La geografía española está salpicada de pequeñas ermitas. No hay provincia en la que no se encuentren y, casi siempre, con una bonita historia y tradición detrás que las convierten en edificios de gran valor histórico-monumental, cuando no, además, arquitectónico. Las hay para todos los gustos, desde las que reúnen a decenas de personas en peregrinaciones anuales a las que llevan miles. En septiembre, por ejemplo, se celebra en Betancuria (Canarias) la tradicional peregrinación a la pequeña ermita de Malpaso. Vecinos de los pueblos de Vega de Río Palma, Valle de Santa Inés y la propia Betancuria parten desde la Ermita de la Vega a la Ermita de Malpaso compartiendo el peso de una ofrenda floral que se dirige al lugar donde la tradición cuenta que apareció Nuestra Señora de La Peña, patrona de Fuerteventura. El contrapunto sería la ermita de la Virgen del Rocío, en Almonte (Huelva), que cada primavera reúne a miles de fieles en torno a una de las fiestas más populosas de todo el país. Hasta el extremo de que la ermita ya es toda una basílica (la primera, de estilo mudéjar, fue mandada levantar por Alfonso X 'El Sabio' a finales del siglo XIII, y la cita en su 'Libro de la Montería' tras conquistar la tierra a los árabes: "un edificio de diez varas de largo, orientada al sur, con techumbre de madera a dos aguas y compás"). Hoy vamos a recorrer otras cinco ermitas, todas de pequeño tamaño, en cada rincón del país y siempre con una interesante historia. Cada una de ellas merece una escapada, una excursión que permitirá estar en contacto con la Naturaleza y, al mismo tiempo, con parte de nuestra historia. Los paisajes que las rodean merecen, y mucho, la dificultad que, en algunos casos, implica poder entrar en ellas y visitarlas.