La geopolítica ha querido que Dubai se convierta en protagonista involuntario del ataque imperialista de EEUU e Israel a Irán que ha acabado con la vida del ayatolá Jamenei y se ha llevado por el camino a más de 100 niñas por el bien del mundo libre. Algo falla en la conciencia de quienes celebraban el nuevo ataque imperialista cuando se han tenido que inventar que esa masacre infantil era un bulo con imágenes de Kabul. Es lo mismo que hicieron con el ataque al Hospital Al Shifa en Gaza. Primero dicen que fue un bulo, mañana daño colateral, pasado serán una funesta estadística y una semana después estarán reconociendo la masacre culpando a la víctima. Lo que siempre permanecerá es su cinismo amoral.

La imagen de un dron haciendo arder el hotel Burj Al Arab representa el simbolismo de los que combaten con ansias imperialistas. Dubai es una performance en tiempo real de lo que la junta de defensa planea hacer en Gaza con el resort de Trump. Al mismo tiempo, un personaje que dice llamarse Capitan Bitcoin, y que funciona en redes como un trol de extrema derecha, aparece en un vídeo señalando un misil camino de Dubai mientras anuncia un evento de inversión diciendo que las turbulencias geopolíticas son una oportunidad para ganar dinero con el oro. Es la degeneración del capitalismo en su máximo esplendor. La decadencia del modo de pensar hegemónico que lideró EEUU. Se puede oler la putrefacción en directo.

Drones para Dubai podría ser título de una crónica del nuevo tiempo. El corolario del final decadente del imperialismo americano que en sus estertores hace más daño del que jamás en su historia causó. Lo que estamos viviendo es el final de la preeminencia de EEUU como país más poderoso del planeta mientras en su intento pataleante por aguantar la pujanza china nos lleva al resto a una tragedia de incierto futuro. En ese camino al desastre nos llevaremos imágenes de profundidad poética entre tanta barbarie.

El lujo extremo no está a salvo en un mundo en llamas. Esta visión simbólica de la actualidad al ver arder el único hotel de siete estrellas del mundo nos permite desentrañar los discursos políticos con equivalencias de moralidad. La paradoja de la suerte ha querido que podamos comparar la preocupación sincera de los derechos humanos por parte de quienes defienden la intervención en Irán para proteger a las minorías vulnerables desde áticos de lujo en Emiratos Árabes Unidos. El azar, pero también las pocas luces de algunos, han conseguido que Guido Crosetto, ministro de defensa de Italia, y reconocido fascista, y una pija de Master Chef, se queden encerrados en Dubai por el cierre del espacio aéreo representando varias caras del mensaje que posibilita este mundo envilecido.

Todos aquellos que viven en Emiratos Árabes Unidos de manera voluntaria por sus exenciones fiscales- allí no se paga el impuesto sobre la renta- demuestran lo que les importan los derechos humanos cuando se van ejerciendo la libre elección que nos damos en las democracias liberales a un país donde rige la sharia y la homosexualidad está penada con cárcel de más de 15 años. Las mujeres y los homosexuales iraníes siempre les han importado una mierda, lo único que buscan es un país donde no pagar impuestos, tener esclavos y luces led en bañeras cutres. No importa si es Dubai o Teherán. Si los ayatolás les permitieran vivir en su país con impuestos al 0% y pudieran pasear sus Lamborghinis cutres por las calles alentarían la represión contra las protestas y culparían a las mujeres de perturbar su bienestar con la gilipollez de no llevar pañuelo.

Sin bienestar ni seguridad no hay exenciones fiscales que protejan el negocio. El modelo de Emiratos Árabes Unidos es importar personas insolidarias del resto del mundo que huyan de los impuestos de sus países para quedarse con los recursos que todos hemos generado en los países de origen de esos expatriados premium. Pero los jeques que aplican la sharia se olvidan que quien traiciona su país siempre serón las primeras en salir corriendo de un país extraño cuando las cosas se ponen jodidas, eso sí, cuando se abra el espacio aéreo. A ver cómo mantienen los jeques el chiringuito solo con los esclavos de Bangladesh.

Todos aquellos que se fueron de sus países buscando eludir el pago de impuestos pueden pedir a unos mafiosos que les saquen por el desierto pagándole con criptomonedas en vez de pedir a las embajadas de sus países de origen que pongan en peligro a una sola persona que no eligió el riesgo de irse a vivir a 500 kilómetros de un polvorín en conflicto. Quienes se fueron de forma libre a vivir a Dubai tendrían que conocer cuáles eran los riesgos, los pros y los contras, y ahora apechugar con esa decisión en aras de esa concepción anarcolibertario de un mundo sin impuestos donde todos se deben salvar de forma individual recurriendo a sus propios recursos. Al menos están en Dubai por su libre albedrío, ya es mucho más de lo que pueden decir las niñas asesinados en una escuela por el ataque imperialista.