Un refugiado venezolano en España es entrevistado por la televisión de Canarias para que cuente sus sensaciones sobre el secuestro de Nicolás Maduro y la acción criminal de EEUU en Venezuela. Al terminar pide hacer una última apreciación, la presentadora se lo permite y el refugiado dice: "Ahora le toca a España". Gilipollas hay en todo el mundo y de todas las nacionalidades, pero la peculiaridad de la gusanera fascista venezolana en España no podemos eludirla porque tiene la capacidad de mover la sociedad española a posiciones reaccionarias a través de su poder económico y de su influencia política. La izquierda no puede ignorar este proceso y permitir que actúe contra sus intereses.

Entre exigir adaptarse a la cultura del país que te acoge y respetar los procesos democráticos no siendo un agente que pide golpes militares hay un trecho que cualquiera bien nacido tiene que entender. El problema del colectivo de la gusanera fascista venezolana en España es que esta manera de pensar está muy extendida por el gobierno del que huyen. El mismo proceso de radicalización del territorio que estamos viviendo en España con la llegada de miles venezolanos de una ideología específica es el que se ha visto en estados de EEUU con la diáspora cubana y es un problema político de primer orden, no por su origen, sino por su ideología.

Madrid es un ejemplo paradigmático de esa realidad. Miami en España. En la Puerta del Sol se reunían miles de esos miembros de la gusanera fascista, que habían sido asilados muchos de ellos por el gobierno socialista, gritando "Pedro Sánchez hijo de puta" mientras celebraban el secuestro de Nicolás Maduro por el imperialismo americano. Actuar como una caterva de parásitos puede servirles para lograr el favor de la extrema derecha, pero lo que lograrán es conseguir el repudio de una parte importante de la población española que no solo los verá como enemigos, sino como escoria desagradecida por despreciar con semejante ira a un gobierno que les ha prestado todo el apoyo.

El mayor error del gobierno socialista de estos años es haber sido tan laxo con la concesión de asilo a una caterva de fascistas que representan lo peor de la ultraderecha mundial y que han sido correa de transmisión de la peor propaganda ultra que asimila cualquier gobierno progresista a una peste a erradicar. Una cosa es dar asilo a personas vulnerables que huyen de la represión, que los ha habido, y otra convertirse de manera voluntaria en depositario de una quintacolumna antidemocrática que no discrimina entre gobiernos autoritarios y democráticos cuando los que están en el poder no comparten su ideología.

El principal papel de los líderes fascistas venezolanos en España ha sido tejer alianzas con la extrema derecha española y trabajar para la ultraderechización de la sociedad con sus libelos como 'The Objective' y con el dinero de 'Little Caracas'. Todo esto sin mencionar el proceso de especulación inmobiliaria que está provocando el encarecimiento del acceso a la vivienda de quienes menos recursos tienen sin importar su origen.

La libre expresión es un derecho inalienable de cualquiera y eso no se le puede privar a nadie por el hecho de ser inmigrante o refugiado, pero hay que ser consciente de que pedir una intervención militar en el país que les ha acogido porque no responde a sus intereses ideológicos es de una gravedad que no puede ser tolerada sin importar el origen de que quien lo pide, pero que en el caso de la diáspora venezolana tiene la capacidad de cambiar la realidad social y política del país.

La composición sociológica de la gusanera venezolana es completamente diferente a la de cualquier otro grupo de inmigrantes porque está compuesta por individuos con mucho más poder económico que el que puede tener toda la izquierda poscomunista española. Los fascistas venezolanos en España tienen suerte de que los valores progresistas, muy alejados de los ultras a los que se acercan, nunca propondrán su expulsión a pesar de que su presencia atente contra los intereses progresistas, pero vengo del pasado para enseñarles su futuro, si los ultras ganan las elecciones en España igual tienen que ver cómo algunos de sus familiares es deportado con una fuerza paramilitar similar al ICE trumpiano. La estupidez a veces se paga. No está tan mal que eso ocurra.