Cuando pensamos en las playas cántabras es imposible que no se nos venga a la mente la del Sardinero, todo un emblema en Santander. Sin embargo, la costa de la provincia que da nombre al mar cuenta con bastantes rincones en los que extasiarse de belleza natural, de paisajes únicos, incluso lunares, y en los que es posible desde darse un baño de sol a practicar el mejor surf. En sus más de 220 km de costa hay prácticamente un centenar de playas y calas. Grandes, pequeñas, urbanas, salvajes, familiares, peligrosas por las mareas, tranquilas y calmadas... Resulta imposible no quedarse con alguna y, sobre todo, no querer repetir. Muchas de ellas, además, están pensadas para que se pueda hacer nudismo, con la tranquilidad que da, además, que se encuentren alejadas de entornos urbanos e, incluso, que su acceso sólo se pueda hacer andando o en bicicleta. Paisajes verdes que contrastan con los de otras provincias españolas, mucho más secas, y que no tienen nada que envidiar a los de Irlanda. Más bien al contrario, ya que cuando las temperaturas acompañan, aquí se está en el paraíso.