Las expresiones faciales quedan parcialmente ocultas tras la mascarilla, lo que disminuye la calidad de la comunicación perdiéndose una parte esencial, la comunicación no verbal. En primera instancia esto afecta a las personas sordas o con discapacidades auditivas que leen los labios, pero también afecta a todos los demás. Puedo sonreír tras la mascarilla y la sonrisa se siente a través de la radio, pero se diluye a través de la pantalla. Se siguen haciendo películas, series y programas de televisión. Salvo excepciones, quienes dan la cara en medios audiovisuales trabajan sin mascarilla porque es impropio hacerlo de otra manera. Esto entraña un riesgo laboral, de lo que se trata es que sea lo más pequeño posible.

La mascarilla reduce la probabilidad de contagio

La vía principal de contagio es el contacto entre personas, a través de las partículas que expulsamos al hablar, toser o estornudar que transportan el coronavirus. Las partículas de más de 100 µm describen trayectorias balísticas con un alcance máximo de 2 m, de ahí la distancia interpersonal de seguridad. Al principio se pensaba que estas gotas eran la principal vía de contagio. Ahora se sabe que los aerosoles son tan importantes.

Las partículas de menos de 100 µm se comportan como aerosoles, se mantienen flotando, por eso es tan fácil inhalarlas. Al hablar emitimos 10 veces más aerosoles que al respirar. Al gritar o cantar 50 veces más. Cuanto más pequeñas sean las partículas, tendrán más alcance y permanecerán más tiempo en suspensión. Por eso el uso de mascarilla ha resultado ser una medida muy útil para evitar contagios.

Además de la mascarilla es importante mantener la distancia y optar por espacios poco concurridos y bien ventilados. La evidencia científica es clara: los contagios más numerosos se están produciendo en espacios cerrados.

Para que el riesgo de contagio se aproxime a cero hay que combinar cuantas más medidas mejor: distancia, mascarilla, higiene y ventilación. Todas ellas son importantes y lo ideal es cumplirlas todas a la vez, pero algunas actividades profesionales y algunas circunstancias particulares lo impiden. Hay quien tiene que permanecer junto a otras personas en espacios pequeños sin apenas ventilación, incluso en su puesto de trabajo o para llegar a él; y hay profesiones difícilmente compatibles con el uso continuado de mascarilla, como actuar, ser presentador de televisión o ser músico y tocar un instrumento de viento.

Una excepción dentro de la norma

Según la normativa actual del Ministerio de Sanidad, el uso de mascarilla es obligatorio en la vía pública, en espacios al aire libre y en cualquier espacio cerrado de uso público o que se encuentre abierto al público, siempre que no sea posible mantener una distancia de seguridad interpersonal de al menos dos metros. Quedan exentos los menores de seis años, las personas con problemas de salud, respiratorios o con alguna discapacidad que hagan inviable su utilización, y durante el desarrollo de actividades en las que, por la propia naturaleza de estas, resulte incompatible el uso de la mascarilla. En esta última excepción se encuentran algunos trabajos artísticos y audiovisuales: películas, obras de teatro, conciertos, series o programas de televisión.

Sobre este marco normativo cada comunidad autónoma ha establecido medidas más concretas. Por ejemplo, la Comunidad de Madrid no obliga al uso de mascarilla durante las intervenciones de las partes en toda clase de procesos judiciales, o en los centros de trabajo siempre que se pueda garantizar la distancia de seguridad interpersonal, entre otras. Así mismo, la Consellería de Sanidade de la Xunta de Galicia ha establecido unas medidas concretas de higiene y prevención comunes a los colectivos artísticos y en la producción y rodaje de obras audiovisuales. Bajo la presunción de que la mayoría de estas actividades son incompatibles con el uso de mascarilla, las medidas que se establecen consisten en mantener la distancia de seguridad, no compartir vestuario, reducir los equipos de trabajo al número imprescindible de personas y diseñar unos protocolos particulares para cada actividad a fin de minimizar el riesgo.

Cómo se minimiza el riesgo de contagio

Una de las medidas más empleadas en televisión son los test periódicos de todo el personal. Son una herramienta de detección y rastreo eficaz.

Todas las personas que trabajan detrás de las cámaras llevan mascarilla y cumplen con el resto de las medidas sanitarias como en cualquier otro trabajo convencional, a excepción de microfonistas, maquilladores y peluqueros que no pueden mantener la distancia. Habitualmente refuerzan la protección de la mascarilla con pantallas faciales.

Los que estamos delante de las cámaras llevamos siempre mascarilla y nos la retiramos solo durante el momento de retransmisión o grabación. Toda la gente a nuestro alrededor va ataviada con la mascarilla salvo nosotros.

Si hay varias personas en el plató, el riesgo se minimiza manteniendo la distancia interpersonal, cuanta más mejor. Los colaboradores se sientan a dos metros o más. O charlan de pie manteniendo la distancia.

En algunos platós en los que la distancia no se puede garantizar se ha optado por colocar mamparas de metacrilato entre los contertulios. En algunos programas a los invitados que no colaboran con asiduidad se les pide llevar mascarilla, a fin de limitar los contactos de los colaboradores habituales a la burbuja profesional.

Una de las cosas que como espectador es difícil de percibir es el tamaño de los platós de televisión. Son mucho más amplios de lo que parece. Los techos suelen rondar los 10 metros de altura, lo que facilita la dispersión de los aerosoles casi como si se tratase de un espacio al aire libre.

Los niveles de CO2 en el ambiente dan la medida de lo semejante que es un recinto a un espacio abierto. Al respirar, entre otros gases y partículas exhalamos dióxido de carbono. Cuantas más personas, cuanto más agitada sea su respiración, cuanto más pequeña sea la habitación, y cuanto peor ventilada esté, más dióxido de carbono se irá acumulando. Por eso la concentración de CO2 sirve para evaluar lo potencialmente peligrosa que es una estancia, y si la estrategia de ventilación utilizada está resultando eficaz.

La concentración de CO2 en exteriores ronda los 400-420 ppm (partes por millón), lo que quiere decir que, por cada millón de moléculas de aire, 400-420 son de CO2. Se considera que una estancia está bien ventilada cuando la concentración de CO2 es de 800-950 ppm.

Por eso en los platós de televisión se usan medidores de CO2. Entre la ventilación y el tamaño, nunca he visto un plató que superase los 600 ppm. A efectos prácticos, trabajar sin mascarilla en un plató de televisión es equivalente a hacerlo en exteriores.

Una de las prácticas que más ha crecido en televisión durante la pandemia son los dúplex. Los dúplex son las conexiones en directo con personas que están en localizaciones diferentes. Se ha ido normalizando ver en televisión despachos, oficinas y localizaciones poco convencionales, con escenografías más propias de YouTube o IGTV. De esta manera se reducen los contactos y además se evitan viajes.

Cualquier trabajo que tenga que realizarse sin mascarilla en presencia de otras personas acarrea riesgo de contagio. De lo que se trata es que las otras medidas sanitarias lo compensen en la medida de lo posible.

Algunas personas creen que quienes trabajamos en televisión deberíamos "dar ejemplo" usando mascarilla. He reflexionado mucho sobre esto. Creo que la mejor forma de dar ejemplo es contar con total transparencia cómo se hace, sin ocultar los riesgos y explicando que es posible trabajar así de forma suficientemente segura. Hay una labor esencial para quienes nos dedicamos a la comunicación, que va más allá de un simple "dar ejemplo", que es la que define y da sentido a la profesión: informar.