Es posible conectar a Alberto Garzón con Froilán a través de las heces y el orín de los cerdos. España antes era un país que se podía recorrer por las copas de los arboles de norte a sur, pero que ahora podría recorrerse uniendo en fila a los cerdos engordados en macrogranjas de la potencial familia política del sobrino de Felipe VI. Este girito republicano no lo vieron venir, lo sé. La novia de Froilán, o la amiga especial, que en las cosas de la corona se lleva mucho esa denominación, se llama Mar Torres-Fontes Fuertes, un nombre que puede que no les diga nada, pero es la nieta de Tomás Fuertes Fernández, fundador de embutidos El Pozo y uno de los hombres más ricos de España. Su corporación, que ahora dirige el tío de la novia del sobrino del rey, tiene una filial que se llama CEFUSA y posee en España 651.000 cerdos en macrogranjas. El poder y la influencia de la industria cárnica en España es de tal dimensiones que alcanza hasta la Casa Real y ayuda a comprender la última polémica inventada.

La historia de un bulo puede tener muchas ramificaciones, la de Alberto Garzón atacando la ganadería española se conecta con las elecciones en Castilla y León. La falta de comprensión lectora del inglés en España y el nefasto trabajo periodístico realizado, que en navidades necesita polémicas para no saturar con las cabalgatas y la pandemia, han hecho el resto. Las declaraciones del ministro de Consumo son impecables porque dicen la verdad, y quien no quiera asumirla se sitúa en el negacionismo científico que quiere obviar la influencia de las macrogranjas en la contaminación ambiental, la crisis climática y la posibilidad de ser factor de nuevas pandemias, sin contar, además, con que la calidad de su carne es inferior. Son hechos y negarlos y promover información falsa es lo contrario a lo que debe aspirar el periodismo.

La pandemia es una broma con lo que ya se está produciendo de manera silenciosa en los hospitales cada día y nos devolverá a una edad oscura ya olvidada gracias a la hipermedicación de los animales en las grandes explotaciones cárnicas. En muchos países del mundo se medica a los animales con antibióticos cuando ni siquiera están enfermos promoviendo la resistencia de las bacterias. En el año 2016 el 80% de los antibióticos usados en EEUU se usaron para la alimentación animal, lo que supone 300mg de antibióticos por cada kilo de carne. Las bacterias resistentes de esos animales contaminan el ambiente y las aguas en sus purines y a los consumidores en la carne. La resistencia bacteriana devolverá a la medicina al siglo XIX y hará que no pueda ser tratada una simple infección infantil por un raspón en la rodilla. Del parque al cementerio. A eso nos enfrentamos y dos de los principales causantes son la existencia de las macrogranjas y el engorde sin control de los animales.

Los ridículos han sido de difícil calificación. El diputado extremeño del PP Víctor Píriz se quejaba de que Garzón hubiera atacado a la ganadería extremeña cuando en Extremadura la predominante es la agricultura extensiva, que es precisamente la que defendió el ministro en 'The Guardian'. La Unión de Pequeños Agricultores tendría que estar contenta y de acuerdo con las declaraciones del ministro, porque ellos llevan pidiendo de manera sistemática el fin de la agricultura intensiva, de hecho el paso mes de abril se congratulaban del que el gobierno tuviera como prioridad el final de las macrogranjas. Pero contra todo pronóstico aparecieron pidiendo la dimisión de Alberto Garzón por ser sensible a lo que piden y exigen. El nivel de cazurrismo alcanzó al PSOE, que con Lambán a la cabeza pidió la dimisión por promover lo mismo que su gobierno en una ley del pasado julio. Aragón es una de las regiones más contaminadas por las macrogranjas, se estima que el 30% del territorio está contaminado por purines.

Si alguien manipula una entrevista en una semana para sacar rédito político en precampaña electoral la labor de los periodistas tendría que ser poner frente al espejo al que intenta manipular a la opinión pública y no engrandecerla para acabar enredando un ovillo acusando a un ministro de haber dicho lo contrario a lo que dijo. Hace unos días las redes buscaban interpretar a quién parodiaba la película No mires arriba, no hace falta buscar demasiado, tienen sobrados ejemplos con el affaire Garzón de negacionistas de todo cuño mirando a otro lado cuando la ciencia habla.