Muchas veces cuando los niños y niñas están diferentes a como están siempre, solemos decir que tienen nervios, que están intranquilos. Y sí, claro está que es posible, sin embargo es importante, como padres y madres, estar atentos a sus comportamientos y observar si se mantienen en el tiempo porque pueden tener ansiedad. Detrás de esos síntomas o comportamientos podría esconderse un problema de ansiedad o un trastorno de ansiedad que será mejor tratar y solucionar cuanto antes.

La ansiedad no es solo cosa de adultos, de jóvenes o de adolescentes. Los niños también la sufren aunque la manifiestan -lógicamente- de forma diferente a lo adultos ya que no pueden expresarse como les gustaría.

"Se estima que 1 de cada 5 niños sufre un trastorno psicológico, siendo la ansiedad el más prevalente, por encima de los trastornos de conducta u otros", afirma a laSexta la psicóloga Úrsula Perona, miembro de la comunidad de expertos Educar es todo y directora del Instituto Úrsula Perona Psicología avanzada.

"Hay muchos trastornos de ansiedad, desde la ansiedad generaliza, que supone una preocupación excesiva por eventos cotidianos, la fobia o ansiedad social, que implica reacciones ansiosas ante las relaciones sociales, las fobias simples (a las agujas, a los perros, a la oscuridad…) o el trastorno obsesivo compulsivo, caracterizado por obsesiones y compulsiones", aclara la experta.

Y las causas además, pueden ser muy variadas: desde problemas escolares hasta problemas familiares (discusiones de los padres, divorcios, muerte o enfermedad en la familia, disciplina o sobreprotección...) o experiencias traumáticas. La pandemia del COVID-19, por desgracia, "ha precipitado significamente el empeoramiento de la salud mental en general, de toda la población, pero especialmente de los adolescentes, un grupo bastante vulnerable por los importantes cambios que suceden en esta etapa vital", asegura la experta.

Síntomas físicos y psicológicos

Los miedos y las preocupaciones forman parte forman parte del desarrollo evolutivo normal de todo niño, por lo que "sólo en determinadas circunstancias puede constituir un problema", explica el Dr. José Carlos Espín, psiquiatra y coordinador de la Unidad Infantil del Hospital Universitario 12 de Octubre (Madrid). Por lo que -añade- debemos estar atentos a si esos síntomas se mantienen o persisten en el tiempo o cuando son tan intensos que interfieren en la vida de los pequeños.

También debemos matizar que la ansiedad es una respuesta natural del organismo ante un peligro. "Todas las personas, independientemente de su edad, pueden sentir ansiedad. Y es necesario que exista, pues nos permite movilizar nuestros recursos y protegernos en caso de peligro. El problema es cuando la ansiedad se presenta ante situaciones cotidianas que no revisten peligro, o aun siendo acorde a la situación, se presenta en una intensidad desbordante", explica Perona.

Hay que prestar atención cuando los síntomas persistan en el tiempo o cuando sean tan intensos que interfieran en la vida de los niños y niñas

Dr. José Carlos Espín, psiquiatra

Los niños por supuesto que sufren ansiedad, sostiene la experta en psicología, "pero el problema es que la manera en que se manifiesta en esta etapa puede no ser tan evidente como en la adultez, algo que puede dificultar la identificación". Esto es, que nos cueste más ver o detectar si nuestro hijo/a tiene un problema de ansiedad. De ahí que debemos prestar atención a los síntomas que pueden ser o manifestarse de dos formas: síntomas físicos y síntomas psicológicos.

En cuanto a los síntomas físicos, es frecuente que los pequeños sufran somatizaciones: que se quejen de que les duele la barriga o la cabeza, o incluso tengan vómitos. También puede ser frecuente que duerman peor -incluso que haya insomnio- o que no tengan ganas de comer, tengan inapetencia.

Por otro lado, en cuanto a los síntomas psicológicos, es común observar falta de concertación e irritabilidad. "Si la ansiedad se prologa en el tiempo, suele afectar al estado de ánimo y suele provocar mucho malestar. En ese caso podremos observar tristeza o desánimo, apatía, o bajada del rendimiento escolar", enumera la psicóloga. También pueden aparecer conductas de evitación como no querer ir al cole.

Por lo que de forma general, podemos decir que en los niños es frecuente que manifiesten la ansiedad con somatizaciones (sobre todo dolor de estómago y de cabeza), problemas de conducta, irritabilidad, miedos o fobias y preocupaciones en forma de anticipación.

Qué hacer y cómo ayudar

Lo más importante que como adultos debemos tener en cuenta, es que se perciba un cambio sustancia en el comportamiento de los niños y niñas. Esto es, "la idea es que los padres y madres perciban un cambio, un patrón de conducta duradera en el tiempo. Esto no es algo no es algo que aparezca de forma puntual ni de forma transitoria en relación con un estresor porque eso formaría parte de la normalidad. Tiene que haber un cambio en su conducta que persista en el tiempo", explica Espín. Sería entonces cuando deberíamos plantearnos pedir ayuda.

Lo mejor es pedir ayuda profesional cuando tengamos dudas. Una buena evaluación por parte de un psicólogo infanto juvenil nos permitirá saber si existe un trastorno de ansiedad y en ese caso, tratarlo

Úrsula Perona, psicóloga

Para diferenciarla de los “nervios” (típico en los niños) o el estrés puntual, es importante ver el impacto que tiene esos síntomas en el niño, cómo le afecta en su vida cotidiana, y el malestar que le provoca. "Puntualmente es normal sentir ansiedad, pero no de manera continuada o muy intensamente", sostiene Perona.

Tal como aconseja esta experta, lo mejor es pedir ayuda profesional cuando tengamos dudas. "Una buena evaluación por parte de un psicólogo infanto juvenil nos permitirá saber si existe un trastorno de ansiedad y en ese caso, tratarlo. La detección temprana y la intervención terapéutica mejoran significativamente los síntomas, y lo que es más importante, evitan que se cronifiquen. No olvidemos que en torno al 50% de los problemas psicológicos tienen su origen en la infancia y la adolescencia", afirma.

Dos aspectos que pueden ayudar a manejar mejor este tipo de problema es por una lado saber qué es la ansiedad y por otro, no evitar el problema. "Muchas veces, por desconocimiento de lo que es la ansiedad, los padres nos convertimos en moduladores de esa ansiedad, evitando a los niños que se expongan a ella y consolidando, sin querer, el problema", explica Perona. Por otro lado, en ocasiones puede ocurrir justo lo contrario, que "le quitemos importancia a sus emociones, invalidándolas y haciendo que los niños se retraigan y dejen de contarnos lo que les sucede; y lo normalicen".

Por ello, lo recomendable es que si observamos en nuestros hijos e hijas síntomas que nos preocupan, consultemos con un profesional para saber qué está pasando y para que nos de pautas sobre la mejor manera de ayudarle", concluye.