Europa

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Kizhi, la isla de las tradiciones

Se encuentra sobre el lago Onega, en la República de Carelia

La república rusa de Carelia acoge una de las islas más pequeñas y singulares de la zona. Su forma recuerda a la de un barco y suele estar cubierta por la niebla que reina en el lago Onega. Se trata de la isla de Kizhi, un lugar que durante el siglo XIV fue parte de la ruta que unía la ciudad de Novgorod con el Mar Blanco. A día de hoy, continúa siendo una parada importante para todos aquellos turistas que se dejan caer por el norte de Rusia. Kizhi posee dos iglesias de madera que datan del siglo XVIII y un campanario con forma octogonal que fue construido en el año 1862, tres joyas arquitectónicas que llaman la atención. La isla no es muy grande, ya que mide 7 kilómetros de largo y tan solo 500 metros de ancho, aunque se encuentra rodeada de otras 5.000 islas aproximadamente, la mayoría aún más pequeñas. Sin embargo, es un auténtico museo al aire libre que fue declarado en 1990 Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. Molinos, antiguos cobertizos, viviendas de siglos pasados y edificios religiosos se han conservado con el paso del tiempo y que permanecen abiertas con utensilios y piezas de la rutina diaria de épocas pasadas. La visita imprescindible en Kizhi es la Iglesia de la Transfiguración que, según la leyenda, fue construida por un solo carpintero llamado Néstor y su hacha, herramienta que luego lanzó al lago al grito de: ¡no hubo ni habrá una iglesia como esta! Lo cierto es que esta misma leyenda afirma que el trabajo duró solo una noche y eso que la iglesia tiene ni más ni menos que 37 metros de altura. Esta iglesia se encuentra en el recinto que abarca el cementerio ortodoxo de la isla, junto a la Catedral del Manto de la Virgen. Y, de forma no tan casual, la suma de las cúpulas de todo este recinto es de 33, haciendo referencia a la edad de Cristo. La Catedral es más pequeña y está formada por varias salas en las que los parroquianos se reunían en invierno para mantener el calor con más facilidad. Este edificio terminó de construirse en 1764 y aún tiene sus puertas abiertas para el culto. El nombre de la isla, Kizhi, proviene de la palabra carelia kizhat, que significa juego. Ya que algunos historiadores afirman que los antiguos paganos usaban este territorio para celebrar sus ritos. Pero, lo que más llama la atención tanto a arquitectos como a historiadores es la manera en la que están construidos todos los edificios de la isla, son de madera y no llevan en su estructura ningún clavo. A pesar de que nos encontramos en el siglo XXI, en Kizhi muchas cosas parecen haberse detenido. Como, por ejemplo, las tradiciones. Una de las más conocidas es que la iglesia de San Lázaro conserva todavía los poderes curativos por los que se conocía a su artífice, un santo que llevó el cristianismo a la isla. Por ello, muchos los turistas dan tres vueltas alrededor de la misma con la promesa de que de esta forma sanarán todas sus enfermedades. Kizhi, por tanto, ofrece historias apasionantes dignas de escuchar por boca de sus habitantes. Un lugar donde el reloj no cumple su función y las tradiciones se adueñan de cualquiera, haciéndole sentir como en casa.

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| 02/03/2015

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