Cuando a una gallega le piden que hable de Galicia –irremediablemente- se le llena la boca y la pluma de infinidad de recovecos y bonituras de su tierra. Y también, sin poder evitarlo, le invade a una esa nostalgia de la que hablaba Juan Pardo en sus letras. Será que aquellos lares aún guardan el encanto celta de antaño, ese que deja al gallego prendado por siempre de su patria y de sus gentes. Dicho lo cual, hoy ponemos rumbo al norte, en concreto a su vertiente más suroeste, tendida majestuosa frente el Atlántico: las Rías Baixas. Para conocerlas de cerca, y porque Galicia es un destino para recorrer y no sólo para ver, alquilaremos un coche (o una moto, cuestión de gustos). Ya preparados, arrancamos este “enxebre” road trip en la Ría de Muros y Noia, la más norteña de las que dan forma a estos particulares fiordos a la gallega. Muros, Outes, Noia, Porto do Son y Lousame son los ayuntamientos que dan forma a este inicio del itinerario. Nuestra primera parada será Muros, una villa pesquera donde la arquitectura señorial se entremezcla con la popular, haciendo que las antiguas casas de pescadores convivan armoniosamente con palacetes góticos. Desde sus primeros años, la localidad ha estado ligada al marisco y a la salazón de sardina y arenque, lo que hizo de Muros uno de los puertos más destacados de la comunidad. No podemos dejar este pueblo sin antes perdernos por sus estrechas y serpenteantes callejuelas y, por supuesto, disfrutar de su zona de vinos, próxima al puerto, y de la ajetreada plaza de la Peixería Vella. En la misma entrada de la ciudad se encuentra el conocido como molino de Mareas do Pozo do Cachón, de comienzos del XIX, que aprovechaba en sus tiempos la energía de los flujos de las mareas, de ahí la peculiaridad de este molino, que hoy es uno de los más grandes de España. En las proximidades se halla Noia, fundada -según cuentan las leyendas locales- por una nieta de Jafet, hijo de Noé. Esta localidad, denominada por muchos “la pequeña Compostela”, cuenta con un bonito casco histórico, del que destacan sus casas blasonadas, su multitud de iglesias y capillas y sus edificios civiles de aires góticos, que reconoceréis por la elegancia de sus arcos soportales. Algunas de las construcciones más relevantes son la Casa da Xouba, el Pazo Dacosta, el Pazo da Rúa do Forno do Rato, la Fortaleza do Tapal, sus casas marineras del XVIII o la iglesia de Santa María A Nova, entre otras. Antes de poner rumbo hacia el sur, levantamos la vista para cruzarnos con el Monte Louro, una regia mole de piedra que parece brotar de las aguas para proteger su costa. Allí, en su parte baja, se mezclan una laguna, hermosas playas de arena blanca -o Ancoradoiro, San Francisco o As Furnas- y protectores faros marineros. Ya en la Ría de Arosa, donde se ubican localidades como A Pobra do Caramiñal, Catoira, la Isla de Arosa, Cambados, O Grove o Sanxenxo entre otras, se hallan infinidad de playas e islas dignas de ser visitadas y, sobre todo, disfrutadas por el viajero. En esta zona de las Rías Baixas el cordón de islas atlánticas se sucede, formando una estampa única en la que toman partido ínsulas como Sálvora, Cortegada, Arosa o la Toja, conocida por sus prestigiosos balnearios y hoteles. Nuestra siguiente parada será Corrubedo y su impresionante parque natural, en el que se hallan una gran duna móvil de más de un kilómetro de largo, una magnífica y alargada playa de aguas bravas y dos lagunas, una de agua dulce, la otra de agua salada. Siguiendo el serpenteante e intenso litoral gallego, alcanzaremos Villagarcía de Arosa y su isla, así como las playas de Area Secada y Camaxe, donde hacer un alto en el camino bajo el sol. En la ría más extensa de la comarca se sitúa la capital del Albariño, Cambados. Nos encontramos en la cuna de la prestigiosa D.O. Rías Baixas, donde podemos visitar el museo Etnográfico y del Vino así como el de las Rutas del Vino. Recorreremos también la plaza de Fefiñáns en la que se erige el pazo de Figueroa y la iglesia neoclásica de San Benito. Paseando por la villa descubriremos en seguida por qué nos topamos en una tierra de abolengo catalogada como conjunto histórico-artístico, puesto que no es difícil tropezar con construcciones dignas de admirar, como el pazo barroco de Montesacro, las ruinas de la torre medieval de San Sadurniño –situada en una isleta- o el espectacular Pazo de Ulloa. A continuación nos espera la Ría de Pontevedra y Combarro, un pequeño pueblo de pescadores repleto de bellos hórreos de piedra situados al borde del agua, cruceros tallados por maestros canteros y pequeñas embarcaciones locales. Sus casas, situadas a orillas del Atlántico, fueron levantadas sobre una colina de granito y recuerdan a los señoriales pazos con sus solanas y balaustradas. Con la brisa en la cara ponemos rumbo hacia Pontevedra, la capital de las Rías Baixas. Allí nos espera su Virgen Peregrina, resguardada en una particular iglesia con forma de concha de vieira. Pasear por esta ciudad es colarse en la animada vida de sus gentes, sentarse en sus plazas, relajarse en sus jardines, pasear por las riberas del Lérez. La última etapa de nuestro road trip llega en la denominada Ría de Vigo, la última pieza de este puzle zigzagueante donde el verde y el azul se funden constantemente, para alegría de la vista. De obligada visita son las Islas Cíes donde se sitúa la que para muchos es una de las mejores playas del mundo, Rodas y sus aguas cristalinas. Los amantes del surf probablemente quieran probar las olas de la fantástica playa de Patos en Nigrán, antes de seguir hasta Bayona, el primer puerto de Europa en recibir la noticia del descubrimiento de América, hoy convertido en un popular enclave vacacional de aires distinguidos. Pondremos el broche final a esta ruta por las Rías Baixas gallegas subidos al Monte de Santa Tecla, en La Guardia, donde se ubica un imponente poblado de la cultura castrexa, declarado monumento histórico-artístico nacional a comienzos del siglo pasado. Desde aquí nos despedimos de la Galicia más sinuosa, viendo cómo el Miño –ya cansado de bregar- se zambulle en el océano frente a las costas de Portugal.