Chevrolet ha decidido que el Corvette tome un nuevo rumbo, que cambie su filosofía para adaptarse a unos requerimientos que le permitan poder competir verdaderamente de tú a tú contra algunos de sus rivales. Por eso, 66 años y siete generaciones después, el legendario modelo americano deja de llevar el motor en la parte frontal para comenzar a llevarlo justo por detrás del puesto de conducción en posición central-trasera.

Para los aficionados más puristas, el nuevo Corvette desvelado hace unos meses, que presenta estas características, ya no debería denominarse de tal modo debido a que ha perdido su esquema tradicional y su emblemática silueta de capó largo y habitáculo retrasado. Esto quiere decir que, para muchos, el último Corvette auténtico es el C7, haciendo que este modelo tenga un reconocimiento especial y que incluso con el tiempo se llegue a revalorizar.

Chevrolet Corvette C7 | Barrett-Jackson

Pero si hay una unidad especial del Corvette C7 por encima de todas, esa es la última que se ha fabricado y que dice adiós a la disposición mecánica tradicional. Esa última unidad acaba de salir de la cadena de montaje de la factoría de Bowling Green, Kentucky, e irá directo al garaje de su dueño, ya que este coche fue adjudicado el pasado mes de junio en una subasta de Barrett-Jackson antes de ser fabricado.

El estadounidense Rick Hendrick, propietario del equipo de NASCAR Hendrick Motorsports, fue quien no quiso dejar escapar este ejemplar para su colección de coches, pujando una cantidad de 2,7 millones de dólares por él. Este Corvette es un Z06 de color negro, con llantas negras y tapicería de cuero negra y roja. Todo el dinero recaudado será donado por General Motors a la fundación ‘Stephen Siller Tunnel to Towers’ que lo destinará a la construcción de viviendas adaptadas para veteranos militares heridos.

Chevrolet Corvette C7 | Barrett-Jackson