Francisco Juan Quevedo

Ilustraciones: Alejandra Acosta

Editorial: Vegueta Ediciones

Año de publicación original: 2025

Cuando Carmen Laforet tenía dos años, a su padre, arquitecto, le ofrecieron un importante trabajo en Las Palmas de Gran Canaria. El joven matrimonio y su primera hija dejaron atrás Barcelonay se instalaron junto al Atlántico, en el barrio de Vegueta. Allí nacieron sus dos hermanos pequeños, Eduardo y Juan José, allí creció Carmen y allí pasó, como diría Julio Iglesias, de niña a mujer.

Los veranos, la familia Laforet se desplazaba un poco más al sur, a la playa de la Laja. Allí Carmen jugaba con otros niños y hacía lo que más le gustaba, nadar. Uno de esos compañeros de juegos, Alejandro, cuenta en primera persona cómo era aquella Carmen en este libro, que funciona perfectamente como una puerta de entrada a una de las figuras trascendentales de la literatura española de posguerra.

Descubrimos a una Carmen bondadosa, protectora con sus hermanos pequeños y apasionada de la lectura

A través de esa mirada infantil descubrimos a una Carmen bondadosa, protectora con sus hermanos pequeños y apasionada de la lectura. Una niña que sufrió, a sus trece años la enfermedad y la prematura muerte de su madre. Y que llevó como pudo la entrada de una madrasta malvada, al más puro estilo del cuento de hadas, en su casa.

Sin embargo en esta historia no hay un príncipe azul que la salve, sino que fue su empeño y su decisión la que llevó a su padre a autorizarla a viajar a Barcelona, en 1939, con el país todavía humeante tras una cruenta Guerra Civil. Allí, en su ciudad natal, se matriculó en Filosofía y Letras y se dedicó a contemplar aquella sociedad que trataba de curar sus heridas.

'Nada' y todo lo demás

Esos años de aprendizaje llevaron a Carmen Laforet a escribir Nada, su primera novela. Un texto que se alzó con el primer Premio Nadalde la historia y la convirtió en una de las voces más representativas de la época. A partir de ahí, el relato de este Carmen Laforet, la niña escritora de la playa, continúa a grandes rasgos.

Carmen Laforet supo retratar una sociedad partida en dos que trataba de recuperarse de sus propios rencores

El resto de su producción literaria, los pocos títulos que publicó, se enredan con su ocupación de madre. Cinco hijos tuvo y a los cinco cuidó con cariño y devoción, reduciéndole el tiempo de escritura. Relatos, artículos y novelas cortas completan la obra de una mujer sin la que no se podría entender la literatura moderna en España.

Por eso, por esa importancia capital, es útil un libro como este, con el que un lector joven se puede asomar a una escritora especial. A una mujer que tuvo muy claro desde niña que los libros eran su vida y que supo retratar una sociedad partida en dos que trataba de recuperarse de sus propios rencores.

Una vida ilustrada

Es muy inteligente la perspectiva desde la que Francisco Juan Quevedo cuenta la vida de Carmen Laforet. La visión de ese amigo de la infancia, enamorado de su compañera de instituto, le permite definirla a partir de sus actos, observándola de cerca, sin tener que colarse más allá de su mirada.

La magnífica nadadora que vencía a todos en las pruebas en el mar; la amiga generosa capaz de dejarse ganar para reparar el ego dañado de sus compañeros; la hermana protectora; la lectora incansable; la hija que sufre y llora por la ausencia de su madre; la joven que se niega a aceptar las injusticias dentro de su casa; e incluso la escritora de éxito que jamás se olvida de sus amigos de la infancia...

La ilustradora Alejandra Acosta ofrece una mirada tan sencilla como profunda, jugando con los contextos

Todas están explicadas de una manera amable y generosa, de ese modo en el que miras a tus amigos más queridos. Y para acompañar a estos textos tan emotivos, nada mejor que las imaginativas ilustraciones de Alejandra Acosta. La artista chilena ofrece una mirada tan sencilla como profunda, jugando con los contextos y aportando elementos aparentemente fuera de lugar que añaden varias capas de significado a cada dibujo.

El resultado es un libro sencillo, con el que poder dar los primeros pasos por el camino de Carmen Laforet. Un sendero imborrable por el que siempre ha sido maravilloso pasear.

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