Chulilla, una escapada con mucha historia a un paso de Valencia

Bajo los pies de un imponente promontorio, dominado por un castillo árabe, este pueblo con encanto es el punto de partida para conocer el barranco de Falfiguera y sus pinturas rupestres.

Tener la oportunidad de ver pinturas rupestres en pleno paseo por la sierra no es una posibilidad que todo el mundo tenga a mano. Sin embargo, no hace falta irse demasiado lejos para poder experimentarla. Basta con marcharnos a Chulilla, un pequeño pueblo de la comarca valenciana de Los Serranos, a menos de una hora de la capital, y disponernos a hacer una de las rutas más interesantes del senderismo levantino.

Consideradas Patrimonio de la Humanidad, estas muestras de arte rupestre se encuentran en el barranco de Falfiguera, a poca distancia del lecho estacional de un arroyo que desemboca en el Turia. Descubiertas en 1998, los dibujos representan figuras de animales (claramente se identifican cabras y vacas), así como humanos, en diferentes grupos y posturas. Son arqueros, cazadores, momentos de danza... así como barras, puntos y trazos indeterminados. Todo datado entre el 3.500 y el 2.000 a.C., un hallazgo sin igual en el Mediterráneo.

Aunque el acceso al barranco de Falfiguera no es de fácil acceso, un sendero concreto permite poder llegar sin problemas a la zona protegida donde se encuentran las pinturas.

Pero no es lo único por lo que merece la pena escaparse a Chulilla. El pueblo en sí también tiene mucha historia que merece la pena ser recreada por el visitante. Sin duda, lo primero que deja sin aliento es el paisaje, pues se encuentra a los pies de un gran promontorio de piedra y, en éste, destaca un castillo árabe del que se conserva muralla y torreones. La fortaleza cuenta con un recinto señorial con torre, restos de la residencia noble y cuatro aljibes.

En el propio pueblo, además, se puede visitar la iglesia de la Virgen de los Ángeles, construida sobre una antigua mezquita, o la ermita de Santa Bárbara, con bóveda de crucería, pilastras y un estilo originariamente gótico.

Además del de Falfiguera, también es posible caminar hacia el cañón de Las Hoces del Turia, de seis kilómetros de largo, considerado uno de los parajes más bellos de la Comunidad Valenciana, muy popular sobre todo para los escaladores. De hecho, dentro de las rutas de senderismo no faltan las indicadas precisamente para practicar la escalada, así como otras para bicicleta de montaña.

El río Turia será testigo de buena parte de nuestras aventuras. Las mismas que durante años dieron fama por sus propiedades curativas a Chulilla, que incluso contó con un hotel-balneario hasta hace unos años. Afecciones reumáticas y respiratorias eran las que traían hasta aquí a muchas personas que buscaban sanar bebiendo sus aguas.

No será por falta de fuentes, ya que en los alrededores del pueblo hay más de una decena, además de la del balneario en sí. Algunas sólo surgen en función de la lluvia, pero todas permiten refrescarse con una importante carga de minerales. La Rinconá, la de Terrosa o La Maza son algunas de ellas.

Salir temprano de Valencia y pasar el día en Chulilla es todo un plan que obliga a dos cosas: una, llevar siempre consigo una cámara de fotos para no lamentarnos de no poder atrapar con ella cada rincón de ese paisaje espectacular. La segunda, a llevar botas resistentes, pues caminaremos mucho en busca de esos rincones.


Más información:
Turismo de la Comunidad Valenciana
Turismo de Chulilla

Sergio Cabrera | Madrid
| 21/05/2015

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