113 KILÓMETROS EN 21 AÑOS
La autovía española que se convirtió en la "obra del Escorial" y ya se puede transitar
La construcción de la A-22 entre Huesca y Lleida ha tardado más de 20 años y la inversión ha superado con creces a la que estaba prevista. Sin embargo, esta autovía de 113 kilómetros ya está operativa, ¡y con radares!

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Si vives en Huesca, en Lleida o te mueves mucho entre las dos ciudades, tus desplazamientos son mucho más sencillos desde finales del año pasado. El Ministerio de Transportes terminó al fin la autovía A-22 después de más de 20 años de obras, retrasos y sobrecostes. Hasta el punto de que los vecinos de la zona la han bautizado como la 'obra del Escorial'.
La A-22 (Autovía del Camino Catalán) es una autovía de 113 kilómetros que conecta Lleida con Huesca. A priori, la orografía es sencilla y el proyecto no debería haberse alargado durante 21 años, pues el tramo más problemático apenas supera los 12 kilómetros. ¿Qué ha pasado entonces en las últimas décadas?

Más de 20 años para terminar una autovía corta
La historia de la A-22 se remonta a los años 2000, cuando las autoridades quisieron mejorar la movilidad entre Huesca y Lleida para aliviar a una saturada N-240.
Sin embargo, el proyecto empezó a acumular retrasos casi desde el primer momento, básicamente por cuestiones administrativas y económicas. La ingeniería es bastante sencilla, porque la A-22 no atraviesa grandes cordilleras ni tampoco es compleja desde el punto de vista técnico, sobre todo si la comparamos con otras autovías y autopistas que discurren por la geografía española.
El principal problema ha estado casi siempre en el tramo entre Siétamo y Huesca, pues tardaron bastantes años en recibir un certificado ambiental favorable para construir. Y cuando por fin parecía que el proyecto tomaba forma, llegó la crisis del año 2008 y esta, como tantas obras públicas, se paró.
Durante la siguiente década, se fueron ampliando los plazos previstos y, lógicamente, el presupuesto inicial ya no tenía el mismo sentido que antes de la crisis. Así que las obras se retomaron definitivamente en el año 2018, aunque con unas previsiones que en ningún caso contemplaban siete años extra.
Al final, la inversión total de la A-22 ha rondado los 600 millones de euros y el último tramo ha costado mucho más de lo que estaba presupuestado. Por no hablar de los retrasos y de las falsas expectativas para los vecinos de la zona.

¿Ha cambiado la movilidad entre Huesca y Lleida?
La apertura definitiva de la A-22 en octubre de 2025, al menos, ha servido para cambiar la movilidad de la zona. Esta autovía conecta también con otras grandes vías, como la A-21 y la A-23, lo que es importante para el tráfico hacia el Pirineo y el Valle del Ebro.
Hasta ahora, uno de los puntos más sensibles era el conocido como Estrecho Quinto de la N-240. Es un tramo que preocupaba a conductores, vecinos y servicios de tráfico por la cantidad de vehículos pesados que circulan por él, el tipo de adelantamientos y que es una vía muy congestionada en horas punta.
Con la nueva autovía, ahora gran parte de ese tráfico se ha desplazado a una vía nueva, mucho más moderna y segura. El último tramo incluye dos carriles por sentido, nuevos enlaces y varios viaductos importantes sobre los ríos Flumen y Botella.
La A-22 también ha mejorado las conexiones hacia Loporzano, Montearagón y las rondas de Huesca. En general, esta zona lleva años siendo castigada por la despoblación, así que una mejora de la infraestructura a este nivel es un alivio para facilitar los movimientos y atraer nuevas actividades económicas.

La A-22 ya estrena radares de la DGT
La Dirección General de Tráfico (DGT) ha tardado mucho menos de dos décadas en instalar los primeros radares en esta nueva autovía que une Huesca con Lleida. De hecho, apenas tardaron un mes en instalar radares fijos en la A-22, que están instalados en los siguientes puntos:
- P.K. 98,64, en sentido hacia Huesca, con un límite de velocidad de 120 km/h.
- P.K. 101,46, en sentido hacia Lleida, también con un límite de velocidad de 120 km/h.
- P.K. 106,47, en sentido hacia Huesca y la A-23. En este caso, el tramo está limitado a 100 km/h.
La DGT argumenta que la intención es hacer más segura la nueva autovía. Tráfico concedió un 'periodo de gracia' de un mes desde su instalación, como ocurre con todos los nuevos radares, que ya ha expirado, así que los cinemómetros están completamente operativos.
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