José Silva, dueño de un gimnasio de artes marciales, cuenta a Jordi Évole cómo ha afectado a su negocio la pandemia del coronavirus. "Hasta que pueda, voy a seguir nadando, nadando, nadando para no ahogarme, para no hundirme del todo", señala el joven, que afirma que ya se ha fundido los ahorros para poder comer y vivir. "Estoy ahí, ahí, casi dependiendo de ayuda familiar", explica Silva, que declara que no le da para un sueldo.

"En marzo me pegó el batacazo la pandemia y de los 130 y pico adultos que tenían diciembre, pasaron a ser 25", detalle el joven, que manda un mensaje a la ciudadanía sobre lo importante que es ayudar a los pequeños negocios durante la pandemia: "La gente dice, 'cuando todo esto pase', y lo que le digo a la gente es, '¿cuándo va a pasar?' O sea, si todo mundo espera que todo pase, por el camino, cuando ya haya pasado, no habrá nadie que pueda darte un servicio". Puedes ver su mensaje completo en el vídeo principal de esta noticia.

Las artes marciales ayudan a las mujeres a sentirse seguras

En la primera masterclass de defensa personal femenina de José aparecieron 66 chicas que buscaban saber defenderse para sentirse más seguras. "Me gustaría cambiar el concepto de que las artes marciales son para partirse la cara", asegura José, que afirma que también acuden mujeres que han sufrido violaciones y maltratos.