El lujo en cuestión de hoteles no es coto privado de las grandes ciudades. De hecho, no es necesario ni encontrarse en una para demostrar que es posible convencer con gusto, dedicación y buen hacer a los más exigentes. Es lo que ocurre en el pequeño pueblo de Xerta, en el interior de la comarca de las Tierras del Ebro, en el sur de la provincia de Tarragona. Allí, a un paso de Tortosa y los Parques Naturales de la zona, se encuentra una casa indiana del siglo XIX que se ha reconvertido en hotel, una casa de huéspedes única que responde al nombre de Villa Retiro.

Y sí, cumple lo que promete su nombre, pues pocos lugares pueden compararse a este hotel en cuanto a tranquilidad y posibilidad de escapada de todo lo que sea sinónimo a estrés, agobios, problemas... Allí el tiempo no se ha detenido, pero sí que nos encontramos en un espacio que bien podría parecernos una burbuja, pues no hay hueco para nada que no sea relajación. La casa, colonial, es de una gran belleza, construida en 1860 como casa familiar de unos antiguos emigrantes que hicieron fortuna en América. Allí la levantaron para un retiro de vejez y no se podían imaginar que, más de 150 años después, sería todo un deseo de descanso.

Y todo gracias a Fran López, un joven chef catalán que ha sabido crear allí un gran proyecto que cuida tanto de lo gastronómico como del descanso más exquisito; y siempre con el mayor de los lujos cercanos, sin barroquismos pero sin escatimar en comodidades ni servicio. Es por ello por lo que ha mantenido allí la esencia colonial de la casa, tanto en las cinco habitaciones (desde 120 €/noche) como en las dos suites del complejo (estas últimas, de 110 metros cuadrados). La comodidad y la amplitud son constantes en todas.

En cambio, sí que varía el interiorismo. No hay dos habitaciones iguales, de ahí que los clientes que repiten pueden pedir justo la que les convenció y les enamoró en su siguiente visita. Eso sí, no faltan camas grandes, con gruesos colchones, ni muebles recuperados de maderas nobles. En los baños, griferías inglesas de lujo, al igual que las ropas de cama y los doseles.

Rodeando la finca del hotel, un exótico jardín también nos recuerda al estilo colonial. Mide 3.000 metros cuadrados, tiene caminos, una cascada, frondosa vegetación, árboles tropicales centenarios y, lo mejor, una piscina exterior en la que poder descansar. Esta se encuentra junto a un pequeño spa balneario, que está abierto todo el año (dispone de salas de tratamiento para belleza ye stética, así como de jacuzzi, sauna, hidromasaje...). Por cierto, que la cascada del hotel pertenece a un pequeño riachuelo que transcurre por la finca y sigue su camino hasta el Ebro.

El desayuno del hotel es de los que no se olvidan. Ya solo porque te permiten elegir entre huevos de pato o de gallina del corral de la familia, cocinados al gusto y con lo que tú quieras, merece la pena. Pero a eso hay que añadir todo tipo de delicias, tanto dulces como saladas, y una gran variedad de frutas. Es lógico que se mime todo lo gastronómico, aunque la estrella, claro, es el restaurante Villa Retiro, en un edificio separado del complejo, pero a un paso, junto a un gran árbol Drago que se introduce en el propio recinto, y que tiene una estrella Michelin.

Allí Fran López mima la cocina, cambiando platos del menú cada poco tiempo para que los diferentes menús degustación que ofrece sean siempre una sorpresa. Es por ello que el hotel ofrece estancias que se completan con cenas para dos, pues no hay mejor plan de desconexión y hedonismo. Con experiencia en las cocinas de grandes nombres de la cocina como Ducasse, López dejó hace tiempo de ser una promesa para convertirse en referente de la cocina contemporánea catalana, experto en sacar lo mejor de los alimentos de la zona y combinarlos con garbo con los de ultramar. Sin duda, el mejor plan para un fin de semana de mimarse, a nosotros o a nuestra pareja.

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Hotel Villa Retiro