No todos los rincones de nuestro país puedes presumir de encontrarse entre los más bonitos de España. Sin embargo, no es el caso de Morella. Esta localidad del interior de Castellón, situada en el extremo norte de la provincia, ocupa un lugar privilegiado dentro de la propia Asociación Los Pueblos Más Bonitos de España, la misma que se encarga de destacar aquellos municipios de menor de 15.000 habitantes con un patrimonio arquitectónico y natural excelente.

En este aspecto, Morella no tiene rival. Por ejemplo, gracias a su castillo, una fortaleza llena de historias y leyendas que vio cómo entraba en la ciudad el rey Jaume I para comenzar la Reconquista. Considerada una de las fortalezas más imponentes del Mediteráneo, es una construcción habitada desde el Tercer Milenio antes de Cristo, por la que fueron dejando su impronta íberos, romanos, musulmanes... Sus salones y Patio de Armas sirvió de campo de reposo al Cid, así como lugar de batalla en la Guerra de Sucesión y las Carlistas. Imposible no impregnarse de historia al visitar sus muros, su interior en perfectas condiciones, y ante el panorama único, con el pueblo a los pies.

Allí, en el casco histórico del centro, se encuentra una de las mejores muestras de arte sacro de la Comunidad Valenciana. Se trata de la Iglesia Arcipestral de Santa María La Mayor, uno de los templos góticos más bellos del Mediterráneo y que reúne en una misma fachada dos puertas de gran interés: la de Los Apóstoles y la de Las Vírgenes. En su interior destacan elementos como la escalera de caracol que da acceso al coro, en estudo de yeso policromado, así como el altar mayor de estilo churrigueresco, los rosetones de vidrieras originales del siglo XIV o el órgano de 1719. Claro que esta pieza maestra de la Escuela Aragonesa, cuando más destaca en los Festivales Internacionales de Música de Órgano que tienen lugar en agosto.

Segovia no es la única ciudad española con un acueducto en buenas condiciones. El de Morella, también. Es más moderno que el castellano, pues fue construido en 1318, en un estilo gótico que se mantiene presente. Se conservan dos tramos de la obra hidráulica, que permite ver cómo era el abastecimiento de agua al pueblo en la época medieval.

Desde allí se ven las murallas medievales. Rodean todo el pueblo y sus orígenes son anteriores a la que está levantada, que es del siglo XIV, con aspilleras del siglo XVIII. En total, dos kilómetros de muralla, franqueada por siete puertas y 10 torres, algunas de las cuales han sido reconvertidas en museos. Los muros tienen entre 10 y1 5 metros de altura, con espesor de dos metros, y es el castillo el que corona la misma.

En el centro de Morella no faltan hermosos palacios y casas solariegas como la Casa Piquer o la Casa del Consejo y los Estudios, ambas del siglo XVI. Llama la atención la  Casa Rovira, de un siglo más tarde a las anteriores, donde, según cuenta la tradición, San Vicente Ferrer obró el milagro de resucitar a un niño que su madre había ofrecido al santo como sacrificio.

No todo es arquitectura. En el pueblo se sigue tejiendo la famosa manta morellana, confeccionada en lana desde el siglo XIII. Era uno de los centros textiles más importantes del oriente peninsular, y desde siempre se ha diseñado con franjas horizontales de vivos colores. Hoy se pueden comprar en pequeñas tiendas del pueblo, junto a jerséis y otras piezas de lana.

Y si eres de buen comer, la gastronomía morellana no te será indiferente. Además de un buen queso y una gran cecina, es un lugar de dulces. La mayoría son de origen árabe y medieval, una repostería artesanal en el que destaca el Flaó, una pasta rellena de requesón y almendras. Pero también la cuajada de leche de oveja, los buñuelos con miel o crema, los pasteles de almendras...

Imposible no volver a casa cargados de dulces y, sobre todo, de una gran lección de historia.

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Turismo de Morella