La última innovación de Bill Gates se aleja de la tecnología informática para adentrarse en el mundo de la biotecnología. En Medellín, Colombia, su fundación opera una fábrica única que produce 30 millones de mosquitos genéticamente modificados cada semana. Estos no son mosquitos ordinarios, sino herramientas biológicas diseñadas para combatir enfermedades como el dengue, zika, chikungunya, y la fiebre amarilla. Esta estrategia, que utiliza a los mosquitos para acabar con mosquitos, es tan solo un eslabón en la cadena de sus ambiciosos proyectos 'filantrópicos'.

La Fundación Gates invierte masivamente en salud, educación, y tecnologías futuras, con proyectos que van desde la erradicación de enfermedades hasta la mejora de la educación pública estadounidense y el fomento de la misma en países en desarrollo. Sin embargo, es esta capacidad de invertir en grandes causas y la elección de proyectos específicos lo que ha levantado críticas. La influencia de Gates en la agenda global, especialmente en la salud pública, despierta admiración y escepticismo por igual.

La controversia no se limita a la elección de proyectos, sino que se extiende a cómo estos pueden afectar la distribución de recursos públicos y privados. La capacidad de Gates para dirigir tanto fondos gubernamentales como no gubernamentales hacia sus iniciativas ha generado un debate sobre el poder y la influencia en el sector de la salud global. Casi el 90% de las donaciones particulares a la OMS provienen de su bolsillo, centrando la atención en sus proyectos y planteando preguntas sobre la propiedad intelectual y el futuro control sobre estos avances.

Pese a prometer donar su fortuna, Gates sigue siendo una figura de creciente riqueza, gracias a sus inversiones en múltiples sectores. Con una fortuna personal de 120.000 millones de dólares y un capital de la fundación de 67.000 millones, su influencia económica no muestra signos de disminuir. Las críticas también apuntan a los beneficios fiscales que recibe por sus donaciones, un punto de fricción que alimenta el debate sobre la verdadera naturaleza de la filantropía de Bill Gates.