Cuando un calagurritano dice que su pueblo es la capital de La Rioja Baja, lo normal es que provoque una media sonrisa en aquellos que, por mero desconocimiento y dejándose llevar por los tópicos, asumen que se trata de esa típica manía que tenemos los españoles de engrandecer nuestro lugar de origen. Puede que ese "título" no impresione a muchos, pero basta una visita a Calahorra para darse cuenta de que, incluso, le va pequeño, pues en su pequeño centro histórico reúne, al mismo tiempo, lo mejor de la huerta del Ebro, la tradición del pincho, el mejor vino de añada y una riqueza cultural que recorre más de 20 siglos.

Todo eso, y más, es Calahorra. Y qué mejor que escaparse durante Semana Santa a este rincón de La Rioja para comprobarlo, pues es durante la primavera cuando la ciudad brilla.

Desde el año pasado, la Semana Santa calagurritana está declarada Fiesta de Interés Turístico Nacional. Se trata de un festejo único en nuestro país, especialmente porque comienza con dos días en los que, en vez de revivir la Pasión de Cristo, lo que se hace es viajar en el tiempo hasta la época romana, cuando la urbe era conocida como Calagurris Iulia Nassica. Eso fue hace 2.000 años, y se rememora en el Mercaforum, una recreación de un mercado romano con importante rigor histórico. Así, no faltan desfiles de legionarios, la escenificación de campamentos militares romanos, talleres de acuñación de monedas, compra de cerámica producida con técnicas de entonces, obras de teatro clásicas... Será los días 28 y 29 de marzo (además, se puede "extender” la inmersión visitando el Museo de la Romanización, en un palacete modernista de 1930 reformado que exhibe un millar de piezas de la época clásica; entrada gratuita).

Durante los días de Pasión, serán varias las cofradías que paseen por sus calles. Destaca la Procesión del Encuentra, en la mañana del Jueves Santo, y, sobre todo, la escenificación de los últimos días de Jesucristo en un Paso Viviente que, durante la tarde y noche, revive momentos como la última cena o la oración en el huerto de los Olivos, así como el camino al calvario y la crucifixión.

Pero escaparse a Calahorra durante la Semana Santa no solo es una buena idea por la inmersión en la cultura romana de la Hispania del siglo I d.C. También es posible acercarse a una de las mecas gastronómicas de la verdura de nuestro país. Hasta el punto de que poseen su propio Museo de la Verdura. Acercarse a sus muchos bares y realizar la Ruta de Pinchos que se ha preparado para estos días es solo uno de los planes, pues también es un momento perfecto para degustar guisos de cuchara, menestras sublimes o las mejores borrajas y alcachofas. En el Paseo del Mercadal, la calle principal del centro, es posible encontrar todas estas delicias. Restaurantes como Mercadal 21 o el Gala, con el chef Iván Benito al frente, son buenos ejemplos de que vanguardia y tradición pueden ir de la mano en perfectos menús degustación regados con el mejor vino.

Y de postre, un helado digno de reyes. En este caso, de reyes del Golfo Pérsico y de España, pues tanto Zarzuela como las casas reales árabes se encuentran entre los clientes de la heladería artesana Ángel Sirvent, para muchos la mejor de nuestro país. Helados como el de flor de violeta o el de pétalos de rosa fueron creados aquí hace años y comparten mostrador con todo tipo de sabores. Basta probar uno para querer hacerlo con todos...

Sin duda, escaparse a la Semana Santa de Calahorra es una buena idea si queremos darnos un homenaje gourmet. Sobre todo si tenemos en cuenta que, además, no nos dejaremos el bolsillo en ello.