Si ya fue una revolución el hecho de que todos llevemos una cámara en el bolsillo, cuesta imaginar lo que supondrá llevarla en los ojos. Ante la llegada de Google Glass surgen muchas preguntas, y se aventuran algunas respuestas.

¿Nos acostumbraremos a un dispositivo tan distinto a todo lo que conocemos? ¿Los desarrolladores serán capaces de sacar todo el partido a esta nueva experiencia? ¿Cómo va a cambiar nuestra forma de comunicarnos?

A esa última se pueden dar algunas respuestas en base a las pistas que deja la primera hornada de aplicaciones para las gafas inteligentes de Google, que ya disfrutan un reducido número de elegidos. Entre ellas, como no podÌa ser de otra manera, ya están las principales redes sociales y algún que otro proyecto interesante que les va a la zaga.

Los grandes retos del desembarco en Glass

En primer lugar, por su propia concepción, las Google Glass tienen una serie de ventajas e inconvenientes en lo que respecta a la comunicación. Primero las malas noticias. El tamaño real de la pantalla es mucho menor que en una tableta o un teléfono, aunque luego el percibido por el usuario sea mucho mayor. ¿Esto que quiere decir? Que va a ser muy complicado meter en Glass una 'timeline' o un 'NewsFeed' como los que estamos acostumbrados a ver en Twitter (que lucirá asÌ) y Facebook (que lucirá así).

Además, las gafas las llevaremos puestas y activadas mientras realizamos un montón de actividades cotidianas, así que el vertiginoso ritmo de actualización de los actuales sistemas sería impensable con este dispositivo ¿Cuál será entonces la clave? Probablemente, que la aplicación no muestre demasiados mensajes y que estos no sean demasiado largos.

Es por eso que la propia Google ya ha pedido a los primeros usuarios de su nuevo invento que seleccionen un número reducido de perfiles a los que realmente quieren seguir la pista: se trata de ser más exquisito y seguir solo a la gente que de verdad nos interesa. En este sentido, las redes sociales como Path, que han apostado desde el primer momento por la intimidad y los círculos de contactos más reducidos, ya tienen mucho terreno andado de cara a su desembarco en Glass.

La parte positiva

Si algo tienen de bueno las lentes de la 'gran G' es que convierten tus ojos en una cámara casi literalmente. Todo lo que ves es susceptible de ser grabado o fotografiado. Aquí es donde está el mayor filón para redes sociales como Instagram (que es de Facebook), Vine (que es de Twitter) o MixBit (creada por los padres de YouTube). La reducida duración de los vídeos, entre 6 y 16 segundos, se adapta aún mejor a las necesidades de Glass de lo que ya lo ha hecho a los dispositivos móviles. Ninguna de ellas tiene de momento aplicación oficial, pero ya han salido imitadores como Glassagram, ViddyEye, Lightt o Fullscreen Beam que tratan de aprovechar ese vacío.

Otra de las claves estará en el reconocimiento facial, un territorio en el que las redes sociales se están adentrando lentamente y de forma algo timorata. Con Glass, la cosa cambia.

Imagina la siguiente escena: estás en una cafetería, sientes curiosidad por el chico o chica de la mesa de al lado y preguntas a tus gafas, que enseguida distinguen sus rasgos y la localizan en Facebook, Twitter y Google +. Ya ni siquiera es necesario que te acerques a saludarla, porque puedes incluso enviarle un mensaje desde tu mesa. La de gente nueva e interesante que podríamos conocer de esta manera (si renunciamos totalmente a nuestra privacidad, claro).

Mezcla todo esto con geolocalización y gamificación y tendrás un cóctel explosivo. De hecho, ya hay alguna 'app', como Ice Breaker, que está explorando el concepto, aún de manera muy experimental. Y es que el impacto real de las Google Glass en nuestra forma de comunicarnos no lo podremos medir hasta que no tengan un volumen de usuarios suficiente como para generar comunidad entorno a una red social concreta. Hasta entonces, tendremos que conformarnos con buscar e identificar tendencias.