Reseña de 'La comunidad imaginada' de Andrea Toribio
Los hombres que no amaban a las escritoras y se empeñaron en inventar un canon para sus libros

Editorial: Siglo XXI
Fecha de publicación original: 2026
Andrea Toribio persigue el fantasma de la 'Literatura de mujeres' en La comunidad imaginada, un ensayo lúcido que propone una mirada nueva desde la que reivindicar a sus autoras.
Benedict Anderson acuñó el término Comunidades imaginadas para hacer referencia a un espacio simbólico en el que, quienes participaban de dichos grupos, compartían un sentido de la existencia o la política en comunión. Podríamos tildar de 'imaginadas' a todas las comunidades puesto que, antes de existir, alguien debió de desearlas primero.
Un espacio desde el que la crítica y el canon creado por los hombres a lo largo de siglos de historia no son capaces de permear
Esa línea del deseo es la que recorre la escritora, editora y crítica literaria Andrea Toribio en La comunidad imaginada. Un ensayo que parte de un argumento claro en su subtítulo ("La invención masculina de la escritura de las mujeres"), desbordándose en distintos géneros literarios, transformándose en diario, desdoblándose como investigación y dejando un profuso dietario de autoras desde el que fantasear con otros espacios donde compartir su literatura.
En aquel lugar las ideas de unas y otras no se contraponen, no se utiliza la popularidad o anonimato de sus nombres para enfrentarlas, los debates giran en torno a lo escrito y no a la vigencia de una 'ola', 'moda' o 'respuesta a lo social'. Un espacio desde el que la crítica y el canon creado por los hombres a lo largo de siglos de historia no son capaces de permear en aquello que las mujeres escriben.
Un cuatro de atrás propio
Se podría enumerar la literatura feminista en torno a sus cuartos. El que reclamaba Virginia Wolf para poder sentarse a escribir, el que Carmen Martín Gaite evocaba como trastienda de su pensamiento o uno compuesto por millones de estancias, en el caso de Tamara Tenenbaum y su Un millón de cuartos propios, conecta a una multitud de escritoras, de voces e ideas.
Aquí aparecen representadas las estancias de Berta del Río, Luna Miguel, Mercè Rodoreda o Ana María Matute entre otras para entender su obra
La argentina destacaba el salto "de lo individual a lo colectivo" en dicho texto que le hizo ganadora del Premio Paidós 2025. Temembaum destacaba el ensayo feminista como elemento de comunicación, de creación de espacios propios, no mediados por ninguna autoridad más que la de quienes participan de dicho lugar. Aquí aparecen representadas las estancias de Berta del Río, Luna Miguel, Mercè Rodoreda o Ana María Matute entre otras para entender su obra.
Toribio centra además la mirada en sus 'otros libros', aquellos que no se convirtieron en clásicos premiados, laureados por academias y académicos, aquellos que resultaban 'dislocados' por no pertenecer al estante en el que la crítica deseaba colocarlas como escritoras, ganadoras del Nadal, del Planeta o de lo que el franquismo repartiese en aquel para presentar a la modernidad literaria de una España negra.
Toribio centra además la mirada en sus 'otros libros', aquellos que no se convirtieron en clásicos premiados, laureados por academias y académicos
Por eso, desde este nuevo cuarto, nos insta a leer Paralelo 35 antes que Nada cuando nos adentramos en Carmen Laforet. Nos pregunta qué habría pasado si de Montserrat Roig escogiésemos La aguja dorada y no Tiempo de cerezas. O si el no haber estado casada con Rafael Sánchez Ferlosio y sus reparos literarios, habría hecho que los lectores conociesen antes el Libro de la fiebre de Carmen Martín Gaite que El Balneario.
Otra geografía literaria
El empeño de Andrea Toribio no tiene rubor en plantearse desde la política. Se habla de los afectos como tejido para generar vínculos, sí, pero también de asociacionismo, de la posibilidad de que esos nuevos espacios no solo respondan a consignas emocionales y puedan soñar con convertirse en una verdadera comunidad.
