida real es como mejor se aprende de ella", insiste.

Eso sí, reclama más apoyo por parte de la administración, pues según Hueso, la ley deja toda esta labor en manos de los docentes.

David Gutiérrez, coordinador de proyectos educativos de la Red Cántabra de Desarrollo Rural, reconoce que la integración de la educación ambiental en la nueva ley educativa es "positivo", aunque también considera que todo queda en manos de la "voluntad" del profesorado y "la capacidad" del centro educativo. Además, cree que la ley no es todo lo ambiciosa que debería.

También comparte con Hueso los beneficios de salir al exterior: "En la ciudad se puede comprobar bien el cambio climático o la gestión de los residuos". Además, apunta Gutiérrez, está demostrado que este contacto con la naturaleza "mejora la salud física, la psicomotricidad, la concentración, etc.".

10 ideas de qué hacer en educación ambiental

Además de la impartición de clases en el exterior, y para ayudar a los docentes en este nuevo reto, Gutiérrez propone hasta diez ideas para hacer realidad la educación ambiental en las aulas.

  • Renaturalizar los espacios comunes: esto puede ir desde proyectos ambiciosos como reverdecer el espacio con plantas y arbolado, o simplemente con jardineras, hoteles de insectos, zonas con materiales como arena, vegetación o madera pueden despertarse el interés por la naturaleza de los más peques.
  • Identificar y proponer medidas para para la movilidad sostenible: se puede lograr con salidas por el entorno del centro en el que analizar cómo calmar el tráfico y hacer una movilidad más segura. Se pueden formar ‘patrullas’ de escolares que vayan en bicicleta.
  • Observar la naturaleza aparentemente menos espectacular: a los peques les atraen los pequeños insectos de nuestro entorno, y con esa excusa se puede explicar que su pérdida es importante y que también está vinculada con el cambio climático.
  • Seguir incidiendo pequeñas actuaciones aunque ya estén están casi plenamente asumidas a nivel individual, como la separación de residuos y su depósito en los contenedores específicos para cada uno.
  • Visita de personas que trabajan en diferentes sectores afectados por la crisis climática: por ejemplo, la ganadería, la pesca, los servicios de limpieza… Pueden ser personas cercanas a los alumnos que tengan oficios relacionados y que vayan a explicar cómo el cambio climático afecta a distintos sectores que igual ni lo pensaban.
  • Salidas a entornos naturales o centros de interpretación también: decíamos al principio que no es la única opción, ya que suele tener un coste, pero por supuesto su contenido es importante.
  • Comedor escolar implicado: el espacio del comedor puede ser un lugar estupendo para explicar y comprobar las implicaciones ambientales, sociales y económicas que tiene el consumir productos ecológicos y de proximidad.
  • Educación ambiental en las actividades extraescolares: incluir en el repertorio de estas actividades clubes de amigos de los ríos, de los bosques, de los árboles, etc. adecuadas a las distintas etapas escolares.

Por último, y teniendo en cuenta los inmensos recursos digitales que hay, Gutiérrez recomienda a los centros echar un vistazo a las metodologías y proyectos que llevan a cabo redes y colectivos como EsEnRed -Redes Escolares para la Sostenibilidad- o Naturaliza, de Ecoembes, cuyo objetivo es precisamente impulsar la presencia del medioambiente en el sistema educativo, dando formación a los docentes y ofreciéndoles una biblioteca gratuita con más de 2.000 recursos educativos. Una forma de hacer más fácil el arranque de este curso 2022-2023 para los y las 'profes'; que bastante tienen ya con todo lo que implica una vuelta al cole con nueva ley y con las novedades que tiene volver a la normalidad tras la pandemia.