EL PRECIO ERA LA CLAVE
Decían que la gente no quería coches eléctricos. Volkswagen ha lanzado uno por 25.000 euros y ya acumula 10 meses de espera
El Volkswagen ID. Polo apunta a convertirse en uno de los eléctricos más importantes de Europa. Su precio ronda los 25.000 euros y la demanda ya ha disparado los plazos de entrega.

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Durante los últimos años hemos escuchado una y otra vez que el coche eléctrico no termina de convencer al comprador europeo. Que si la autonomía, que si los cargadores, que si todavía no estamos preparados para abandonar la gasolina. Pero quizá había una explicación bastante más sencilla: muchos eléctricos seguían siendo demasiado caros.
Volkswagen acaba de aportar un argumento interesante a este debate. Su nuevo ID. Polo nació con la promesa de acercar el coche eléctrico a los 25.000 euros y ahora, apenas unos meses después de abrir los pedidos, la demanda está llevando algunas entregas hasta una espera de diez meses.

Un Volkswagen eléctrico por unos 25.000 euros cambia las cosas
El ID. Polo no pretende ser el eléctrico más rápido, el que tenga la batería más grande ni el que pueda recorrer más kilómetros. Su apuesta es bastante más sencilla: ser un coche eléctrico que pueda comprar mucha más gente.
Volkswagen presentó este modelo precisamente con una tarifa de partida en el entorno de los 25.000 euros. En España, la versión de acceso con batería LFP de 37 kWh, 116 CV y algo más de 300 kilómetros de autonomía tiene un precio oficial que ronda los 26.000 euros antes de promociones y ayudas.
De hecho, ya te contamos que el ID. Polo ha conseguido prácticamente igualar el precio de un Polo de gasolina, algo que hasta hace muy poco parecía complicado en un eléctrico europeo.
Y parece que el mercado ha respondido. Las informaciones conocidas en los últimos días hablan de alrededor de 30.000 pedidos del ID. Polo en Europa y de plazos de entrega que, dependiendo de la configuración, pueden alcanzar ya los diez meses.

Quizá no era que la gente no quisiera eléctricos
Conviene no sacar una conclusión demasiado grande de un único modelo. Que el ID. Polo esté funcionando bien no significa que hayan desaparecido de repente todos los inconvenientes que todavía rodean al coche eléctrico.
Para quien no puede cargar en casa, recorre habitualmente grandes distancias o vive en determinadas zonas, un gasolina, un híbrido o incluso un diésel puede seguir encajando mejor.
Pero el éxito inicial del pequeño Volkswagen sí pone sobre la mesa una cuestión interesante: ¿hasta qué punto hemos confundido el rechazo al precio del coche eléctrico con un rechazo al propio coche eléctrico?
Durante mucho tiempo, el comprador que buscaba un utilitario o un compacto relativamente asequible se encontraba con una situación complicada. Pasarse al eléctrico podía significar gastar varios miles de euros adicionales respecto a un equivalente de gasolina.
El ID. Polo reduce muchísimo esa diferencia. Y, de repente, tenemos a miles de compradores dispuestos a ponerse en una lista de espera que puede acercarse al año.

Volkswagen ha hecho justo lo contrario de lo que hacía hace unos años
También ha cambiado la propia filosofía del producto. El ID. Polo mide poco más de cuatro metros, mantiene un formato eminentemente urbano y ofrece versiones que no persiguen cifras espectaculares.
La batería más asequible tiene 37 kWh útiles y utiliza química LFP. Su autonomía supera ligeramente los 300 kilómetros. Sobre el papel puede parecer modesta frente a eléctricos que anuncian 500 o 600 kilómetros, pero permite contener uno de los componentes más caros de cualquier eléctrico: la batería.
Quien necesite viajar más también puede optar por la batería de 52 kWh y autonomías superiores. Pero Volkswagen ya no obliga al comprador urbano a pagar una enorme batería que quizá nunca necesite.
Y hay otro detalle importante. El ID. Polo tampoco es un experimento llegado de una marca desconocida. Es un Volkswagen, utiliza uno de los nombres más reconocibles de la compañía y se fabrica en España, concretamente en Martorell, junto a la nueva generación de eléctricos pequeños del Grupo Volkswagen.

El coche eléctrico barato empieza a dejar de ser una promesa
Volkswagen no está sola. Renault, Citroën, CUPRA, Skoda y los fabricantes chinos están empujando el mercado hacia una generación de eléctricos más pequeños y, sobre todo, más asequibles.
Es probablemente ahí donde se va a librar una de las batallas más interesantes de los próximos años. No en demostrar quién puede fabricar un eléctrico de 600 CV o quién consigue instalar la batería más grande, sino en quién consigue ofrecer un coche de uso diario a un precio que un comprador convencional esté dispuesto a pagar.
El ID. Polo todavía tendrá que demostrar muchas cosas a lo largo de su vida comercial y 30.000 pedidos no permiten sentenciar qué ocurrirá con el mercado eléctrico europeo.
Pero esos pedidos y, especialmente, unos plazos de entrega que ya pueden alcanzar los diez meses sí dejan una pista difícil de ignorar.
Quizá la gente nunca dejó de querer coches eléctricos. Lo que no quería era pagar cualquier precio por ellos.
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