EN EL SIGLO XVIII

El error en un convento que dio origen a la crema catalana

La crema catalana es uno de los postres más conocidos de la gastronomía de Cataluña, pero es probable que no conozcas el error que propició su creación.

Crema catalana

Crema catalana iStock

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Aunque considerada por muchos como una evolución de las natillas, cuyo origen se remonta a la Antigua Roma, parece que el postre catalán por excelencia, la crema catalana, tiene unos comienzos bien distintos.

Se cuenta que el origen de la crema catalana tuvo lugar en un convento en Cataluña, en el siglo XVIII. Aquel convento iba a recibir la visita de un obispo, por lo que las monjas quisieron preparar un menú un poco más especial que de costumbre, y pensaron en preparar un flan de postre.

Pero quizá por las prisas, o porque no tenían bien la receta, aquel flan quedó muy líquido y no llegó a cuajar. Así que, con los nervios del momento, intentaron arreglar el postre poniéndole azucar quemada por encima.

El origen del nombre

La leyenda cuenta también que cuando aquel obispo se llevó una cucharada de crema catalana a la boca se quemó con el azúcar, y exclamó en catalán 'crema', que en español significa 'quema', otorgándole ya para siempre el nombre a esta nueva creación.

Tradicionalmente la crema catalana se preparaba para disfrutarla el día de San José, el 19 de marzo, pero hoy en día es un postre que se toma en cualquier época del año.

¿De qué está hecha la crema catalana?

La crema catalana es un postre tradicional elaborado con leche, yemas de huevo, azúcar, maicena, la piel de una naranja o un limón, vainilla y una rama de canela.

Su preparación es muy sencilla. Basta con mezclar el azúcar con la maicena y las yemas. Después hay que poner la leche con la vainilla,la canela y la piel de limón o de naranja, a fuego lento hasta que hierva. Más tarde se añade la leche infusionada hirviendo a la mezcla primera, poco a poco,sin dejar de remover para evitar que cuaje. Se pone entonces a cocer a fuego lento, removiendo con una espátula hasta que empiece a espesar.

Después se reparte en el tradicional bol de barro, se deja enfríar y antes de servir se quema azúcar sobre la superficie. ¡Y a disfrutar!

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