Quién iba a pensar que ni tan siquiera Lionel Messi podría arreglar el desaguisado que tuvo el Barcelona en Granada. El peor partido en años de los culés se saldó con una derrota por 2-0 en Los Cármenes y con 90 minutos muy malos en los que tan solo fueron capaces de realizar un disparo a puerta.

Porque vaya desastre. Vaya partido malo el realizado por el Barça. Y vaya partido bueno, buenísimo, el del Granada. Los nazaríes parecían el auténtico campeón de LaLiga y no un recién ascendido. Sin complejos salieron a comerse a los culés. Y tanta hambre tenían que en un minuto ya iban ganando.

Fue Azeez el autor del tanto, aunque mucho le deben agradecer a un Junior que sigue sin enterarse de qué va la fiesta en su primer curso como azulgrana. La perdió ante Puertas, él centró y Azeez la puso en las mallas de Ter Stegen. Un minuto. Tiempo había para reaccionar... pero nada de nada.

No pudo ser porque el Granada hizo un escandaloso trabajo defensivo en la presión sobre la salida del Barcelona. Y no pudo ser tampoco porque este Barça no tuvo absolutamente nada destacable en ataque. Su primer, y único, disparo, llegó en el segundo acto cuando Messi ya estaba sobre el campo.

Antes estaban Luis Suárez y parece ser que Griezmann también. Antoine estaba en el once oficial, pero por el campo se le vio más bien poco. Irrelevante, poco participativo. Sin presencia ni en ataque ni en defensa. De momento, salvo sus dos goles en la segunda jornada, nada está compensando los 100 millones que se han pagado por él.

Hubo 45 minutos para ver al tridente, o cuarteto ofensivo, del Barça. Suárez, Griezmann y Messi, junto con Ansu Fati. Pero no había manera. Se marchó Rakitic y entró Arturo Vidal. Y también se fue Soldado y salió Vadillo, y ambos cambios fueron fundamentales en el resultado final. El chileno hizo mano en el área, que vio el VAR, y el penalti lo transformo el nazarí.

Seguían teniendo tiempo para, al menos, empatar. Tiraron a puerta de hecho, pero, como con el 1-0, estaba más cerca el gol del Granada que el del Barcelona. Ni con Messi, tapado con maestría por la tela de araña andaluza, pudo encontrar el más mínimo resquicio sobre un campo en el que cada metro cuadrado se peleaba como si no hubiera un mañana.

El Nuevo Los Cármenes era una fiesta. Es una fiesta, porque no todos los días se gana al campeón de LaLiga, a todo un Barcelona, y se le deja además con un solo tiro entre palos. Ah, y además hasta que juegue el Sevilla, el Granada es líder junto con los hispalenses y el Atlético. La celebración está justificada.

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