Sabemos que no es fácil que los niños coman verduras y hortalizas, pescados o legumbres. O al menos, no siempre. De propina además, nos solemos llevar alguna rabieta. Pero si les enseñamos desde pequeños, desde sus primeros meses de vida, una serie de hábitos saludables será mucho más fácil que lleven después una dieta sana. Y que les guste comer de todo. Sea brócoli, acelgas, frutas, lenguado o lentejas.

Tan solo hace falta que los padres tengan a mano unos sencillos trucos de alimentación y cierta dosis de paciencia para superar la inapetencia infantil. Aprovechemos las vacaciones de verano para ponerlos en práctica, ya que pasamos más tiempo de ocio y de comidas con los pequeños.

No podemos obviar ni dejar de lado los datos de sobrepeso y obesidad infantil: por desgracia, no son buenos. En España, el 40% de los niños y adolescentes (de 3 a 24 años) tiene sobrepeso u obesidad siendo la incidencia mayor en hombres que en mujeres, tal como señalan los últimos datos -publicados en 2029- del 'Estudio Nutricional de la Población Española' (ENPE) de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).

Durante 2 primeros años: BLW

Desde los primeros meses de vida podemos conseguir que nuestros hijos sienten las bases de una buena alimentación. “Los menores de 2 años son los que mejor comen, nunca en la vida se come tan bien como en esos años, luego cuando van creciendo, las cosas suelen complicarse más”, afirma a laSexta el doctor Ivan Carabaño, del servicio de Pediatría del Hospital Universitario 12 de Octubre (Madrid).

La costumbre clásica de los padres y madres es ofrecerles un puré de verduras con alguna fuente proteica de origen animal (carne o pescado). “Mantener esa costumbre está muy bien. Sin embargo, es importante que ese puré se alternen con otra forma da dar al bebé comida solida en formato de ‘cachitos’ o ‘trocitos', es decir aplicar la conocida técnica ‘Baby-led Weaning’ (BLW) o ‘alimentación autorregulada por el bebé’”, sostiene. Esto es, presentar al niño diferentes alimentos como frutas o verduras cortadas en trozos muy pequeños o en cachitos que el bebé pueda manipular y llevarse a la boca sin problema.

Además de puré, debemos dar a los bebés comida sólida en trocitos o cachitos, que ellos puedan manipular y llevarse a la boca

Iván Carabaño, pediatra

Desde los 6 meses de edad, cuando comienza la llamada alimentación complementaria, “le podemos ofrecer todo tipo de sólidos con los que el bebé pueda ‘jugar’. Por ejemplo, carne picada, zanahoria cocida en forma de ‘palitos’, fruta en forma de tiras o ‘bastones’, etc.”, explica la dietista-nutricionista Natalia Moragues, CEO del Centro Alvida (Sevilla) y autora del libro recientemente publicado ‘Empieza a comer sano. Guía práctica para una primera infancia saludable’.

Que pueda ir jugando y experimentando con la comida por sí mismo. Serán los padres lógicamente, quienes elijan qué alimentos darle, por lo que será importante introducir alimentos saludables como frutas, verduras o legumbres para ir así acostumbrando su paladar.

Cuanta más variedad de texturas y sabores, mejor

"A partir de los 6 meses un niño está preparado para empezar a comer sólido, sin que haya que triturárselo todo, obviamente adaptados a formas y texturas que le no provoquen atragantamiento”, explica Moragues.

Por ello, además de los purés o potitos clásicos de siempre, es importante darle al bebé comida sólida en formatos que pueda manejar bien porque "cuanta más variedad de texturas tenga, mejor. De lo contrario, luego cuando crezca, cuando sea mayor, se volverá exclusivo con la comida”, afirma esta experta.

Así que aprovechemos ese momento de la alimentación complementaria, desde los 6 hasta los 12 meses, en que los niños se suelen llevan todo a la boda, para intentar que su alimentación sea lo más variada posible en cuanto a texturas, olores, colores y sabores para diversificar su alimentación en el futuro", indica la experta.

