CLAVES PARA APROBAR

Cuántos y qué tipo de errores te mandan para casa en el examen práctico de conducir

La clave está en que no todos los errores tienen el mismo peso. Mientras algunas equivocaciones pueden acumularse sin impedir el aprobado, otras suponen el suspenso automático.

Examen práctico de conducir

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Aprobar el examen práctico de conducir no depende únicamente de completar el recorrido sin incidentes. Los examinadores de la Dirección General de Tráfico (DGT) evalúan cada maniobra y comportamiento al volante mediante un sistema de faltas que se clasifican en leves, deficientes y eliminatorias.

La clave está en que no todos los errores tienen el mismo peso. Mientras algunas equivocaciones pueden acumularse sin impedir el aprobado, otras suponen el suspenso automático en el mismo momento en que se producen.

Las de suspenso inmediato

Son los errores considerados de mayor gravedad porque comprometen la seguridad vial o incumplen de forma clara las normas de circulación. Basta con cometer una sola falta eliminatoria para suspender el examen.

Las más habituales:

Saltarse un semáforo en rojo o una señal de stop.

No respetar una señal de ceda el paso cuando obliga a detenerse o ceder la prioridad.

Invadir el carril contrario generando peligro.

Obligar a otro vehículo o peatón a modificar bruscamente su trayectoria.

Superar de forma notable los límites de velocidad.

Circular en sentido contrario.

No obedecer las indicaciones del examinador cuando afectan a la seguridad.

Provocar una situación de riesgo evidente durante una maniobra.

En estos casos, el examen suele darse por finalizado de forma inmediata o queda prácticamente sentenciado.

Deficientes: dos y fuera

El siguiente escalón son las faltas deficientes. Se trata de errores importantes que no llegan a generar una situación de peligro grave, pero que sí revelan deficiencias en la conducción.

El candidato suspende si acumula dos faltas deficientes durante la prueba.

Algunos ejemplos son:

Incorporarse a una vía sin observar adecuadamente el tráfico.

Mantener una velocidad inadecuadamente baja que dificulte la circulación.

Realizar cambios de carril con observación insuficiente.

Frenar o acelerar de forma brusca sin necesidad.

Tomar una glorieta de forma incorrecta sin llegar a crear una situación de peligro.

Mantener una posición incorrecta en la calzada durante un tiempo prolongado.

Además, una falta deficiente equivale a dos faltas leves dentro del sistema de evaluación de la DGT.

Leves: las más comunes

Son pequeños errores que no afectan de manera significativa a la seguridad vial ni a la fluidez del tráfico. Sin embargo, su acumulación también puede llevar al suspenso.

El examen práctico se considera no apto cuando el aspirante acumula diez faltas leves.

Entre las más frecuentes figuran:

Olvidar señalizar una maniobra con suficiente antelación.

Reducir excesivamente la velocidad sin motivo.

Realizar una observación incompleta de los espejos.

Dejar el vehículo ligeramente separado del bordillo al estacionar.

Cambiar de marcha de forma poco eficiente.

Tardar demasiado en reanudar la marcha tras una detención.

No aprovechar correctamente el espacio disponible en la vía.

Son errores habituales entre los alumnos nerviosos, especialmente durante los primeros minutos de la prueba.

La actitud también cuenta

Más allá de las maniobras concretas, los examinadores valoran la capacidad del aspirante para conducir de forma segura, autónoma y adaptada al entorno.

Por ello, una conducción excesivamente dubitativa, una falta de anticipación o una interpretación incorrecta del tráfico pueden traducirse en anotaciones que, acumuladas, acaben provocando un resultado negativo.

¿Cuál es la clave para aprobar?

Los examinadores no buscan una conducción perfecta, sino segura. De hecho, es posible aprobar cometiendo varias faltas leves siempre que no se alcance el límite establecido y no se incurra en errores deficientes o eliminatorios.

Por eso, los profesores de autoescuela suelen insistir en tres aspectos fundamentales: observación constante, respeto de las prioridades y adaptación de la velocidad a las circunstancias de la vía.

En la práctica, la mayoría de suspensos no se producen por errores técnicos al manejar el vehículo, sino por fallos relacionados con la atención, la observación del entorno y la toma de decisiones en situaciones reales de tráfico.

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