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La feria del queso de Menorca que llena una plaza de Mahón este fin de semana: catas, talleres y cocina en directo

La Fira del Formatge Mahón-Menorca celebra su quinta edición del 16 al 18 de octubre en la plaza de s'Esplanada.

Mercado de queso

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Cuando se vacían las calas y el turismo de playa se marcha, Menorca respira con calma. Y es justo en ese momento cuando Mahón, su capital, llena la plaza de s'Esplanada con los productores de su queso. La cita es la Fira del Formatge Mahón-Menorca, del 16 al 18 de octubre, y llega a su quinta edición.

Qué te vas a encontrar

La feria arranca el viernes 16, a las 18:00, y sigue durante todo el fin de semana. La organiza el Ayuntamiento de Mahón junto con la Cooperativa del Camp y el Consejo Regulador de la denominación de origen.

En pocos metros se reúne toda la isla quesera. Hay productores locales con el Mahón-Menorca como protagonista y algún invitado de la Ruta Europea del Queso. Se puede probar de todo, comprar directamente en la mesa donde se cata y aprender a hacer queso artesano en talleres.

También hay cocina en directo, con chefs menorquines que llevan el queso de la tabla al plato. En ediciones recientes se ha maridado incluso con música, en una sesión llamada FormatJazz. Conviene reservarle el día entero y llegar con hambre.

El queso que se cata

El Mahón-Menorca tiene denominación de origen protegida desde 1985. Se elabora en toda la isla con leche de vaca, con un pequeño porcentaje opcional de oveja. Se reconoce a simple vista por su forma cuadrada, de uno a cuatro kilos, y por su corteza naranja, que se consigue untándola con aceite y pimentón. Madura en cavas un mínimo de dos meses.

Es un producto con peso. En 2025 se comercializaron más de 2,6 millones de kilos, con unos 25,2 millones de euros en ventas, y llegó a 43 países. Fue el segundo récord seguido.

Detrás del queso está el paisaje de la isla. Al salir de Mahón hacia el interior aparecen prados cerrados por kilómetros de paredes de piedra seca levantadas a mano, con las vacas pastando dentro. Menorca es Reserva de la Biosfera de la UNESCO desde 1993, y ese campo es parte de lo que se protege.

Por eso merece la pena probarlo aquí, en origen. En la isla, de la vaca a la mesa hay solo unos kilómetros, y se nota en el sabor.

Más allá de la feria

La capital histórica del queso menorquín no es Mahón, sino Alaior, a unos doce kilómetros tierra adentro. Allí empezó la industria quesera de la isla y hay fincas que abren sus puertas. La quesería Subaida ofrece visita guiada a la vaquería y a la sala de ordeño, una demostración de cómo se hace una pieza y una degustación final en su tienda. En su término está Torre d’en Galmés, uno de los grandes conjuntos talayóticos de Baleares, parte de la Menorca Talayótica, Patrimonio Mundial de la UNESCO desde 2023.

Mahón se disfruta empezando por su puerto, uno de los mayores puertos naturales del mundo. Allí está la destilería de ginebra menorquina, que se puede visitar. Arriba queda el casco de calles georgianas, herencia de la dominación británica del siglo XVIII.

Si te da tiempo, también puedes recorrer un tramo del Camí de Cavalls, el sendero histórico que rodea la isla, o acercarte a Ciutadella, con sus callejones medievales, y a Son Bou, la playa más larga de Menorca, casi vacía en octubre.

Para comer, además de las tablas de queso, la caldereta, los arroces y los dulces de almendra son una apuesta segura.

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