No es muy difícil llegar a ser presidenta de la Comunidad Autónoma de Madrid cuando has ido adquiriendo una serie de capacidades a lo largo de tu vida, aunque esta sea muy exigua. Es muy fácil alcanzar una de las máximas responsabilidades políticas de un país practicando un elogio inconsciente de la obra de Bourdieu. Dando rienda suelta a la endogamia sin disimulo, agolpando los nudillos contra la alta puerta, moviendo la lengua en la oreja adecuada mientras te rodeas de amigos con capacidad ejecutiva, viviendo en un entorno de poder siendo sumiso, servil y callando mucho sin vergüenza alguna hasta que seas tú el que calle a otros. El gobierno de la Comunidad de Madrid podría llamarse el de los niñatos con alto medro.

Es muy probable que Isabel Díaz Ayuso crea que se merece el puesto que ha logrado. Colocada a dedo por otro con sus mismas aptitudes sabe que hay que tragar mucha mierda ajena de sus mayores hasta que llega una oportunidad así. Esto es el Partido Popular de Madrid, una pléyade de paniaguados con una inmensa capacidad para tragarse sin masticar ingentes, colosales cantidades de mierda. Con asco pero con una sonrisa siempre dibujada. Una aptitud muy celebrada internamente y que les sale muy natural a los que la han practicado con efusión. La del gesto risueño mientras degluten las deposiciones de su partido.

Para Díaz Ayuso este cargo es una justa recompensa después de haber ejercido con maestría aquello que sabe hacer. Lograr sin esfuerzo ni capacidad algo que otros jamás consiguen con mucho esfuerzo y alta capacidad. La mayoría de los ciudadanos necesitan muchos años de trabajo para adquirir una vivienda en propiedad; a ella le ha bastado con aceptar una en donación de su padre después de haber medrado para conseguir un préstamo que la mayoría de pequeñas empresas no sueñan alcanzar. Díaz Ayuso no ha tenido que trabajar ni esforzarse para lograr nada de lo que tiene. Todo le ha venido regalado ejerciendo la medra con los que mandaban cerca de ella. Que hacía falta un crédito, pues se recurría a los amigos, que los bancos son para los pobres. Nada de lo que tiene lo ha logrado por la valía y el mérito con los que llena su discurso, sino siendo parte de un colectivo privilegiado cuyos miembros se cuidan entre ellos cuando todavía hay remedio. Porque cuando ya no lo hay se abandonan en cualquier descampado, que en el PP no son los partisanos de Tito que no abandonan a los heridos. Como haya gangrena te arrojan al Neretva.

No se deja a los compañeros útiles, que no válidos, sin cargo público que caliente el riñón y se premia el servilismo. Son las dos premisas fundamentales de la derecha aguirrista madrileña. Por eso se coloca a Pedro Aguado en el cargo de director general de Juventud. Porque quien pone su cargo con mayúsculas hasta en las preposiciones augura un buen uso del lametazo en el zapato mientras deja en evidencia su alta preparación lograda en un concurso amañado que criminalizaba a la juventud de familias desfavorecidas y usaba técnicas terapéuticas que buscaban más el show televisivo que ayudar a los jóvenes. Es perfecto para el gobierno de Díaz Ayuso.

 

Un gobierno con miembros hipopreparados que solo saben utilizar el enchufe y la llamada, el halago al jefe y la sumisión absoluta al argumentario. Es, sin embargo, uno de los gobiernos más ideologizados y peligrosos que ha tenido la Comunidad de Madrid. Es un gobierno basado en la fe. En la creencia absoluta de que el ideario de Esperanza Aguirre funciona. Porque funciona. Es el mejor gobierno para hacer negocios con la sanidad y la educación, benefactor de los ricos y que sirve para aumentar de forma exponencial la desigualdad. Para transmitir y defender que bajar impuestos de forma generalizada es bueno para la economía y la clase trabajadora es necesario no tener el mínimo conocimiento y creer en lo que los mayores te han contado y has masticado de forma acrítica durante años. Para eso, Díaz Ayuso es la idónea. La mejor posible. No hay otra igual.