El empeño de Andrea Toribio no tiene rubor en plantearse desde la política
No hay un análisis marxista, aunque no se ignoran las cuestiones materiales que han terminado por confinar el cuarto de las mujeres a uno angosto y a merced del de la literatura de los hombres. Se mencionan los Liceos, fundados en la II República y que brindaban una educación y espacio a las mujeres, aunque no se ahonda en su historiografía o se menciona la labor antifascista dentro del feminismo de aquellos años.
El tema es otro, el tema es lo que ocurría de cara a la oficialidad y el canon del que hoy bebemos. Ninguneada, la literatura de mujeres adolece de un epíteto injusto. Toribio también juega a imaginar otro mundo en el que exista la 'Literatura escrita por hombres', la 'Poesía masculina', las 'Novelas de temas de hombres' y un sinfín de términos que, además, por ridículos que suenan, podrían hoy ser esgrimidos en podcasts de esos de bíceps y bebida energética.
Toribio también juega a imaginar otro mundo en el que exista la 'Literatura escrita por hombres', la 'Poesía masculina' o las 'Novelas de temas de hombres'
La efigie barbuda de Marx sobrevuela cuanto escribe Toribio, pero no termina aterrizar nunca. Algunas de las conclusiones de su autora, evocan los problemas solipsistas de Mark Fisher sobre cómo definir la cultura creada desde el capitalismo con los mismos términos que el sistema fagocita: "... dejando como resto solamente al consumidor-espectador que camina a tientas entre reliquias y ruinas" (Realismo Capitalista. Caja Negra).
Esas reliquias y ruinas son las del academicismo, la censura y el silencio impuesto a las autoras. Pero también el del mundo editorial. Hoy son muchas las mujeres que trabajan dentro del sector, que curan y dan espacio con esta misma sensibilidad. Pero en ese limitado espacio, parece no haber hueco para todas. La vigencia se mide con términos muy distintos para ellos y para ellas.
En ese limitado espacio parece no haber hueco para todas. La vigencia se mide con términos muy distintos para ellos y para ellas
Toribio también se sorprende de ver constantemente enfrentamientos por controlar el limitado territorio para la literatura escrita por mujeres. Sus autoras se disputan, cual Cúpula del Trueno postapocalípica, su lugar como escritoras en femenino, mientras a sus homólogos no se les empuja al enfrentamiento. Hoy, sin ir más lejos, poco antes de escribir esta frase, un usuario en Twitter se empeñaba en desacreditar a una consagrada escritora chilena, comparándola con otra consagrada autora española: un sinsentido.
La comunidad imaginada
El ensayo termina por desbordarse en incisos y más preguntas. A sus capítulos se le suman los Ejercicios de Imaginación Crítica, pequeños altos desde los que plantear más cuestiones que se suman a los cimientos de esta comunidad imaginada. La conversación que plantea Toribio también se reclama desde un tipo de ensayo particular. Por momentos es la voz crítica de la Gaite la que parecemos leer, la que mezcla la experiencia constantemente dentro del texto.
Un lugar nuevo desde el que compartir experiencia y literatura, desde el que los libros escritos por mujeres no pertenezcan a un epíteto comercial, una etiqueta que leer sobre un estante
Porque es imposible leer sobre lo que no se habla, lo que Toribio nos plantea en La comunidad imaginada es una doble labor: identificar un problema invisible, que apela a la forma en que tenemos de concebir a las autoras; pero también platear algo imaginario, que roza lo utópico. Un lugar nuevo desde el que compartir experiencia y literatura, donde los libros escritos por mujeres no pertenezcan a un epíteto comercial, una etiqueta que leer sobre un estante.
Quien quiera conocer este mundo deberá emular a Wittgenstein, usar la escala que la escritora nos proporciona, alcanzar el tejado de sus conclusiones y, una vez arriba, pegarle una patada, a sabiendas que cuanto hemos alcanzado no se puede ya destruir una vez que miramos hacia abajo: "Debe superar estas proposiciones; entonces ve el mundo rectamente".
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