Existe una larga tradición socialdemócrata de traiciones a la izquierda y alianzas con los enemigos de la clase trabajadora con tal de derrotar al verdadero enemigo de esta tradición ideológica: su socio preferente. En el PSOE late una pulsión histórica enraizada en la cultura socialdemócrata europea desde la revolución espartaquista que consiste en laminar a la izquierda contestataria y no tender puentes con sus aliados de espectro ideológico cuando asoma el fantasma del fascismo. Utilizarlo de espantajo como instrumento con el que dilapidar cualquier adversario dentro de la izquierda. Es la conocida como táctica Friedrich Ebert y Pedro Sánchez la está empleando de nuevo. En vez de tender puentes, tirar a tus aliados por ellos. Rosa Luxemburgo cayendo al Spree arrojada por los Freikorps daría contada cuenta de esta estratagema socialdemócrata de nudo corredizo.

En la conformación del pensamiento socialista el SPD alemán es el paradigma de la traición de la socialdemocracia a la clase trabajadora. La formación socialdemócrata alemana era el más importante ejemplo para resto de partidos marxistas europeos durante la pervivencia de la II Internacional, con un líder imponente como Karl Kautsky considerado referencia ideológica del socialismo, en ocasiones por encima del mismo Lenin, cuando Kautsky era punta de lanza del acoso y derribo hacia los postulados del revisionista Eduard Bernstein. El SPD era un impresionante partido de masas que dominaba el Reichstag alemán, con un importante poder de propaganda y un tejido social apabullante. Dominaba Alemania aun permaneciendo en un estado imperial con el Kaiser Guillermo II como líder antidemocrático que jamás les permitió formar gobierno. Pero fue también el SPD el causante de la ruptura del internacionalismo y los postulados de la Internacional Socialista con una decisión que marcaría para siempre el final de la unidad de acción internacionalista en favor del reformismo y la apuesta por los Estados nación.

El 1 de agosto de 1914 Alemania declaró la guerra a Rusia. El SPD, acorde a los postulados de la Internacional Socialista, tendría que haberse opuesto a la confrontación imperialista en aras del internacionalismo, pero no solo no lo hizo sino que el 4 de agosto de 1914 votaron en el Reichstag a favor de los créditos de guerra. El chauvinismo prendió. La traición se había consumado. Y fue solo el principio de una larga serie de sucesos equiparables. La estrecha vinculación del PSOE a esa tradición histórica está directamente unida al caso alemán, es un heredero directo de sus prácticas. Para eso se creó. Porque el PSOE actual no es un partido centenario, eso es propaganda de Ferraz repetida como papagayos por sus militantes sin pensamiento crítico. Nació con Felipe González auspiciado por Helmud Schmidt, líder del SPD alemán, y la Fundación Friedrich Ebert entre 1975 y 1982. Otra vez Friedrich Ebert, aunque ahora solo en espíritu. La estrategia de la socialdemocracia alemana consistía en dar soporte, apoyo, orientación, formación y financiación a los partidos socialistas en Portugal y España que contrarrestaran la pujanza que en aquel momento existía del Partido Comunista en dos países que salían de una dictadura. El objetivo fundamental era tumbar la posibilidad de que los comunistas fueran el actor principal de la izquierda en los países del sur de Europa. Todo comenzó en Suresnes, en 1974, una historia ya conocida donde surgió el PSOE actual renegando de cualquier apelación al marxismo y vinculando el futuro de España al servilismo burgués.

Sirva este mínimo recorrido histórico para comprender que la desconfianza ante la socialdemocracia surgida tras Suresnes está en el corpus ideológico de la izquierda española. Extraña poco a los que conocemos el proceder del socioliberalismo de Ferraz que Pablo Iglesias exija las máximas garantías para dar su apoyo. Unidas Podemos cree que una coalición en una posición de subalternidad le daría esas garantías. Siempre está bien mantener la inocencia. Me resulta hasta tierno. Porque precisamente el conocimiento extenso del proceder socialdemócrata deja en evidencia que no importa qué garantías se otorguen para que la traición se vea consumada. Abandonad toda esperanza, lo harán. En un gobierno de coalición o solo con un programa. Lo harán. Así que la única manera de evitar acabar en el río es separarse lo más posible de sus garras e ir sacando lo más posible de tus votos.

La táctica Friedrich Ebert suele tener unos réditos inmediatos bastante aceptables, Pedro. Lo comprendo. Eliminar de un plumazo a adversarios de la talla de Rosa Luxemburgo y Karl Liebneckt no es poca cosa. Pero existe un problema añadido que la socialdemocracia no suele considerar en estas estrategias a corto plazo de mantenimiento del statu quo. Algo de lo que podría dar testimonio Gustav Noske, el ministro de Defensa del gobierno de Ebert y eminente miembro del partido socialdemócrata encargado de recurrir a los Freikorps para reprimir a los comunistas en 1918. Acabó en el campo de concentración de Ravensbrück. Porque las cuentas, de la lechera o del CIS, pueden escribirse torcidas. Y los que vengan después, porque pueden llegar, no van a tener en consideración los denostados esfuerzos socialdemócratas para contentar a la CEOE tirando a Pablo Iglesias al río Spree.