A Ribeira Sacra no se lo han puesto difícil para destacar, de ahí que sus esfuerzos tengan aún más valor y que las iniciativas que están haciendo para dar a conocer este rincón entre Lugo y Orense nos obliguen a quitarnos el sombrero. Competir con el mismísimo Camino de Santiago o los archiconocidos Albariños tiene su aquel, pero pisar sus viñedos, junto a los bosques y ríos de estos parajes desconocidos para el turismo de masas, es toda una experiencia. Los ríos Miño y Sil enmarcan un paisaje en el que las laderas están cubiertas de viñedo en bancales. Pertenecen a una veintena de municipios cuyas iglesias y monasterios salpican el paisaje de tal modo que no se pudo bautizar de otro modo a la comarca. Son cepas que crecen a un paso de bosques autóctonos, principalmente de castaños y robles, y cuyos caminos permiten descubrir puentes, torres y fortalezas de piedra. Ribeira Sacra no es una zona vitivinícola de nueva planta. Primero fueron los romanos quienes llevaron hasta aquí la producción, aunque la especialización llegó algo más tarde, en la Edad Media, gracias al impulso de diferentes monasterios. Sin embargo, es en los últimos años cuando se ha 'profesionalizado', con un Consello Regulador que se extiende por 1.200 hectáreas de viñedo del que se obtienen 7.000.000 de kilos de uvas. Ahora en otoño, con los bosques tornándose en amarillos, ocres, naranjas, rojos... el paisaje es aún más espectacular. Monforte de Lemos es el mejor lugar desde el que iniciar diferentes rutas, todas naturales y cuajadas de paisajes increíbles. El cañón del Sil, Castro Cardelas, la plaza del Mercado en Chantada... No faltan rincones por descubrir... ni platos. La ternera gallega aquí es ambrosía, así como los dulces realizados con la mejor leche. Escaparse a Galicia siempre es un placer, pero si existe la posibilidad de hacerlo a una comarca con tanto por descubrir, mucho más. Ribeira Sacra nos espera este otoño.