Llevamos todo el año conjugando en subjuntivo. El tiempo verbal de los deseos, de la fantasía y los ojalá nos han acompañado para trazar nuestros planes, templar nuestros miedos y calmar nuestras angustias. Después de este tiempo de congoja y supervivencia el próximo domingo comienza la vacunación y nos dará algo de certidumbre para que el subjuntivo solo sea un recurso literario y el 2021 sea el año de conjugar en presente todo aquello que habíamos aparcado con un nebulosa incierta. El año próximo será el de los ojalás cumplido.

Es Nochebuena, no importa si eres católico porque los que no lo somos también vivimos esta noche como un encuentro familiar, de abrazos y alegría. De compartir con quienes sí lo son y ceder para hacerles felices, porque los quieres. Reunirse con la familia se ha convertido en un premio en un año de separaciones forzosas y muchos no podrán hacerlo. Hoy no habrá reproches para quienes no han actuado como es debido para hacerlo posible. Pero solo hoy, porque estamos labrando nuestro futuro en subjuntivo, pero habrá un tiempo cierto en el que mirar atrás y recordar a los que pusieron piedras en el camino.

Los abrazos perdidos y las sonrisas con los ojos se han convertido en una inversión en años con los nuestros. Habrá quien incluso haciendo todo lo que la ciencia les ha pedido no habrán podido evitar el zarpazo de la ausencia. Pero su compromiso y responsabilidad habrán salvado al ser querido de alguno de sus vecinos, y estoy seguro de que para quien tiene en valor el compromiso cívico ese será un pequeño consuelo. Nimio, quizás, pero mitigará el dolor. La buena gente siente así, tan bonito.

Es para esa gente buena a la que va dirigido mi ojalá. El domingo empieza el camino hasta vuestra sonrisa libre y diáfana antes de amarrar a vuestra gente con los brazos hasta haceros uno. A reír con alborozo frente a una mesa sin barreras de papel en la boca. A viajar y tocar. A amar y acariciar. A dejar vuestras mejillas sonrojadas al contacto con una mano ajada por los años. Ojalá el año próximo.

Este será un texto breve, una mixtura de pesar y esperanza. Por los días fríos y raros que hemos pasado, y los que aún quedan por transitar. Por los meses en el que las hipótesis de futuro eran lo más cercano a una vida que hemos tenido, y por recuperar la vida que teníamos en ese febrero frío y anodino que ahora nos suena más que nunca a fiesta y carnaval. Pero ha cambiado algo, tenemos un horizonte de certeza. Hoy quizás no puedas ver a tu abuelo, pero el domingo vacunan al abuelo de otro en Guadalajara para que este verano puedas, por fin, abrazar al tuyo. Ojalá.