Cataluña ha afrontado sin sorpresas la primera sesión celebrada en el Parlament con el triunfo de Laura Borràs. Casi un mes después de la victoria del independentismo en las elecciones del 14F ­-pese al éxito del llamado 'efecto Illa'-, la candidata de Junts per Catalunya y reconocida mano derecha de Carles Puigdemont ha sido elegida presidenta de la cámara con 64 votos a favor, los correspondientes a su partido y a ERC. Una victoria con la que se impone a Eva Granados (PSC), pero que ha logrado por mayoría simple, en la segunda ronda, al no alcanzar en la primera los apoyos necesarios. La CUP ha optado finalmente por el voto en blanco, vinculando su decisión a los presuntos delitos de corrupción por los que Borràs está siendo investigada.

Así se ha desarrollado un acto llevado a cabo en un emplazamiento inusual, el Auditorio del Parlament, para cumplir con el protocolo de seguridad antiCOVID; acto en el que, minutos antes de ser elegida, Borràs ha querido lanzar un mensaje claro, muy en la línea de sus discursos electorales previos a las elecciones: que Cataluña transitará hacia la independencia. "La legislatura que empezamos -la XIII- marca un punto de inflexión: avanzar hacia la independencia porque así lo ha decidido más de la mitad de los catalanes", ha aclarado la nueva presidenta del Parlament, que ha añadido: "Mi trabajo es continuar el trabajo hecho por la expresidenta Carme Forcadell donde ella lo dejó". Elogios que, por otra parte, no ha dedicado a Roger Torrent, su predecesor en la Cámara.

Borràs asume así la defensa de la soberanía de la institución frente a las posibles "injerencias" de un Estado que, tal y como ha denunciado, no quiere negociar con ellos: "El Estado español no sólo ha renunciado a dialogar, está dispuesto a decidir sobre qué o sobre qué no pueden dialogar otros. Y quiero dejar bien claro desde este primer momento que mientras sea presidenta de esta Cámara, eso no pasará". Sobra decir que sus palabras no han gustado nada a otras formaciones presentes durante su nombramiento; entre ellas, a Ciudadanos, que ha abandonado la sala del Auditorio ante "el menosprecio" de la presidenta "a la mayor parte de los catalanes y a las instituciones", como ha criticado el portavoz del partido naranja en Cataluña, Carles Carrizosa.

Borràs ha ofrecido un discurso sectario y de rechazo hacia quienes no comparten sus ideas"

Alejandro Fernández (PPC)

Tampoco ha agradado la intervención de Borràs entre las filas del Partido Popular, que han cargado duramente contra ella asegurando que "no cumple con los requisitos mínimos que se exigen a una persona que debe desempeñar un papel de representación institucional tan relevante". Ha sido Alejandro Fernández, portavoz de los populares en Cataluña, quien ha lamentado que la nueva presidenta del Parlament haya ofrecido "un discurso sectario con un componente de claro rechazo", usando palabras "surrealistas y profundamente vanidosas", hacia las personas que "no comparten sus ideas". Fernández ha criticado además que haya hecho referencia a la ejemplaridad cuando "está imputada por presuntamente fraccionar contratos".

Unido al triunfo de Borràs, el independentismo se ha hecho con el control de cinco de las siete sillas en la Mesa de la cámara, que se ha decidido al inicio de la sesión y ha quedado compuesta de la siguiente manera: Anna Caula (ERC) como vicepresidenta primera, Eva Granados (PSC) como vicepresidenta segunda, Ferran Pedret (PSC) como secretario primero, Jaume Alonso-Cuevillas (JxCat) como secretario segundo, Pau Juvillà (CUP) como secretario tercero y Ruben Wagensberg (ERC) como secretario cuarto. Los socialistas cuentan así con dos miembros, y es la primera vez que la CUP participa en una Mesa cuya composición no ha tardado en criticar Vox. Ignacio Garriga, diputado de la formación de extrema derecha, ha reprochado a Cs y al PPC que no hayan apoyado su candidatura, argumentando que han "usurpado" un puesto que "de facto" que les correspondía al haber sido la cuarta fuerza política más votada en las elecciones.

Un ascenso de vértigo entre luces y sombras

La designación de Laura Borràs como nueva presidenta del Parlament ha quedado empañada, tal y como ocurrió durante su candidatura para presidir la Generalitat el pasado 14 de febrero, por las acusaciones de corrupción que la acompañan desde finales de 2019. Fue en el mes de diciembre de ese año cuando el Tribunal Supremo admitió a trámite la investigación al ver indicios de delito de prevaricación, malversación, fraude administrativo y falsedad en documento mercantil durante su gestión al frente la Institución de las Letras Catalanas (2013-2018). En concreto, Borràs está acusada de adjudicar supuestamente a dedo varios contratos cuando presidía la ILC.

Acusaciones de las que Borràs siempre ha rehuido en los últimos años, en los que al mismo tiempo ha vivido un ascenso meteórico en el terreno político como uno de los perfiles más fuertes dentro del independentismo; un perfil que, desde que empezó a formar parte del círculo de confianza de Carles Puigdemont, ha estado marcado especialmente por su apuesta por la vía unilateral para proclamar la independencia de Cataluña. Si bien en la anterior legislatura comenzó siendo consellera de Cultura en el Govern dirigido por Quim Torra, acabó por dejar su cargo para convertirse en la número dos de JxCat en las elecciones generales de abril del 2019. Posteriormente, durante la repetición electoral de noviembre, pasó a ser cabeza de lista, convirtiéndose así en la portavoz de la formación independentista en el Congreso con ocho diputados.

Al margen de la política, Borràs, nacida en Barcelona en 1970, se licenció en filología catalana por la Universidad de Barcelona, y posteriormente se convirtió en doctora en filología románica. Además, colaboró como firmante del conocido manifiesto del Grupo Koiné que definía el castellano como "lengua de dominación". Aunque ha dedicado gran parte de su vida profesional a la docencia universitaria, en la que predomina su dirección al frente de la Institución de las Letras Catalanas, dejó aparcada su dedicación para embarcarse en la política tras la celebración del referéndum del 1 de octubre.

Nueva fecha clave: el 26 de marzo

Tras el nombramiento de Borràs como presidenta del Parlament, ahora, para formar un nuevo Govern, el reloj fija la fecha de investidura: 26 de marzo. En este contexto, Puigdemont avisa de que los acuerdos de la mesa no son una señal de que "sea un hecho que se entenderán para gobernar". Así se ha expresado el expresident catalán en una entrevista concedida a 'El Punt Avui', donde aseguraba además que el objetivo de la justicia española era "interferir en la libre decisión del Parlamento de Cataluña", al tiempo que aseguraba "esto no va de repartir consejerías, sino de saber a qué dedicar este 52% de votos los próximos cuatro años.

Una advertencia que lanza también la CUP. "Hay que dejar bien claro que nuestros votos no son un cheque en blanco", ha apuntado Dolors Sabater, candidata de la CUP a la Generalitat. El punto común es que Aragonès será el candidato a una investidura a la que Salvador Illa no ha renunciado porque ganó las elecciones. "A partir de aquí la presidenta, tras la ronda de consultas, estimará si es conveniente y supongo que nos explicará la decisión que tome y que la justificará", ha apuntado el líder de los socialistas catalanes. La sesión de investidura se celebrará también en el Auditorio. Si fracasa el primer intento, el Parlament tendrá dos meses exactos para buscar un president antes de que se pudieran volver a convocar elecciones automáticamente.