Las pilas de botón contaminan, y mucho. Pero, ¿acaso hay sustitutos? Un grupo de científicos del Instituto de Microelectrónica de Barcelona (IMB-CNM), perteneciente al Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), ha encontrado una solución sorprendente para los humanos de a pie: usar el sudor, la orina o la sangre como alimentación de una batería fabricada con papel desechable.

El dispositivo parece simple, pero su uso podría transformar la industria por completo. "Consiste en un trozo de papel con dos electrodos que están durmiendo", explica Neus Sabaté, investigadora ICREA en el mencionado instituto barcelonés. En una entrevista concedida al CSIC, la física señala que cuando la orina llega a la batería ésta se despierta "porque el líquido hace de electrolito", por lo que empieza a generar energía "durante los minutos que se necesiten".

Ante esto, pone un ejemplo muy claro: los test de embarazo, que solo funcionan durante unos tres minutos. "Para qué vamos a utilizar una pila de botón que dura semanas si solamente se necesita ese tiempo", reflexiona la investigadora, que confiesa que fue precisamente con uno de estos test como se le ocurrió la idea de desarrollar esta batería. "Lo abrimos en el laboratorio y nos dimos cuenta de que llevaba una pila de botón con la batería cargada casi al 99%", cuenta.

Ciencia por el medio ambiente

"Es muy poco sostenible porque se usa una vez y se tira", continúa la experta. "Así que juntamos las ideas: utilizar fluidos y alimentar una batería. Y pensamos, ¿y si hacemos una pila de papel?", relata Sabaté.

¿El objetivo de todo esto? La propia Sabaté lo explica: "Nuestra meta era acceder a la industria del diagnóstico, donde ya existían estos test digitales con tecnologías muy convencionales, de un solo uso y que contaminan bastante". Esta investigadora lamenta que la industria del diagnóstico "es poco receptiva a aceptar aplicaciones sostenibles", algo que, aún así, no ha parado ni a ella ni a su equipo en su objetivo: aminorar la "ola de basura electrónica que vendrá después de los plásticos en el océano".

"Como científica, creo que no podemos hacerlo todo con la electrónica convencional, con tantos componentes y sin pensar en su ciclo de vida", reflexiona Sabaté, que también es cofundadora de la spin-off Fuelium, que trata de llevar estas baterías de papel al mercado.

La reducción del impacto ecológico de usar estas baterías es doble, según la investigadora. De un lado, se consigue dejar de usar pilas convencionales de botón fabricadas con acero y electrolitos corrosivos "que después hay que llevar a plantas de reciclaje, donde hay que separar cada elemento".

Sabaté, además, defiende que sus generadores de energía usan materiales más benignos, como carbono y metales no tóxicos, y que reemplazan los electrolitos corrosivos por los mismos fluidos (orina, sangre o sudor) que se quiere analizar. "Evidentemente los niveles de energía que vamos a obtener con estas baterías no son comparables a una tecnología tan madura como es la pila de botón, pero es más que suficiente para aplicaciones de pequeño formato y de un solo uso", defiende.

¿Cómo se crea energía de fluidos humanos?

Con todas las explicaciones de esta física queda más o menos claro el funcionamiento y objetivo de estas baterías de usar y tirar pero, ¿cómo funcionan exactamente? ¿Cómo es posible crear energía con nuestros fluidos? La respuesta está en la glucosa y la oxidación de sus moléculas, lo que inevitablemente nos recuerda a los glucómetros. "Nosotros usamos la misma estrategia [que los glucómetros], pero le acoplamos un cátodo (un electrodo) como si fuera una batería", explica Sabaté.

¿El resultado? "Esto genera energía porque hay un voltaje y cuanta más glucosa tiene una persona, más energía genera", continúa la investigadora, que explica que este es el motivo por el que cada persona podrá generar una cantidad diferente de energía. "Se genera energía porque hay un voltaje y cuanta más glucosa tiene una persona, más energía se genera", zanja.