Elecciones
Bajo la atenta mirada de Trump: Brasil afronta una megajornada electoral enfrentando los antagónicos modelos de Lula y Bolsonaro
Los detalles El presidente de EEUU mira hacia un país en el que la izquierda resiste mientras la ultraderecha avanza por todo el continente. Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente condenado Jair Bolsonaro, busca continuar el legado de su padre en unos comicios en los que Lula parte con ventaja. La segunda vuelta, el 25 de octubre.
Lula da Silva, a la izquierda; a la derecha, Flávio BolsonaroResumen IA supervisado
Brasil enfrenta una megajornada electoral decisiva con elecciones presidenciales, legislativas y regionales. Lula da Silva y Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente Jair Bolsonaro, son los principales contendientes para el Palacio de Planalto. Se prevé una segunda vuelta muy reñida el 25 de octubre. Lula promueve un modelo con fuerte presencia estatal y programas sociales, mientras Flávio sigue el legado de su padre con políticas de recortes y desregulación. El 'centrao', bloque informal de partidos de derecha, sigue siendo clave en el Congreso. Lula podría ganar la presidencia, pero enfrentaría un Congreso dominado por la derecha, complicando su gestión.
* Resumen supervisado por periodistas.
Brasil vive una jornada electoral. Una megajornada electoral. Un paso por las urnas en el que hay comicios presidenciales, legislativos y regionales. En donde los antagónicos modelos de Lula da Silva y de Flávio Bolsonaro, hijo del expresidente bajo arresto domiciliario Jair Bolsonaro, se postulan como los grandes candidatos para ocupar el Palacio de Planalto.
Son más de 1.650 altos cargos los que se deciden en una jornada en la que todo hace presagiar una segunda vuelta muy igualada entre Lula y Bolsonaro para el próximo 25 de octubre, en una cita que ha adquirido gran relevancia porque de momento el presidente brasileño aguanta siendo uno de los pocos líderes de izquierda en una región donde la ultraderecha avanza ante el regocijo de Donald Trump.
El bolsonarismo, por su parte, se la juega con Flávio con el jefe del clan familiar en arresto domiciliario tras su condena a 27 años de cárcel, por su papel de ideólogo principal en el intento de golpe de Estado tras su derrota electoral de 2022.
La victoria de Flávio sería determinante para sus pretensiones de libertad, ya fuese por una ley de amnistía o por un indulto presidencial. Es una de las 1.400 personas condenadas por el intento de tomar las instituciones a la fuerza en enero de 2023.
Dos modelos antagónicos
En liza hay dos modelos antagónicos, con Lula apostando por un desarrollo en el que haya una fuerte presencia estatal, un sistema tributario más progresivo, subidas del salario mínimo y un refuerzo de programas sociales. Flávio, sin embargo, recoge el legado de su padre con políticas de recortes, desregulaciones, bajadas de impuestos, explotación de recursos naturales a gran escala, endurecimiento de penas y la supuesta recuperación de valores tradicionales, influenciados por los movimientos evangélicos.
Es la lucha que se lleva todo el interés mediático mientras la bancada del 'centrao', un bloque informal con partidos que tienden hacia la derecha, se erige de nuevo como la fuerza política más determinante de Brasil. Desde hace décadas, todo aquel que ha llegado al Palacio del Planalto ha necesitado de su beneplácito, tumbando leyes y Gobiernos tanto a derecha como a izquierda.
Los partidos que conforman este bloque no han presentado candidaturas y se han abstenido de apoyar públicamente en esta primera vuelta a ninguno de los dos favoritos, siguiendo con ese pragmatismo y flexibilidad para poder negociar e influir a ambos lados.
Lula, ante la paradoja de 2022
Al igual que ya ocurrió en 2022, a partir de este domingo se puede dar la paradoja de que Lula salga vencedor de las presidenciales pero tenga que lidiar con un Congreso donde mandan las derechas, como ha sucedido en esta legislatura, con complejas negociaciones para sacar adelante sus propuestas.
El bolsonarismo irrumpió en Brasil como reacción en gran medida al descrédito de los gobiernos de la izquierda, acompañado además del auge de los movimientos evangélicos que han dado ese tinte religioso a sus políticas. La confesión no solo se ha extendido rápidamente por Brasil sino que también lo ha hecho por todo el continente desde la década de los años 60 como respuesta al Gobierno de EEUU a la teología de la liberación.
Y en la religión también difieren Lula y Flávio, siendo el primero católico confeso y el segundo un evangélico neopentecostal. Esto también define el voto entre un electorado y otro según su credo, en una recta final de campaña envuelta en la polémica por el estatus legal de la virgen de Aparecida como patrona de Brasil, que ha obligado incluso a intervenir a los tribunales.
Todo comenzó con la difusión de noticias falsas y fuera de contexto sobre el supuesto apoyo de Flávio a una propuesta legislativa de hace 20 años para despojar a esta virgen de su condición como patrona de Brasil, como un guiño a su base del electorado evangélico más radical, provocando un gran revuelo entre los católicos.
En medio de los ataques y reproches entre fieles y las bromas de Internet, la confusión fue en aumento cuando el juez progresista del Supremo Flávio Dino anuló el fallo de su compañero conservador del Tribunal Superior Electoral (TSE) André Mendonça que exigía la retirada de esta desinformación en redes sociales.
Finalmente, el fallo siguió adelante, y además el tribunal suspendió los fondos de campaña que se utilizaran para atacar a los aspirantes por motivos religiosos y advirtió con sanciones a los líderes de las diversas confesiones que utilizaran sus púlpitos para pedir el voto por uno u otro candidato o difundir desinformación.
Las encuestas, con Lula
Ambos equipos tratan de arañar esos votos para una contienda en la que Lula parte como favorito sobre Bolsonaro, teniendo cuatro puntos porcentuales más que su rival y situándose con el 42% de los apoyos.
Brasil es uno de los países con una de las geografías socioeconómicas más marcadas del planeta, con una destacada industrialización en el noreste, aunque con un interior muy dependiente de la agricultura, y en el que se concentran en mayor medida el reparto de las ayudas estatales, como la ya citada Bolsa Familia.
Esta ayuda económica directa a las familias brasileñas fue creada en 2003 durante el primer mandato de Lula, oriundo de uno de estos municipios del noreste, en los que esta asistencia ha tenido un gran impacto y en los que el Partido de los Trabajadores (PT) ha levantado su principal bastión electoral.
Por contra, el sur, el centro oeste, así como los grandes núcleos urbanos del sureste, como Sao Paulo y Río de Janeiro, la cuna del bolsonarismo, se decantan por el voto liberal y conservador; con la excepción de Minas Gerais, que desde la vuelta de la democracia en 1989 marca la tendencia del ganador de las elecciones.
Mientras, en la zona norte, donde se encuentra la Amazonía, el voto está más repartido, con las zonas urbanas decantándose por la derecha, mientras que las zonas rurales e indígenas han votado tradicionalmente a Lula.