No es que lo hagamos a posta, pero es cierto que, a veces, sin saber muy bien cómo, nos complicamos la vida más de la cuenta. Sobre todo cuando tenemos un mal día y tenemos que tomar decisiones... Pero no, nosotros no tenemos la culpa, o al menos no del todo.

En muchos casos, la culpa o el responsable es el llamado efecto halo del que debemos de huir siempre, más aún en esos días en que todo nos sale mal y parece que estamos cabreados hasta con nuestra sombra. Cuando "en días de autodestrucción, no hay perro que me ladre", que cantaría Leiva.

Tal como explica el psicólogo Tomás Navarro en su último libro 'Piensa bonito. 8 errores que debes evitar para liberar tu mente y lograr la vida que deseas' (Zenith), el efecto halo es la preferencia por elegir estímulos en consonancia con nuestro estado emocional, con el estado de ánimo que tenemos en ese momento.

"Y no es que todo el mundo se ponga de acuerdo y diga 'vamos a fastidiar a Tomás', sino que lo que ocurre es que yo tengo una preferencia por estímulos negativos, por aquello que ya ha ido mal", explica Navarro, en entrevista a laSexta.com. Nuestra percepción de las cosas está sesgada, sesgada por lo que sentimos en ese momento y no por lo que es real.

Además, también ocurre que "como tengo un humor de perros, la emoción suele estar muy elevada y por ello, la parte cognitiva funciona peor y es más fácil cometer (más) fallos: que rayemos el coche, que nos tropecemos, que se nos caiga el café encima, que se nos borre un archivo, etc. y esa emoción negativa va a ir creciendo... Podríamos, salvando las distancias, compararlo con aquella mítica película de los 90, 'Un día de furia' de Michael Douglas", explica el experto. Por ello, es muy mala idea tomar decisiones cuando tenemos un mal día, más aún si son importante e irrevocables, porque puede que nos estemos guiando por este efecto halo.

El efecto halo es la preferencia por elegir estímulos en consonancia con nuestro estado emocional, con el estado de ánimo que tenemos en ese momento. Así, cuando tenemos un mal día, lo vemos todo igual que cómo nos sentimos

El efecto halo

De forma general, el efecto halo es un concepto más amplio. Es realmente un sesgo cognitivo que ocurre cuando juzgamos a una persona y opinamos sobre alguna cosa en base a un único atributo, sea negativo o positivo, y no vemos más allá. Cuando generalizamos. Podríamos decir así, que el efecto halo nos hace tener opiniones sesgadas y no reales. Nos quita o nos resta un sin fin de posibilidades.

En el aspecto que nos ocupa, en la toma de decisiones, dejarse llevar por ese efecto halo cuando tenemos un mal día, asegura Navarro, "puede ser muy peligrosos, porque no percibimos la realidad como es sino tal como está mi humor, y puedo tomar decisiones de las que seguramente, después me arrepienta. Con el efecto halo eliminas muchas opciones validas y sólo dejas aquellas opciones que están en consonancia con tu estado de ánimo en ese momento. Y si algunas de las consecuencias de las decisiones que tomas son irreversibles, la habrás fastidiado".

Por ello la pregunta que nos hacemos ahora es: ¿Cómo parar? ¿Cómo decir 'no' cuando tengo un mal día y saber que debo postergar mis decisiones para otro momento? ¿Y si esas decisiones son demasiado urgentes y no puedo retrasarlas?

Saber parar y postergar las decisiones

No es fácil a veces, por el ritmo tan frenético que llevamos, saber que estamos mal, que no estamos como siempre. Así es importante, aconseja Navarro, que, por un lado, alguien de tu confianza te diga: 'Oye, que hoy no estás bien', que debes descansar o que es mejor que hoy no hagas cosas importantes.

Por otro lado, hay ciertos indicadores que nos dicen que algo no va como siempre. Por ejemplo, cuando nos descubrimos abriendo el cajón de chocolate, cuando todo, absolutamente todo nos molesta, cuando no tenemos ganas de ver a esa persona que es encantadora y siempre tenemos ganas de estar con ella...

En días malos, es importante que alguien de tu confianza te diga: 'Oye, hoy no estás bien', quizá debes descansar. Hay que saber parar y postergar las decisiones

Tomás Navarro, psicólogo

Cuando tengo que tomar decisiones importantes, en estos días malos, mejor parar. Pero ¿cómo? Para ello, podemos echar mano de dos estrategias.

La primera de ellas, comenta Navarro, es saber detectar que tengo un día malo y parar, decir "no, hoy no toca". Que mejor aplazo la decisión que tengo que tomar para mañana, pasado o para cuando sea. Porque realmente "nunca hay tantas urgencias como parece. A veces hacemos cosas rápidas para acabar rápido y luego nos pasamos mil horas haciendo ‘scroll’ con el Instagram".

Y la segunda es la de tener las cosas planificadas cuando estemos bien. Es decir, en los días en los que estoy bien, elaborar un plan para cuando surjan imprevistos. "Es clave tener las cosas planificadas cuando uno está bien. Porque sé que cuando esté mal, voy a tomar seguro malas decisiones", aconseja el psicólogo.

Hay veces que cuando estamos bien, hacemos mil cosas, entre ellas por ejemplo, planificar la semana o coger el teléfono y hablar con personas con las que tenemos pendiente una conversación, sea personal o sea por trabajo. Así, también podemos planificar decisiones de asuntos que sabemos que pueden surgir en momento dado (por ejemplo, en el trabajo) y echar mano de estas decisiones en esos días en que todo se tuerce y lo vemos todo nublado.

Porque realmente "la prioridad que debemos tener, es la de tener una vida bonita. Y esa vida bonita no tiene que ver con unicornios ni cuentos de hadas; sino que dentro de la adversidad, intentemos no complicarnos tanto la existencia, que tomemos decisiones que nos faciliten la vida y no que nos la compliquen", finaliza Navarro.