Se ha acabado el zumo. Vamos a la cocina y tiramos el brik en el cubo de los envases. Más tarde, los llevaremos todos al contenedor amarillo, a la vuelta de la esquina. Un sencillo gesto, interiorizado ya para la mayoría, mucho más trascendente de lo que puede parecer a simple vista: detrás hay una importante repercusión medioambiental, miles de puestos de trabajo y millones de personas más que, como nosotros, contribuyen a proteger el planeta a diario.

Y es que, cada vez que separamos una lata o una botella de plástico, no estamos solos: ocho de cada 10 españoles hacen lo mismo a diario para dar una nueva vida a los envases que van al contenedor amarillo, según un estudio sociológico elaborado por Catchment para Ecoembes. En concreto, el 82,3% de los ciudadanos afirma tener varios cubos o espacios en casa destinados a separar los residuos para después reciclarlos. Son 38,9 millones de españoles que ponen su granito de arena para proteger el planeta. Casi dos millones más que hace un año.

"Somos más los que reciclamos, la inmensa mayoría", apunta en este sentido el divulgador ambiental Miguel Aguado. Un hábito que, además, es transversal entre generaciones: "En general, todas las edades reciclan", apunta el director de la consultora B LEAF, que agrega que el reciclaje "no es una cuestión exclusivamente de jóvenes". "Lo realizan todo tipo de personas", incide sobre el perfil del 'reciclador', si bien lo practican "un poco más las mujeres y los más mayores".

Una vez separados los residuos en casa, el siguiente paso es depositarlos en el contenedor correspondiente. Una acción, de nuevo, de lo más habitual. Sin embargo, al hacerlo en el más cercano quizá no seamos conscientes de que hay 388.174 contenedores amarillos y 229.594 azules distribuidos a lo largo y ancho de la geografía española. Un dato que crece año tras año: en 2005, por ejemplo, había 268.700 amarillos, casi 120.000 menos de los que disponemos hoy. En el caso de los azules, en la actualidad hay unos 114.000 más que entonces.

Segundas oportunidades y miles de puestos de trabajo

Ya hemos separado nuestros residuos, hemos salido a la calle y los hemos dejado en el contenedor correspondiente. Pero, ¿qué pasa después? En primer lugar, pasará el camión para llevarlos a las plantas de selección, donde son clasificados y enviados a las instalaciones recicladoras homologadas, que convierten los envases usados en materiales nuevos, con los que se elaboran otros productos. Un proceso con el que se logra volver transformar una materia prima para hacer otras cosas, según resume Aguado, y que está muy presente en nuestro entorno, hasta el punto de que "el 80% de las cosas de metal a nuestro alrededor ya han tenido otra vida".

Pero, además, estos procesos generan un buen número de puestos de trabajo: desde los operarios que cada noche vemos vaciar los contenedores y transportar los residuos en camiones a las personas que finalmente llevan a cabo esa transformación de los materiales, pasando por la labor de las que seleccionan los envases.

En total, son unas 46.210 personas las que trabajan en actividades asociadas al reciclaje de envases de plástico, latas y briks y de papel y cartón, según datos de 2020. Un sector que en 2017 generó 10.143 empleos directos, de acuerdo con un estudio del Instituto Sindical de Trabajo, Ambiente y Salud de Comisiones Obreras.

De hecho, según este informe, presentado en octubre del año pasado, el empleo generado por el reciclaje de envases va en aumento: creció cerca de un 18,8% en cuatro años. Para situarnos, en ese mismo tiempo la ocupación en general se incrementó en un 9,8% en España, según la EPA.

Los beneficios de reciclar

Una vez cumplida nuestra parte, y con nuestros envases usados ya en el contenedor, es probable que ni siquiera seamos verdaderamente conscientes de lo que estamos haciendo por el medio ambiente. En primer lugar, al reciclar estamos retirando residuos que podrían durar miles de años de acabar en el entorno natural, según recuerda Miguel Aguado.

Pero no solo eso: al llevarlos a los contenedores de reciclaje "no solamente evitamos esa contaminación, sino que vuelve a ser utilizado ese material". Esto -señala-, es lo que se denomina "economía circular": al darle una nueva vida a los materiales, y volver a 'meterlos en el ciclo', "evitamos que vuelva a sacarse materia prima de la naturaleza".

Además, al reciclar también "reducimos el consumo de agua y el de energía". "No es lo mismo producir una botella de cero que de material reciclado", apostilla Aguado. De hecho, es posible cuantificar este beneficio ambiental: gracias al reciclaje de envases domésticos, en el año 2020 se evitó la emisión de 1,67 millones de toneladas de CO2, se ahorraron 20,29 millones de metros cúbicos de agua y 6,37 millones de megavatios de energía, según datos proporcionados por Ecoembes.

Por el contrario, y aunque el reciclaje es ya un hábito generalizado en España, no hacerlo perjudica al medio ambiente, aunque no tiremos nuestra basura directamente al campo o al mar. "Aunque no lo tiremos a la naturaleza, si no lo depositamos para reciclar estamos causando un perjuicio", advierte el especialista. Así, estaríamos desaprovechando materiales que podrían tener un nuevo uso y haciendo necesaria "más materia prima para producir", así como "aumentando el depósito de basura que acumulan los vertederos".

Si aún no reciclas, estás a tiempo. Lo mejor es que, una vez has comenzado a reciclar, muy pronto se convertirá en un gesto más del día a día: "Cuando comienzas, no vuelves atrás", resume el experto ambiental. De esta forma estaremos ayudando a nuestro planeta, casi sin darnos cuenta.