Los incendios han provocado que Ayuso tenga un nuevo 'book' de fotos fingiendo dolor y preocupación con el que sepultar su responsabilidad. Donde todos vemos una tragedia ella ve una oportunidad para hacer lo único que sabe; posar con su outfit de dolorosa haciendo poses de afligida para que sus medios de propaganda lo difundan y hagan grandes hagiografías pagadas con dinero de los impuestos de los madrileños que van destinados a comprar voluntades cuando podían pagar salarios de bomberos forestales. Hay más dinero de los presupuestos madrileños destinados a pagar a pseudomedios turbofachas que a apagar incendios. Hay que exprimir esa inversión cuando la novia del comisionista lo tiene jodido.
La estrategia se repite. Pobre mujer apesadumbrada, ¡Cómo sufre la presidenta! Una rueda de prensa llorando cuando habla del Valle del Tiétar y todos corriendo a difundir lo buena que es la lideresa que tanto sufre por sus vasallos. Es verdad que ese dolor se le olvida cuando tiene que poner pasta para los servicios públicos que eviten el drama, pero se trata de activar la emoción, la razón es para los marxistas. Muchos ciudadanos madrileños habrán perdido todo lo que tienen, sus recuerdos, su patrimonio y toda su vida, pero la víctima es Ayuso a pesar de ser la máxima responsable que hay en Madrid para evitar que haya incendios y apagarlos cuando se produzcan. La pobre Ayuso ha tenido que irse a recoger los shorts que hagan conjunto con el chalequito de emergencias personalizado y algunas sandalias que tiene en su casa de veraneo en Sotillo de la Adrada. Pobre presi desamparada, los medios comprados por Miguel Ángel Rodríguez siempre dispuestos a pintar a la 'Quironesa' como una dolorosa martirizada y apaleada.
El victimario se convierte en víctima con asiduidad y en eso Isabel Díaz Ayuso es la máxima especialista ayudada por toda esa prensa que vive de la teta pública. Según la propia presidenta en su lacrimógena rueda de prensa hay 40 familias que han perdido sus casas y más de 300 han visto como han sufrido daños de diversa índole en las primeras estimaciones. Pero la víctima es ella, es ella la llorosa, es ella la que tiene que recoger las bragas de su casa por si se le queman, y no se le han quemado. Su política es siempre la de hacerse la víctima y salir quejumbrosa y lastimera para convertir en alguien desalmado a quien considera que sus lágrimas son una pose. Finge lágrimas para evitarse la crítica. No cuela. Nadie con un poco de respeto por sí mismo cree que esa emoción es real. Le importan una mierda los madrileños.
En nuestras sociedades, la víctima es el valor político máximo porque te hace intocable. Siempre que puedo para hablar de la presidenta de la Comunidad de Madrid hablo del ensayo, breve pero certero, de Daniel Giglioli sobre la crítica de la víctima que despedaza con acierto a los líderes políticos que, como Ayuso, se envuelven en ese papel para inmunizarse con sus lloros ante la asunción de responsabilidades. Es imposible leer ese libro y no estar pensando todo el tiempo en cómo con el nivel de charca intelectual que tiene la máxima responsable de Madrid le habría sido imposible sobrevivir políticamente sin estar todo el tiempo victimizándose y arropándose en su corte de siervos mediáticos para transmitir esa imagen de quejica sensiblera.
Ayuso, la que tiene que como lema que a la política se viene llorado de casa, no hace más que llorar cada vez que su penosa gestión cuesta vidas, patrimonios y dolor a los madrileños. No llora porque no siente de verdad lo que hace, solo usa las lágrimas como parapeto cuando tiene un problema político de primera dimensión. Si su gestión acaba con la vida de 7291 ancianos en las residencias pues se hace una foto en la Almudena llorando y con el rímel corriéndose para que los siervos de El Mundo lo lleven a portada. Si hay un incendio y no ha dotado de medios suficientes para afrontarlo y tiene que pedir a Pedro Sánchez que salve a los madrileños pues hacemos una rueda de prensa donde se priva un poco y entrecorta su discurso inconexo de siempre bajando la mirada con pesadumbre para que todos vean lo afectada que está y que ella no tiene culpa de nada.
Hay un patrón documentado, cuando Ayuso es responsable y competente sobre algún drama, tragedia o muerte, se pondrá a llorar para convertirse en víctima trucha por encima de las víctimas que sí provoca su gestión. "No empiecen con guerras, la gente no se lo merece". Es lo que dice como plañidera cuando ella es la responsable de la tragedia.