Intentar que su alimentación sea lo más variada posible en texturas, olores, colores y sabores

Natalia Moragues, dietista-nutricionista

Por último, es fundamental tener en cuenta que para sentar las bases de una alimentación sana en el futuro, debemos darle a los bebés, en estos primeros años de vida, comida real. "Cuanta más comida real y casera, mucho mejor. Y cuanto más evitemos los llamados productos de ‘alimentación infantil’ como galletas para bebés, cereales, etc. también mucho mejor porque suelen llevar muchos azúcares", indica la nutricionista.

Es importante -insiste Moragues- que estos productos sean solo para tomar o consumir en ocasiones puntuales. Igual que los alimentos muy salados como por ejemplo los gusanitos, que sean algo excepcional y no la norma del día a día.

"Si desde tan pequeños, les damos a diario los alimentos o productos de ‘alimentación infantil’ les modificamos el paladar; y cuando le demos un fruta al niño seguro que nos la rechaza porque le hemos acostumbrados a mucha azúcar. Lo ideal es que hasta los dos años no se les dé azúcar a los niños”, aconseja.

¿Qué les pasa a los niños con las verduras?

Cuando los niños crecen, los dos alimentos más “complicados” son las verduras y los pescados. “Esos son los dos grandes caballos de batalla de la alimentación infantil”, sostiene el doctor Carabaño.

El problema con respecto al pescado es que “a muchos niños les molesta comer pescado por las espinas, en cambio el pescado desespinado sí puede ser más fácilmente incorporado”, indica.

Y en el caso de las verduras -continúa explicando el doctor- tenemos la tendencia histórica de que las verduras son un alimento punitivo dentro de alimentación (se usan como castigo) algo que es totalmente un error porque la comida no se debería usarse ni como castigo ni tampoco como premio.

Además, clásicamente las verduras estaban presentada en formato de sobrecocción, es decir, con una cocción excesiva y ello genera a veces un olor un tanto desagradable, sobre todo en ciertas verduras como la coliflor. Es por eso que a los niños les cuesta tomarlas.

Inapetencia infantil: 5 claves para que tomen verduras

Si nuestros hijos han crecido y no les agrada demasiado las verduras y las hortalizas, existen algunas claves o consejos para conseguir que coman y disfruten de las verduras, que ahora en las vacaciones de verano podemos poner en práctica.

“Una buena estrategia ahora en verano es invitar a las verduras a la fiestas. Por ello, podemos hacer barbacoas donde haya verduras (verduras a la parrilla por ejemplo) y así asociamos un momento lúdico con las verduras y hortalizas. Hacemos una asociación positiva”, dice Carabaño.

Otro consejos es que tomen las verduras en formatos más apetecibles como en crudo (en ensaladas), al horno o la plancha y no siempre cocidas. “A los niños les gusta mucho los empanados por lo que puede ser otra opción, por ejemplo, ofrecérselas en tempura o incluso en croquetas. Hay muchas variedades”, indica el doctor. Podemos también jugar con otros formatos como por ejemplo, cortar el calabacín en tiras a modo de espaguetis o cocinar láminas de berenjenas como si fuesen bases ‘pizzas’ y ponerles encima tomate, atún y algo de queso rallado. La creatividad es importante. No podemos presentar las verduras de forma aburrida y siempre en el mismo formato. Hay que experimentar.

Hacer fiestas como barbacoas donde estén presenten las verduras. La clave está en asociar los vegetales con algo festivo y lúdico

Iván Carabaño, pediatra

“Una cosa que a los niños les gusta mucho porque son como esponjas de conocimiento, es llevarles al campo para que vean huertas y cosechas”, añade Carabaño. En casa sitio encontraremos unas hortalizas diferentes y los niños pueden ver cómo crecen o cómo se plantan y explicarles no sólo el proceso sino también la importancia que tienen en cuanto a vitaminas y minerales para su alimentación. "Si los niños ven que tiene propiedades para su salud, las verán con otros ojos".

También -y aunque pueda parecer una nimiedad- es de gran ayuda para que los niños se aficionen a los vegetales, llevarles a los mercados tradicionales y que se dejen llevar por los colores.

Por último, y no menos importante “es que nosotros, padres y madres, comamos verduras delante de ellos. Porque los niños aprenden por imitación y ese rechazo de los niños a las verduras en ocasiones viene porque los propios padres les rechazan”, finaliza.